¿Qué de Rafael Uribe tenemos?

Por: Diego Laserna.– @dglaserna

“No sé si se pueda escribir algo útil sobre el asesinato de Yuliana a estas alturas de la tormenta pero voy a intentar. Y voy a intentar básicamente porque creo que en medio de tanto horror hay una oportunidad de cambiar la forma en que pensamos y que no la debemos dejar pasar.

Estudié un buen pedazo de mi vida en el mismo colegio de Rafael Uribe. El era bastante mayor pero todos sabíamos quien era. Jefe de la banda, extrovertido y popular, era una figura en el colegio, un símbolo de lo que debíamos ser.

Nunca tuve mayor contacto con él pero sí me acuerdo de un incidente en particular. El colegio había llevado un conferencista de Alcohólicos Anónimos a hablar con los estudiantes y nos reunieron a todos en un auditorio para oír la charla. El invitado habló sobre el alcoholismo, cómo surgía y a qué podía llevar. En general pintó un escenario bastante dramático.

Al final de la charla “Rafico” como le decían a Uribe se paró y dijo que él y sus amigos tomaban bastante y se emborrachaban a menudo, y preguntó si el conferencista creía que era una razón suficiente para ir a Alcohólicos Anónimos.

No me acuerdo qué le respondieron pero sí me acuerdo de haber pensado que era medio absurdo que alguien de la edad de Uribe – tal vez unos 17 años – pudiera ser un alcohólico.

Ahí quedó el tema en el colegio.

Pero ¿por qué lo menciono ahora? Porque siento que en los últimos días ha habido un bombardeo de comentarios subrayando lo enfermo, anormal y demente que era Uribe pero creo que tristemente su crimen es más que solo una aberración. La camioneta lujosa, el jacuzzi, el barrio pobre, la niña desplazada, Brigard y Urrutia, el perico y la violación no son solo detalles del crimen, son símbolos de nuestra sociedad y de sus enfermedades. Y en ese sentido el asesinato de Yuliana, no es solo un crimen espantoso, sino es la aplicación violenta de una forma de pensar de la cual estamos enfermos muchos más aparte de él.

Una sociedad que enaltece al macho alfa, rumbero, toma tragos, mujeriego y violento. Una sociedad que sin decirlo abiertamente, nos muestra día tras día que la vida de un pobre vale mucho menos que la de un rico y que con suficiente plata uno en Colombia puede hacer lo que quiera con los demás. Una sociedad donde una niña, sobre todo una niña pobre no le puede decir que no a un varón con plata.

Y sí, todo parece indicar que Uribe es un criminal pero el único enfermo no es él. Uribe es mucho más parecido a muchos de nosotros de lo que queremos creer. Es verdad que la mentalidad machista o clasista no se expresa normalmente en hechos tan macabros como el asesinato de Yuliana pero lentamente día a día va desangrando a nuestro país a punta de tragedias menos visibles.

El adolescente que pierde la virginidad con la empleada. El jefe que tiene de moza a la secretaria. El conductor borracho que le paga a la familia de sus victimas para que no lo emproblemen. El cantante famoso que bota a la fan con sobredosis al basurero. El empresario que hace que sus escoltas tranque
n el Transmilenio para que él pueda pasar.

Los casos abundan aunque se nos olviden o no llamen tanto la atención.

El crimen de Rafael Uribe debe ser castigado con todo rigor pero no nos podemos conformar con señalarlo y descartarlo de loco. Si no queremos que casos como el de Yuliana se repitan, cada uno de nosotros debemos mirarnos al espejo y hacernos la muy incomoda pregunta ¿qué de lo que es Rafael Uribe Noguera se parece a mí?

Aunque fuera solo esa vez en el auditorio del colegio Uribe se dio cuenta que algo iba por mal camino. No lo corrigió y ya sabemos las consecuencias. Los colombianos tenemos que darnos cuenta de que vamos por mal camino y corregir, si no las tragedias no van a parar”

 

 

 

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