Ni erradicación, ni represión

Por: Uriel Ortiz Soto (*)

Debemos aceptar que ninguno de los métodos adoptados para combatir los cultivos ilícitos ha dado los resultados esperados, la aspersión aérea; manual o terrestre, a base de glifosato, continúa generando dudas, sobre si es nocivo para la salud de quienes la aplican y habitan en los alrededores de los cultivo fumigados.

Lo cierto es que ninguno ha dado los resultados esperados, antes por el contrario, han generado violencia, y problemas de orden social, los mínimos resultados logrados  tienen costos demasiado altos, y los cultivos incrementado en más de un cien por ciento.

Es muy decepcionante lo ocurrido en la reciente cumbre antidrogas, en New York, puesto que no hubo ninguna solución, ahora las autoridades deben entender que no podemos seguir combatiendo algo que se sale de nuestras capacidades, toda vez que la producción, industrialización, comercialización y consumo, de las drogas en nuestro País, ha cogido todas las capas sociales, por lo tanto, se requiere de una alianza nacional donde estén comprometidos los entes educativos, sociales, económicos y políticos.

Para combatir los cultivos ilícitos no podemos seguir supeditados a las cumbres internacionales con el fin de esperar conclusiones que finalmente a nada conducen, antes por el contrario, obstaculizan el trabajo de nuestras autoridades, fincado en las buenas intenciones de salir adelante con programas de: salud, concientización y rehabilitación.

Era muy difícil poner de acuerdo a mas de 193 países, puesto que muchos de ellos, en relación con nuestros vecinos son dueños de diferentes culturas, donde las leyes antidrogas en muchos casos son castigados con la pena de muerte o cadena perpetua; lo que pretendió nuestro presidente al pedir su abolición para el caso del narcotráfico, considero, que fue un salto al vacío, puesto que en nuestro país, hierve por la sangre el fragor de las drogas ilícitas principalmente en nuestras juventudes de casi todos los estratos sociales.

Para haber hecho propuesta de tal magnitud, era apenas lógico presentar unos avances de lucha en todos los escenarios de la vida nacional, pero, lamentablemente tenemos que decir que la guerra contra el narcotráfico, la hemos perdido, y estamos a años luz de ganarla con los métodos represivos y destructivos que se están aplicando, muchos equivocados y fuera de contexto.   

Considero que con el fracaso de la cumbre antidrogas, que dejó un sabor mas de postración que de optimismo, nuestro País, debe tomar la vanguardia de liderar una política antidrogas independiente, que le permita decir al mundo, que no podemos seguir poniendo los muertos a costa de unas decisiones equivocadas, que solo conducen a ahondar más nuestra problemática social.   

Las drogas en Colombia además de: destrucción, dolor, sangre y muerte por doquier, con el fortalecimiento día  a día de bandas criminales de diferentes denominaciones, todos los esfuerzos que han hecho las autoridades para combatirla, son batallas fallidas y los millones de muertes, viudas y huérfanos por su culpa, el capítulo más doloroso de nuestra historia.

Pero es que no obstante todo lo que se ha hecho con programas de erradicación,- a costo demasiado altos por cierto-, el cultivo de hoja de coca continua extendiéndose por diferentes regiones de Colombia, y existen laboratorios que aún no han sido descubiertos por las autoridades en las inhóspitas selvas colombianas, camuflados como procesos agroindustriales.

Lamentablemente, las drogas ilícitas en Colombia, desde hace varias décadas, vienen alimentando todo tipo de delincuencia organizada: los grupos guerrilleros han logrado subsistir y  sostenerse gracias al narcotráfico, lo mismo que las bacrim y todo tipo de organizaciones criminales que operan al margen de la Ley.

Con la reciente cumbre antidrogas celebrada, en la ciudad de New York,- Estados Unidos-, con la participación de 193 Países adscritos a ONU, – Organización de Naciones Unidas-, queda plenamente demostrado que las políticas represivas no está dando los resultados requeridos, y que por consiguiente se hace indispensable replantear la forma de actuar para lograr un consenso que permita la unificación de un bloque de países identificados con un mismo lenguaje y modus operandi, que logre por lo menos aminorar su siembra, industrialización,  consumo y comercio tanto interno como externo. 

El fracaso de la cumbre, se veía venir: a diez días de iniciarse, varios de los participantes se mostraron en desacuerdo con las medidas adoptadas: reducir el tráfico de precursores químicos, reducir el consumo de drogas sintéticas, aumentar la cooperación judicial, luchar contra el lavado de dinero, reducir la demanda de narcóticos y eliminar en diez años todos los cultivos ilícitos.

Estas recomendaciones parecen ser la tarea para una escuelita, donde los niños que son aplicados las cumplen sin chistar, pero que sus efectos, no arrojan resultados positivos, considero que todos los esquemas enunciados no son más que pretensiones de no querer enfocar el problema como debe ser y coger el toro por los cachos para dominarlo.

Ante el panorama doloroso del narcotráfico en Colombia, no debemos detenernos a esperar convenios internacionales, está bien que se compartan, cuando son coherentes con la situación, pero es que lastimosamente el problema ya no es de la cocaína, o la marihuana,- que ya se legalizó para efectos medicinales-, sino de las drogas naturales y sintéticas, que todos los días sorprenden más a las autoridades, donde no opera ningún tipo de control, puesto que se preparan artesanalmente en los hogares y sitios de diversión.

Lo más lógico es que frente a esta problemática se opte por los programas de educación y diálogos con nuestros jóvenes y adultos, en lo que sea posible, para los casos ya avanzados se les extienda la categoría de problema de salud pública, con el fin de hacer los estudios correspondientes para cada caso en particular, pretender erradicar las drogas con métodos represivos no es el camino, puesto que las autoridades no encuentran respuesta de acuerdo a su trabajo combatiéndola a la luz de normas legales y jurídicas, que muchas veces son interpretadas a su acomodo por jueces venales y corruptos. 

Tenemos que aceptar que las cárceles están llenas de drogadictos y micro traficantes, que en honor a la verdad no son personas peligrosas para la sociedad, mas sí en un centro de reclusión se vuelven avezados consumidores y salen de allí a montar su negocio con todas las de la ley, muchas veces llenos de odio, puesto que se les negó el derecho a rehabilitarse en los inicios de su carrera delictiva.

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