Ni un 3% de colombianos leerá el acuerdo con las FARC

Por: Rubén Darío Mejía Sánchez.–

BOGOTA, 03 de septiembre_ RAM_ Recordemos que Colombia es uno de los países del mundo en donde menos se lee y no se lee por diferentes razones, una, porque los libros son muy caros, otra porque somos muy perezosos para hacerlo y lo peor, es porque desde la escuela y la academia aún no se forma el hábito de la lectura.

A pesar de que el país no es totalmente analfabeta, se puede decir que la gente lee lo básico, por ejemplo las facturas, los textos escolares y en algunos casos los libros religiosos en el que predomina La Biblia, ni siquiera los periódicos se están leyendo, o si se leen se buscan las secciones más ligeras como los deportes y la farándula, pues los temas de fondo y de importancia como los reportajes, los informes especiales y lo que tiene que ver con cultura, al igual que las secciones editoriales y de opinión solo son visitadas por un gran mínimo de la población.

Mirando lo anterior, nadie va a creer que un ciudadano del común, o intermedio, se vaya a disponer a leerse las doscientas y pico de páginas que contiene el acuerdo final del Proceso de Paz entre el Gobierno y las FARC, y no lo hacen por lo anterior y mucho más porque nadie tiene tiempo más que para trabajar y ganar un salario para sostener la familia y sus propias necesidades.

No veo a la ama de casa sentarse a leer el mamotreto, pues no le interesa y no tiene tiempo, además tiene que dedicarse a los quehaceres de la casa, cuidar de su familia y muchas de ellas trabajar para colaborar con las finanzas del hogar. El padre de familia menos, tiene que trabajar, luego salir a encontrarse con sus compañeros y regresar a descansar y los muchachos sí que están al margen de lo que está sucediendo, pues les interesa lo último de la música, de la tecnología y a las niñas la moda, pues la gente prefiere sentarse al frente de un televisor o a entretenerse con la tabla o simplemente con el celular, que ponerse a leer algo que le van a contar en diferentes versiones, sean verdad o erradas.

Con el texto de los Acuerdos de La Habana está sucediendo igual que con los libros sagrados, que existen cientos de interpretaciones y que cada quien los interpreta y enseña como mejor le convenga y eso está sucediendo con los grupos políticos que ahora están felices con el Consejo Electoral que les dio la oportunidad a los grupos políticos de apoyar el si o el no colocando en sus ofertas los logos de cada grupo político, lo que yo pienso que llega a convertirse en algo partidista y que espero que no le haga daño al plebiscito, pues muchos van a creer que son dueños de la verdad absoluta y dueños de los resultados finales.

La polarización de la cual he hablado en otras ocasiones está más que presente y a la gente le están engañando al demostrarle que la paz es del ex presidente Uribe o del presidente Santos y si esto es así, estamos llevados o simplemente perdidos, porque mientras que la paz tenga dueño, la guerra sigue vigente y ahí si que estamos mal, porque se han perdido cuatro años de trabajo arduo, de largas conversaciones, de dinero invertido y de dar unas esperanzas sobre algo que no existe.

Es mentira cuando se habla que todos quieren la paz; pero que se haga conforme a lo que ellos quieren, lo que quiere decir que hay frustración y egoísmo, porque otros lo logren y eso de creerse uno dueño de la verdad absoluta es lo peor que pueda existir, porque sin meterse en creencias religiosas, lo único que yo creo absoluto es sobre la existencia de Dios, lo demás no tiene confirmación y seguridad, pues me parece curioso que los representantes de un grupo político se hubieran pegado, como decía mi abuelo “de la lagaña del mico” por la forma en que se redactó la pregunta que se hará en el día del plebiscito, simplemente porque no creen que la paz sea duradera y de eso estoy de acuerdo, porque con ciertas personas, como las que se están oponiendo la paz no será y menos duradera.

