Día del periodista

Recuerdo que fue el maestro Jorge Cardona, mi profesor de Historia Política y Judicial, en la Facultad de Periodismo de la Javeriana en 1998, y Editor General de El Espectador, al que se lo escuche: Antonio Nariño fue el padre del periodismo en Colombia.

Heredadas de generación en generación por mucho más de 200 años, comprendí que, desde ese gran colombiano, nacido en la segunda mitad del siglo XVII, data nuestra pasión y el amor por este oficio.

Por eso, el periodismo colombiano es uno de nuestros fuertes. Pero también de nuestros males.  Así que desde siempre, los periodistas siempre fueron poderosos dentro de la República y en la sociedad moderna.

Y por eso en Colombia, siempre hubo una figura descollante que dejó para bien de todos, un legado permanente de una generación a otra.

¿Cuánto talento para hacer periodismo? ¿Cuántos periodistas talentosos?

No quedan palabras para hablar de Daniel Coronell, Yamid Amat o Germán Castro por mencionar apenas tres de los grandes maestros con los que nos tocó aprender.

Y cortos, también nos quedamos, al entender que ese talento siempre se mezcló con los poderosos.

Sí bien, política y periodismo no son sinónimos, tampoco son indiferentes.  Pues las dos palabras periodismo y política, son acepciones que, en cualquier lugar, aparecerán como si estuvieran casadas. Así algunos quieran creer que dichos significados se divorciaron alguna vez.

Conozco muchas parejas, que conviven con estas características. Parece que no se quisieran o toleraran, pero son inseparables, aunque se fastidien mutuamente.  De hecho, así vive mucha gente, amigos, familiares.

Así que desde Antonio Nariño y luego tantos otros maestros, muchos, de las nuevas generaciones se sienten antojados del oficio y la tarea.

Contamos en consecuencia con un legado y un gusto social.

Muchos quisiéramos emular la vida de García Márquez, por ejemplo.  El periodista y escritor que más libros ha vendido y traducido a casi todos los idiomas.

Un monstruo de las letras: un matemático de la perfección narrativa y de la redacción.

Además, de ser eterno e inmortal embajador del país, nuestra cultura e historia siempre absurda que retrató tan inteligentemente en toda su obra como periodista y literato.

Gabo, un maestro que siempre advertía que no había que inventar nada, solo describir y contar.

Esas enseñanzas y la de tantos otros nos invitan entonces a entender, hoy más que nunca, que el periodista es una forma de ser que viene implícita con tareas de por vida en forma de servicio a los demás.

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