Presidente litigante

El señor Juan Manuel Santos es economista de profesión, político de oficio, Presidente de Colombia por torpeza popular y Premio Nobel de Paz, por decisión desinformada del Comité del Premio y,  ahora, nos hemos enterado por las noticias, abogado litigante. Abogado defensor.

Así como lo leen. El hombre anda de abogado defensor. De abogado-Presidente, desconociendo la independencia de la Justicia y de los organismos de control.

Confesó que le pidió al Contralor y al Fiscal resolver cuanto antes la situación de sus dos ministras sospechosas de haber metido la mano para pagarle casi un billón de pesos Odebrecht para que construyera una carretera que beneficiaría de un puerto en el que tiene interés económico la familia de una de ellas.

En el fondo el Presidente está litigando en causa propia. Es el único contrato, que se sepa, que fue firmado durante su gobierno con Odebrecht y sería un desastre para él que estuviera manchado por la corrupción.

Se trata del otrosí de la vía Ocaña-Gamarra, contratada por su exministra transporte, Cecilia Álvarez, pareja de su Ministra de Educación, Gina Parody cuya familia tiene interés en el puerto de marras.

“Le he pedido al señor contralor General de la República que envíe un equipo especial y que compruebe hasta el último detalle si ha habido algún tipo de detrimento patrimonial para el Estado en ese otrosí. Y estoy seguro que no lo va a encontrar”, aseguró el mandatario.

El mandatario también se refirió a la exministra Gina Parody, aduciendo que fue acusada injustamente en ese contrato por conflicto de interés

“Acusaron a dos de mis ministras de conflicto de intereses, una acusación totalmente temeraria e injusta. La propia Secretaría Jurídica de la Presidencia envió un concepto diciendo que aquí no había ningún conflicto de intereses, nada tenía que ver la ministra de Educación o la ministra de Transporte en ese momento con la decisión de unas vigencias futuras o un otrosí”, puntualizó Santos.

“Por eso, yo también le voy a pedir al señor Fiscal, que, o acuse a la Ministra, o cierre el caso; porque no podemos dejar que personas honestas mantengan en la picota pública durante un tiempo indefinido contra su honra, contra su buen nombre”, sentenció el presidente.

El Presidente Litigante ya perdió todo el pudor. La Constitución y la Ley no le importan. Cada vez se parece más a Hugo Rafael Chávez y Nicolás Maduro.  Leyes habilitantes para suplantar al Congreso. Organismos electorales a su servicio para controlar las elecciones. Desconocimiento de resultados. Poder sobre las Altas Cortes a través de acusaciones a magistrados o mermelada para los consortes de magistradas.

Ahora funge como fiscal, contralor y abogado defensor. No hay límite para el Presidente litigante? No hay nadie que le diga que pare? ¿Que respete de la institucionalidad?

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