Sí he tenido mis recelos con el cumplimiento de los Acuerdos de La Habana, porque dudo de la responsabilidad de quienes están al frente en algún momento, ahora más cuando ese grupo de personas inconformes tratan de engañar a los lectores dándoles versiones diferentes y acomodadas de lo que dice el texto original de los acuerdos y recuerdo que muchas veces nos portamos como borregos que vamos con los ojos cerrados, sin importar que nos lleven hacia el matadero.

A pesar de que la Corte pidió tener cuidado con las encuestas sobre este tema, el viernes anterior me quedé estupefacto al leer que las encuestas se salieron de su cauce y tocaron un tema que nada tiene que ver con el proceso de paz, sino como dicen los muchachos, por hacer la mala leche y fue que se olvidaron del Proceso y de los Acuerdos para comparar como está la popularidad del ex presidente Uribe ante el presidente Santos, y lo peor, con todo respeto y dolor es que los medios de comunicación están cayendo como idiotas útiles ante este juego.

He visto programas de opinión, he leído artículos de prensa y en los medios alternativos y me he dado cuenta que no se está obrando a conciencia, sino como si se fuera hacia el mejor postor, esto económicamente hablando y me da pena porque algunos medios de comunicación que no quiero mencionar, se han puesto a disposición de ciertos sectores que no están de acuerdo con el logro más grande que está por alcanzar el país después de cerca de sesenta años.

No quiero atacar a nadie, pero si me da pena que mientras que la comunidad internacional se vuelca a respaldar el fin del conflicto, los colombianos estemos avivando de otra manera la guerra y el enfrentamiento entre nosotros mismos; porque bien lo decía un artículo de la prensa internacional esta semana, que no entendía que era lo que estaba pasando, porque la prensa colombiana solo mostraba lo malo de la paz y no lo favorable que traería para un futuro cercano. Y en eso tienen toda la razón, falta sinceridad, objetividad y principalmente ética para informar con veracidad y no con sentimientos de quienes quieren destrozar al país porque no se hacen las cosas como ellos lo desean.

Espero un 3 de octubre en paz y no que sea el recrudecimiento de la guerra, mientras que los que fomentan el desorden, estén listos para salir del país y dejar al pueblo sometido al verdadero caos.

No sé si he perdido el tiempo con lo que he dicho, porque la verdadera paz se lleva en los corazones de cada quien y muchos de los colombianos no conocen nada de ese sentimiento.

DE VERDAD QUE NO ENTIENDO.

Dejando de un lado el tema anterior, quiero decir que no entiendo con los ciudadanos de la capital colombiana, la ciudad de todos y la ciudad de nadie, en donde al finalizar los 12 años de un gobierno de izquierda, la ciudad quedo totalmente destrozada, las vías, la salud y otros sectores salvándose “la educación”, en donde se ven los rastros de los que no supieron gobernar, o simplemente de los que se robaron el dinero y ahora cuando alguien entra a trabajar, sin encontrar condiciones ni recursos se le ataca y se les olvida que quienes sí hicieron gobiernos nefastos no fueron atacados como lo están haciendo injustamente con Enrique Peñalosa.

No soy peñalosista, pero creo que es más honesto que los Morenos y más organizado que los Petros, que lo que hicieron fue acabar con la ciudad, aunque siguen engañando al pueblo y aspirando a llegar a los más altos cargos de la dignidad nacional, hablando de solidaridad, cuando lo que se hizo fue engañar y repartir lo que no era de ellos, mientras que un grupo pequeño de ciudadanos han tenido que pagar un los impuestos los daños de unos irresponsables a quienes la politiquería los llevó a hacer todo lo malo.

Sé que se equivocó Peñalosa en la estrategia de acabar con el Bronx, quizá por falta de planificación o simplemente porque se le fue de las manos este álgido problema; pero no es justo que en este momento según “las encuestas” ocupe el último lugar entre los mandatarios de las capitales. Porque no se hizo lo mismo con Samuel Moreno y Gustavo Petro?

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