Todos somos culpables

Por: Ricardo Galán.—

“Culpa exclusiva de la víctima” tituló la abogada Luz Stella Boada los 15 renglones con los cuales trata de justificar la violación, tortura y asesinato de Rosa Elvira Cely ocurridos en el Parque Nacional de Bogotá el 24 de mayo de 2012.

Boada trabaja para la Oficina Jurídica de la Secretaría de Gobierno de Bogotá a cargo de otra mujer, Nayive Carrasco quien avaló esa teoría. “Si Rosa Elvira Cely no hubiera salido con los dos compañeros de estudio después de terminar sus clases en horas de la noche, hoy no estuviéramos lamentando su muerte”, concluyen.

Boada y Carrasco intentan de defender al Distrito Capital de una demanda que puso la familia de Rosa Elvira Cely contra la Policía, la Fiscalía y las Secretarías de Salud y Gobierno de Bogotá por no cumplir con su deber.

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Los apartes del documento, publicados este domingo por El Espectador despertó la indignación de la en la calle, los medios y las redes sociales que exigen la renuncia de las dos funcionarias y llevó al alcalde Enrique Peñalosa a ordenar a la Secretaría de Gobierno “revisar y rectificar la posición del Distrito en el caso de Rosa Elvira Cely.”

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Por supuesto comparto la indignación de la gente frente al injusto, irresponsable e indolente concepto de la Oficina Jurídica de la Secretaría de Gobierno de Bogotá. Pero le encuentro justificación a las abogadas Luz Stella Boada y Nayive Carrasco.

Ellas, como casi todos los servidores públicos en Colombia, están convencidas de que la culpa de su inoperancia, incompetencia de irresponsabilidad es de los ciudadanos. Nunca de ellos.

Y no les falta razón. Creo que, salvo Rosa Elvira, todos somos culpables, no sólo de lo que le sucedió a ella esa noche de 2012, sino de lo que les pasa todos los días a millones de niños, mujeres y hombres en Colombia por culpa de la acción u omisión de los servidores públicos a quienes encargamos de velar por nuestra vida, honra y bienes como resa la Constitución.

Somos culpables porque no les exigimos cumplir con su deber, porque los reelegimos una y otra vez para que sigan esquilmando al Estado. Para que se sigan burlando de nuestros males.

Somos culpables cuando permitimos a Senadores, Representantes, Concejales, Diputados, Secretarios, Alcaldes y Gobernadores. Directores, empresarios y altos funcionarios robarse a la vista de todo el mundo la plata de la comida para los niños pobres en pueblos y ciudades.

Somos culpables cuando permitimos que un Fiscal se abstenga de investigar a sus amigos, mientras persigue, con o sin razón, a sus enemigos.

Somos culpables cuando permitimos que un Comandante de la Policía altere la escena de un crimen, borre y prefabrique pruebas para favorecer a los agentes y oficiales a su cargo comprometidos en el asesinato de un humilde graffitero.

Somos culpables cuando permitimos que un Ministro tramite contratos y puestos para él y su familia. Que otro permita sobre costos en los proyectos a su cargo, venda y/o quiebre a las mejores empresas del Estado.

Somos culpables cuando aplaudimos que un puñado de terroristas y servidores públicos hambrientos de poder, fama y premios acuerden violar las leyes y la Constitución de Colombia para garantizar que la Justicia nunca les pueda castigar sus crímenes.

Somos culpables cuando aceptamos pagar un sobreprecio en las tarifas de la luz a pesar de que las empresas generadoras de energía malgastaron los miles de millones de dólares que les pagamos para que no hubiera un racionamiento de energía.

Somos culpables cuando aceptamos pagar un impuesto de rodamiento completo en una ciudad que no construye las vías que le pagamos y nos prohibe usar el carro la mitad del tiempo para evitar el trancón.

Somos culpables cuando dejamos que un laboratorio farmacéutico (Novartis) nos cobre 4 millones de pesos por un medicamento que cuesta 800 mil y que decenas de enfermos de cáncer mueran porque no tuvieron como pagarlo.

Somos culpables cuando nos parece apenas “una imprudencia” que un Secretario de Salud justifique la muerte de un ciudadano con el argumento de que más personas van a morir “porque la ambulancia no llegó”.

Somos culpables cuando dejamos que los servidores públicos hagan lo que les venga en gana porque creemos que “ese no es mi tema” o “no me quiero meter en problemas”.

Somos culpables porque los ciudadanos somos tan indolentes con nuestra suerte, como lo son a quienes elegimos para mejorarla.

Somos culpables porque somos cobardes. Porque no hacemos respetar nuestros derechos. Porque no cuidamos el patrimonio público que es de todos. Porque callamos.

¿Hasta cuando? ¿Hasta cuando aceptaremos la culpa en lugar de salir a cambiar las cosas?