El valor de las relaciones

Para el Foro Económico Mundial, la exclusión social y las desigualdades son los principales riesgos para la economía mundial en 2017. Estos riesgos son fruto en gran medida de los modelos económicos que propician la concentración de riqueza y poder; desde la mirada sociológica, este fenómeno es producido por el individualismo y la falta de conciencia del bien común.Lograr inclusión requiere integrar a todos los miembros de la sociedad, independientemente de su origen, condición socioeconómica, género y creencias. Esto parece una utopía en nuestro contexto; pero es la condición necesaria para alcanzar una convivencia pacífica, la cual, se propicia desde la cotidianidad con las interacciones, relaciones y vínculos. 

El pensador y sociólogo Zygmunt Bauman advertía a través de su concepto de modernidad líquida, que estamos frente a una gran precariedad de los vínculos humanos en una sociedad individualista, marcada por el carácter transitorio y volátil de las relaciones. 

Al parecer las relaciones humanas entraron en la dinámica del consumismo y lo desechable. Porque como una simple compra se adquiere una persona, por un momento de diversión o a la espera de favores, y se desecha cuando ya no es útil para los intereses individuales. La decreciente capacidad de cultivar relaciones duraderas (más allá de amistades, selfies, o de supuestos amigos de redes sociales) es un obstáculo para construir una verdadera comunidad. 

Bauman marcó la diferencia entre comunidad y redes sociales; uno pertenece a la comunidad, pero la red pertenece a cada uno y se tiene el control de añadir o borrar contactos. Es un nuevo poder para escoger a quién se calla o a quién se escucha. Adicionalmente, afirmaba que en las redes no hay diálogos y mucha gente las usa no para unir ni para ampliar sus horizontes, sino al contrario, para encerrarse en lo que llamó zonas de confort, donde el único sonido que oyen es el eco de su voz, donde lo único que ven son los reflejos de su propia cara. Por ello, consideraba que las redes sociales son la trampa de la modernidad individualista.

La pérdida de habilidades sociales para tener interacciones sensatas, basadas en el mínimo respeto de un saludo, de mirar a los ojos, son el ABC del relacionamiento. Si esta es la base para reconocer en el otro las mismas condiciones de humanidad, es el punto de partida para construir la inclusión. Parece demasiado obvio, pero en la cotidianidad observamos, al caminar por las calles, en el trabajo, en las aulas de clase, que esto tan básico se ha convertido en un reto; ya que lo normal ahora es invisibilizar y negar al otro por considerarlo inferior, o por desprecio, o porque no se aceptan las diferencias, o simplemente se ha perdido la capacidad de dialogar. 

El reto es recordar y recuperar la construcción de vínculos. Yo lo denomino la ruta de relacionamiento, es un proceso permanente que se cultiva y se cuida. Esta ruta inicia con coincidir, lo cual ya es valioso porque es la oportunidad de encontrar a alguien con quien podemos tener aspectos en común, para luego conocerlo y de esta manera iniciar una relación, que, con tiempo, solidaridad, respeto y entrega desinteresada, se puede convertir en un vínculo basado en la confianza. El recordar y reaprender la forma cómo nos relacionamos marcará la diferencia en el camino de construir un país donde quepamos todos, donde la diversidad sea una cualidad, no un señalamiento, y donde se recupere el verdadero valor del ser humano, su dignidad y el valor de las relaciones.

  Share: