La paz no debe de ser un obstáculo

Por: Rubén Darío Mejía Sánchez.–

BOGOTA, 27 de agosto_ RAM_ Para el hombre en general la paz ha sido un verdadero enigma y dicen los religiosos que hasta quienes siguieron a Cristo se confundieron cuando Él les dijo que les dejaría la paz, y estos preguntaron que era la paz. La respuesta no se dejó esperar al responder que la paz era la tranquilidad de conciencia de cada quien y ahora que se habla de paz en Colombia, pero en el sentido de acabar los enfrentamientos y las muertes entre los mismos colombianos, yo diría que la paz sería la disponibilidad que tenga cada colombiano para poner de su parte, porque pueden acabar los enfrentamientos entre los grupos subversivos y los representantes del Gobierno, y se pueden acabar los ataques a la población civil por parte de los alzados en armas, pero desde que hayan otros sectores que fomenten el odio, el enfrentamiento y la discriminación no habrá paz ni ahora ni nunca.

Mientras que los grandes rotativos del mundo titularon en letras de molde como histórico lo que se había logrado en las conversaciones de La Habana, un grupo de colombianos se mostraron como si se les hubiera anunciado que había llegado el fin del mundo, no muchos quieren saber de paz ni tranquilidad, porque se acostumbraron a la violencia y a la muerte o porque estas actitudes humanas les sirven para estar vigentes en el mundo público o en la actividad política, o económica del país; porque no olvidemos que no hay nada más que deje réditos que la propia guerra, aunque una paz bien administrada puede llevar al desarrollo de los pueblos y para muchos eso no es importante.

LA PAZ no es de nadie, no lo digo porque lo haya dicho el presidente Santos, sino porque este estado de conciencia es personal y nadie se puede apropiar de él, la paz que comienza a germinar en Colombia, debe de cultivarse y todos poner su granito de arena para que vaya creciendo y no en un muy largo tiempo dar sus resultados.

Si Colombia es lo que es en este momento económica y socialmente hablando, se pueden imaginar quienes leen estas líneas como sería cuando se pueda trabajar, descansar, viajar por el país, cultivar el campo y poner al servicio de todos los conocimientos de todos, sin peligro de  ser atacados por unos pocos que están pegados a hacer el mal y evitando que se progrese y que se viva entre hermanos para figurar a nivel nacional e internacional como un país de progreso, de gente buena y trabajadora, que es en su mayoría el pueblo colombiano.

Leía una nota de prensa publicada este fin de semana en el diario económico La República de Bogotá escrita por el analista Jorge Hernán Peláez quien hacía un llamado a los medios de comunicación para no caer en la tentación de apoyar a los diferentes sectores por situaciones económicas y de bienestar propio, sino siendo conscientes del papel que se debe jugar como líderes de opinión, para educar y orientar a los lectores y no hacer lo contrario.

Jorge Hernán tiene la razón, a estas altas horas del paseo un gran grupo de nuestros colegas son los culpables de la mala imagen del país en el exterior y no contentos con esto se han dedicado a entrevistar, abrir sus micrófonos y a dedicar sus plumas para que quienes están en contra de la paz sean oídos, desinformando de manera tal, olvidándose que son los que tienen  de primera mano los documentos firmados en La Habana y que en un país donde no se sabe leer, o donde no se lee, a la gente hay que entregarle todo desmenuzado, porque únicamente el ciudadano de a pie escucha o ve de vez en cuando las noticias que se transmiten y si se les dá la mala información esa es la que  se queda y de pronto ponen en práctica.

No estoy invitando a nadie para votar por el sí o por el no, porque esta es una determinación de conciencia y personal, “cada quien labra su destino” rezaba un dicho popular y hay oportunidades que nos da la vida, pero muchas veces por ignorancia o por terquedad las dejamos ir.

He dicho en otras columnas que Colombia  está totalmente polarizada y es verdad, la gente está creyendo que en el momento de votar el plebiscito, se está votando a favor del presidente Santos o del ex presidente Uribe y si esto es verdad estamos más que llevados de que sabemos, pero creo que hay que desarmar los corazones y darnos cuenta que lo que se está trabajando y tratando de lograr es el bien común del pueblo y no de unos gobernantes que pasarán a la historia, mientras  que las acciones se quedan para siempre.

Sé que hay temores en el cumplimiento de los acuerdos de La Habana, lo he dicho en más de una oportunidad, temo que cualquiera de las partes no cumpla con lo acordado; pero solo nos queda tener confianza, porque de lo contrario no vamos a lograr nada.

No es diciendo mentiras como se va a lograr la paz, ni ponerles trabas a conseguir la tranquilidad del país, deben de hablar con toda la verdad tanto el Gobierno como las FARC, al igual que quienes adelantan la campaña por el NO.

Lo que sigue de hoy en adelante es el camino de orientación para las futuras generaciones y la herencia que le dejaremos a quienes nos sucedan y ahí si la cosa es grave, porque podemos dejarles un espacio libre para el trabajo y el desarrollo o dejarles sembrado el odio y enredados en un conflicto de muerte, de asesinatos y guerras entre hermanos.

Me parece curioso que los que más se están oponiendo al proceso de paz, aunque digan lo contrario, sean personas intelectuales, porque simplemente ellos no lograron hacer la negociaciones o porque sus intereses se ven perseguidos y se hacen los de la vista gorda para desinformar al pueblo sobre el hecho de temas tan importantes como la justicia transicional y otras cosas que hubo que ceder por parte del Gobierno, para llegar a estos acuerdos, sin  darse cuenta que el contrario también está cediendo a sus acciones delictivas  para volver por el camino del bien; en todo acuerdo de fin de guerra, las partes deben de ceder en algunos puntos importantes y nunca me he dado cuenta que la violencia haya engendrado la paz y es por eso que debemos de tener en cuenta que solo mediante las buenas acciones y deseos de cambio se logran cosas de gran valor para el bien común.

Este es un tema bastante delicado, donde está el tire que encoge, en donde cada quien quiere tener la razón y donde muchos se creen dueños de la verdad y lo cierto es que nadie es dueño de nada y unidos somos dueños de todo.

Espero un país inteligente, razonable y que se dé cuenta que los intereses de la comunidad y del pueblo están por encima de los intereses personales.

Sería triste seguir viendo que se derrama sangre de colombianos, principalmente en el campo, en donde seguirán las viudas y los huérfanos, mientras que los que proponen y le ponen trabas a esta gran oportunidad viven en las grandes urbes rodeados de guardaespaldas y sin saber ni interesarle cual es el dolor de esos hombres y mujeres que trabajan de sol a sol para darnos de comer.

Que sea lo mejor y que Colombia muestre su grandeza una vez más y que sea digna de ser la cuna de esos grandes deportistas que ponen el nombre del país en alto en cada gesta, a pesar de los sacrificios que deban de hacer.

Mi voto por la paz será secreto y lo haré a conciencia, a pesar de haber sufrido en carne propia el látigo de la violencia, pero me interesa lo que pueda dejarle, no solo a mis nietos y a mis hijos, sino a los que han leído por más de 42 años lo que he escrito como periodista y que espero escribir por muchos años más, y así con letras de molde para que se lea dentro de la historia colombiana, que un día escribí sobre un país rico en valores humanos, con la mejor naturaleza y la mejor gente.

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