Por la fuerza ni por las curvas

Por: Rubén Darío Mejía Sánchez.–

BOGOTA, 11 de Junio_ RAM_ Aunque  no es el tema que voy a tratar, quiero hacer una reminiscencia de lo que para mí fue lo más importante en jerarquía y respeto como autoridad cuando era niño, y hablo de esto porque parece que ahora nada nos merece respeto, en ese entonces el primer puesto en respeto que había lo ocupaba el momento cuando hablábamos de Dios y esto sin interesar en que credo se creyera, porque tuvimos la gran felicidad de contar con un abuelo europeo, que supo mezclar su forma de vida con las creencias de los indios y mestizos, a pesar de que le toco vivir la época de que en su poder hubo esclavos y con orgullo cuento que fue uno de los abanderados para que se erradicara la esclavitud en el país.

El segundo, fue la familia, se respetaban los abuelos, los padres y los hijos y en la escala de valores los mayores y los niños, cosa que en este momento ha desaparecido, porque la autoridad ya no tiene valor y en especial la capacidad de respeto hacia las personas de diferentes edades.

El tercero era el Alcalde y la Policía, estos últimos con gran respeto y aprecio, porque no había nada más importante que uno ser amigo del cura y del policía, pero era que el policía de entonces ocupaba el puesto con tal dignidad que formaba parte de la familia y se sentía cual ángel guardián de los intereses personales y sociales; pero ahora da tristeza cuando un porcentaje bastante alto de la población ya no cree en ese representante de la ley, porque la institución ha crecido tanto y los intereses han sido tan diferentes que son muchas las manzanas podridas que existen en la institución.

No es muy bueno que en estos momentos gran porcentaje de la población civil no tenga confianza en la Policía, siendo esta una institución de carácter civil, porque muchos de sus integrantes han dejado los buenos modales y han formado parte de bandas criminales y como se descubrió en el Bronx y en San Bernardo, algunos oficiales colaboraban con los distribuidores de droga.

No estamos hablando de toda la institución, pero si creemos que es necesario que se adelanten una serie de cursos de capacitación y de orientación para evitar que la corrupción siga carcomiendo una de las instituciones más valiosas para el país y principalmente en estos momentos en que estamos pasando por una época de violencia en todas las regiones del país, no solo en el campo sino en las ciudades. Es bueno que la Policía vuelva a ocupar el puesto de privilegio en el corazón de la ciudadanía y que todos unidos podamos trabajar para erradicar la ola de violencia que azota al país.

Ahora si tratando el tema que es el título de esta columna: por la fuerza ni por las curvas, eso quiere decir que nadie al ser maltratado cede, sino que se vuelve más violento y el país está sufriendo una grave enfermedad y es la de la intolerancia, la de los odios y la de querer hacer justicia por las propias manos.

Como decía anteriormente, no se cree en la Policía y mucho menos en el sistema judicial con el que contamos, la ciudadanía ya está cansada que a los delincuentes se les detenga y a las pocas horas sean dejados en libertad y recordemos lo que acaba de pasar con la detención de los cabecillas del narcotráfico en la calle del Bronx, uno de los cuales fue puesto en libertad y otro obtuvo la casa por cárcel, porque según el juez de la causa, “este sujeto no era un peligro para la sociedad”.

Todo lo queremos lograr con chantajes y por medio de la violencia, ahora se cree que el país va a mejorar de una serie de males que le aquejan desde hace décadas pidiendo la revocatoria del mandato del presidente Santos y en Bogotá la del alcalde Peñalosa, en el primer caso porque no quiso el señor Santos hacer la voluntad del ex presidente Uribe, y en el segundo, porque según los seguidores del ex alcalde Petro, Peñalosa no es el hombre para dirigir los destinos de la ciudad capital.

Campañas en contra de los mandatarios, decisiones que dan mucho que pensar por parte de las altas Cortes, que aunque respetamos sus fallos no las compartimos, como por ejemplo, que una pareja de personas del mismo sexo tienen todo el derecho de adoptar un hijo y dos personas heterosexuales mayores de edad no pueden hacerlo y deben de presentar hasta el examen de sangre y los extractos bancarios más altos que se exijan como si se tratase de la obtención de un crédito.

Los indígenas y algún sector de los campesinos orientados y motivados por politiqueros de oficio, tratan que por medio del bloqueo y del caos se les solucionen sus problemas como por arte de magia.

Soy consciente que el sector agrario, los indígenas, los profesores y los médicos han sido los parias de todos los gobiernos, pero se quiere que el gobernante de turno solucione los problemas que ha heredado de la noche a la mañana.

Así no se va a llegar a ninguna parte y no quiero que me tilden como amigo del Gobierno por estar de acuerdo con él en que a la fuerza no debe de ceder ni a los campesinos, ni a los profesores y muchos menos a los indígenas, porque se están adelantando programas bastante importantes, pero que por falta de presupuesto tienen que hacerse de manera lenta y de otra parte porque los oportunistas que los asesoran les hacen exigir cada día más.

Era muy dura Candida esta semana al criticar la campaña que adelanta de resistencia civil el ex presidente Uribe al decir que el ex presidente ponía las firmas para evitar la firma del proceso de paz y que eran los campesinos los que ponían los muertos, yo no me irìa tan directamente a opinar solo sobre el  ex presidente Uribe, sino a los sectores que se han declarado verdaderos enemigos de la paz, por intereses comerciales y personales o simplemente porque ellos no lograron llegar a acuerdos como los que se ha conseguido hasta este momento en La Habana.

Sí quiero decir que no estoy tan seguro con la firma de un Proceso de Paz, porque cada día hay más exigencias y secretos, pero hago votos para que quienes han dudado y quienes comenzamos a dudar estemos equivocados, porque Colombia no debe de seguir llenándose de sangre, sino de cultivos en nuestros campos y de convivencia en nuestras ciudades.

Eso del matoneo, de la mala prensa, de política en contra los unos a los otros, no nos va a llevar a ninguna parte y un país que ha sabido sostenerse en la parte económica y social a pesar de una guerra de más de sesenta años se merece un futuro mejor.

Señores de las FARC hoy quienes estamos al otro lado de La Habana les pedimos sinceridad en sus propuestas en la mesa de la isla de los Castro y cumplimiento con lo que se pacte, porque de suceder lo que pasó esta semana con la mesa agraria, que no querían cumplir lo pactado con el Gobierno, en el caso de ustedes sería catastrófico no solo para el país sino para toda la región y la mala imagen a nivel mundial.

De unirnos así como lo hacemos los aficionados al futbol, alrededor de la Selección Colombia podemos sacar adelante al país de todos los males que nos aquejan.

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