La salud, de mal en peor

Por: Horacio Serpa *

Reconozco el interés del Presidente Santos porque el pueblo que gobierna tenga buena salud; también se de las preocupaciones del Ministro Gaviria por avanzar en el plano de la prevención y lograr que a los enfermos se les brinde adecuada atención y oportunos tratamientos, así como conozco sus acciones por defender al Estado y a la sociedad de los pulpos financieros y de las actitudes atrabiliarias de los que han hecho de la salud un lucrativo negocio económico. A pesar de todo ello, la salud sigue “manga por hombro”, con pésimos resultados que especialmente sufren los afiliados al sistema y los pacientes, que algunos se atreven a llamarlos clientes.

Reconozco avances en relación con las épocas en las que a los enfermos se atendían “de caridad” en los hospitales públicos; ahora casi toda la población está asegurada. Bueno…., en teoría, porque de qué vale tener un carnet de afiliado si no lo reciben en los Centros Hospitalarios, si lo rechazan porque su EPS debe plata a la clínica, si su enfermedad no está en el POS, si la Entidad que debe responderle está quebrada. Es un drama de todos los días para millones de afiliados que terminan hacinados en las “urgencias”, donde deben permanecer semanas sin recibir siquiera una aspirina. De nuevo apareció el “paseo de la muerte” y los “paganinis” de tan deplorable ineptitud siguen siendo los hospitales públicos, a los que no les giran a tiempo ni completos los aportes ni las Empresas Promotoras les pagan las facturas por servicios prestados.

La liquidación de Caprecom sirvió solo para que esta Institución del Estado se desatendiera de los afiliados y no le pagara las deudas a los acreedores. El tema de Saludcoop es muy dramático porque terminó liquidada después de varios años de intervención, cuando se encontraba en peor situación a la que tenía cuando la tomó el gobierno. Hoy Cafesalud da pena, con varios millones de afiliados, atrasada en los pagos a clínicas y hospitales y brindando un demorado y pésimo servicio a la población que tiene la obligación de atender. En todo el país el inconformismo, razonable, justo, es enorme.

La Superintendencia, “ni fu, ni fa”. Se supone que es la defensora de los usuarios del sistema, pero más bien parece su enemiga. No actúa, no controla ni investiga, no sanciona a los infractores, consiente los atropellos, es permisiva con los incumplimientos. Pensé que iba a tener una administración vigorosa y oportuna, pero es desilusionante lo poco que ha hecho y lo mucho que ha dejado de hacer.

Consciente de la necesidad de un nuevo modelo de salud y de lo difícil que es concebirlo y aplicarlo, estoy proponiendo a los Partidos Políticos que nos pongamos de acuerdo en apoyar un programa mínimo para desarrollar en el próximo gobierno, de manera tal que, gane quien gane, lo ponga en ejecución, con el apoyo de todos. La salud es un bien general. ¡Atrevámonos!   

*Senador

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