Del conflicto al código: así programamos el futuro

Por: Santiago Muñoz Calvo.–

Avanzar. Avanzar. Detenerse. Girar a la derecha. Destruir. Estas son algunas de las órdenes precisas que guían a los soldados través de un camino lleno de peligros. Deben calcular sus movimientos con suma concentración pues cualquiera que sea mal ejecutado puede hacerlos caer en una trampa.

Estos hombres han conocido la guerra y los peligros que conlleva, han sufrido en carne propia los cruentos combates, las emboscadas y las minas antipersona. Están entrenados para cumplir órdenes minuciosas y han aprendido, a veces a las malas, a ser extremadamente cautelosos.

Sin embargo, hoy las amenazas no son el plomo, la pólvora o los explosivos. Por este día sus rivales están hechos códigos y pixeles. Las selvas, cuevas y abismos que recorren cuidadosamente no son obra de la naturaleza sino de desarrolladores web, diseñadores e ingenieros de sistemas. En esta sala del Batallón Héroes del Paramillo, ubicado en la Cuarta Brigada, la zozobra y la tensión no flotan en el ambiente, solo están presentes las ganas de aprender.

En los reflejos de las pantallas no se ve ninguna cara larga, pese a que han vivido las secuelas de una larga guerra que hoy queremos terminar. Una rápida inspección visual por la pequeña sala de diez computadores revela, a la luz de la mañana, las marcas del conflicto armado representadas en muletas apoyadas en las paredes y en las cicatrices que se dibujan en rostros y extremidades.

Cabrera, Quintero, Hoyos y nueve soldados más miran atentamente sus monitores para guiar, como si fuera un compañero en el campo de combate, a sus personajes virtuales. Avanzar, girar, destruir, cultivar, son los comandos ejecutados en Minecraft, un reconocido videojuego que cuenta con la particularidad de ser idóneo para enseñar programación básica, pues se trata de seguir instrucciones sencillas para realizar tareas interactuando con el entorno.

Después de ejecutar tareas como talar un árbol, esquilar una oveja o evitar caer en un lago de lava o por un precipicio, los alumnos pueden ver en sus pantallas el código informático que les permitió a sus personajes virtuales llevarlas a cabo. Así van aprendiendo cómo funciona la lógica de programación de forma didáctica y entretenida.

“Perfecto Leison, dale ejecutar a ver qué… ¡Eso, así era!”, se escucha decir a Felipe López, líder en soporte de Microsoft, desde el otro lado del salón. López pertenece a proyecto llamado ‘Yo también puedo programar’, que funciona desde hace dos años e incluye también a niños, comunidades afro, mujeres trans, entre otros. “Profe, ¿quedó bien?”, vocifera alguien desde una esquina. “A ver… ¡Genial!”, responde Felipe esbozando una sonrisa.

“Me pareció una experiencia muy bonita porque es algo sobre lo que uno no tiene conocimiento y es un proyecto muy bueno porque uno se entretiene, despeja la mente y sale de la rutina de todos los días”, señala el soldado profesional Álvaro Hoyos después de utilizar la plataforma Code Studio, en la que además puede programar utilizando juegos como Angry Birds o el universo de películas como Star Wars.

Como quienes están presentes en este pequeño recinto de paredes blancas, cerca de 12 millones de personas han escrito, al día de hoy, más de 18 millones de líneas de código a través de esta herramienta. Los soldados coinciden al decir que la consideran entretenida y valiosa para su futuro.

Estos doce hombres, que dejaron la guerra atrás, enfocan diariamente sus esfuerzos en curar sus heridas para volver a ser una parte activa de su sociedad y, a través de estas iniciativas que les otorgan una nueva oportunidad a través de la tecnología, pueden lograrlo. De esta manera las futuras órdenes que reciban serán impuestas por ellos mismos: mirar hacia adelante, avanzar, aprender, crecer.

 

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