Mujer y madre, entre poesía y prosa

Por: Carlos Alberto Baena López.–

BOGOTA, 11 de mayo_ RAM_ ¡¿Cuántas frases amables y bien logradas pudieran ser pronunciadas?!, no obstante, todas ellas reunidas siempre estarán llamadas a quedarse cortas frente a la preciosa realidad de la mujer en nuestras vidas. Mujer que se alza en medio del hogar, y de la humanidad, con tantos títulos como honores le es posible poseer.

Es madre, es hija, es hermana, es sobrina, es esposa, es amiga, es trabajo, es maestra, es virtud, es amor… y un sin fin de muchas otras facetas, sentimientos y recuerdos que hacen de ella ese ser, valioso como ninguno, que respalda, acompaña, contiene o motiva tantas cosas en nuestras vidas.

Por estos días, y en este mes, se hace especial mención de la mujer-madre, para agasajarla, destacarla y consentirla, si es que acaso las desbordadas manifestaciones de afecto pudiesen en algo hacer justicia a tantos esmeros, tantos desvelos, tantos esfuerzos por hacer llano el camino de quienes están alrededor de cada una de ellas.

No obstante, ni un mes, ni un día, y en muchos casos, ni toda una vida, serían suficientes para dignificar como conviene su bien amada labor, su bien amado honor.

Pocas cosas resultan tan complejas como ser madre, o diríamos mejor, ser mujer, en el mundo de hoy. De hecho, ya bastante demandante es, y por mucho, estar pendiente del hogar -que no es simplemente la casa-, de los hijos -si los hay-, sin perder de vista cada detalle, construyendo día a día, noche a noche, ese proyecto de vida, para quienes han optado por él.

Mas con el paso del tiempo, se han sumado, incesantes, los retos; pues convergen en un solo ser, sí, el ser madre, pero también el ser esposa; o apoyar como hija a los a sus propios padres; o ser la hermana en la cual recayó el liderazgo o el soporte de toda una casa; o ser amiga, para quienes ven en ella un ejemplo de lealtad y franqueza; o ser sobrina, convirtiéndose día a día en el orgullo de toda una familia; o ser nieta; o abuela, o ser sencillamente Ella… ¿cómo estar a la altura de la circunstancias, cuando el estudio, el trabajo, y la realización personal comprometen muchas otras facetas?

¡Qué ejemplo de entereza, de responsabilidad, de auténtica integridad! Ser madre no es un sentimiento, no es una condición, no. Antes bien, es una verdadera vocación.