América Über Alles

Por: Andrés Castañeda.–

Van casi dos meses del gobierno de Donald Trump en Estados Unidos y si algo hay que abonarle es que ha demostrado con márgenes lo suficientemente amplios -y sin esforzarse demasiado- que los políticos no son buenos ni siquiera cuando cumplen sus promesas.

Porque Trump no ha hecho nada distinto a lo que prometió hacer en campaña: hablar del muro fronterizo con México, vetar a los inmigrantes (incluso a los refugiados), recrudecer los requisitos para entrar a Estados Unidos, aunque sea de visita, prometer un guerra contra el terrorismo que significará bombardear otros países con la consecuente muerte de inocentes. Me dirán que Trump no es un político, al menos no en el sentido tradicional de la palabra. Y precisamente ahí radica el asunto (here’s the thing, dirían en inglés): que Trump no sea un político en el sentido tradicional no significa que no sea un político. Al contrario: todo en Trump es meticulosamente planeado con una intención política y puesto dentro de un empaque lo suficientemente pop como para vender titulares baratos y fáciles de redactar.

El hecho de que su candidatura haya comenzado como un chiste no quiere decir que no haya sido concebida de esa manera. Finalmente, Estados Unidos -y el mundo en general, cada vez más banal, cada vez más vacío- es la sociedad del espectáculo y Trump es un showman que se hace grande y fuerte cuando pronuncian su nombre. Dijo el bloguero Lucas Ospina en un debate en La Silla Vacía la semana pasada que las noticias de Donald Trump no deberían cubrirlas las secciones políticas de la prensa sino las de farándula. Y tiene razón, con Trump, ocurrió finalmente la banalización de la política como sucedió hace años con la monarquía. Y ese es quizás su mayor triunfo: parecer banal, seguir pareciendo un chiste, pese a ser ya el presidente en ejercicio de Estados Unidos. Un chiste que va a costar empleos y encarcelamientos y, sobre todo, vidas, todas allá, lejos de sus fronteras inmunizadas, allá donde ocurre el terrorismo y el mundo se cae a pedazos todos los días, a cada instante, pero las víctimas no importan porque no son blancas y occidentales: nadie es Siria porque, claro, Siria no es Francia, Siria no es Estados Unidos.

Pero es más eso de lo mismo, más de lo de siempre. Si uno analiza el discurso de posesión de Trump el 20 de enero pasado, no habla ni propone nada distinto a lo que se han propuesto todos los presidentes de Estados Unidos: poner a Estados Unidos por encima de todo. “America first”: América Über Alles. Como esa canción nacionalista alemana que se cantaba durante el auge del reich de Hittler: “Deuschland, Deuschland, über alles”. A eso se reduce el discurso de Trump: América por encima de todo y de todos y el resto, que se vaya al carajo.

Por eso no es coincidencia que los grupos nacionalistas hayan retomado su anterior fuerza. No porque haya algo nuevo en lo que dice el presidente, sino porque cuando el candidato Trump hablaba, todos reían como si estuviera bromeando, y ahora que el candidato broma  es presidente, los que se ríen son otros.

En 1978, la banda de punk Dead Kennedys escribió una cancion inspirada en el republicano Jerry Brown, en aquel entonces gobernador de California: California Über Alles. La predicción les falló, Jerry Brown no es el presidente, pero es nuevamente el gobernador de California. En lo que sí acertaron fue en la letra: “Los fascistas te gobernarán/ Cien por ciento natural/ Serás sacudido por la raza superior/ Y llevarás siempre una cara feliz”.

Creo que a Jello Biafra, autor de la canción, después de 40 años de andarla cantando, le va a tocar cambiarle el título.

 

Andrés Castañeda M.

@acastanedamunoz

 

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