¿Hinchas o delincuentes?

Por Rubén Darío Mejía Sánchez

Cuando comienzo a escribir esta columna nos preparamos para escuchar por la radio y nos privamos de ver por televisión los encuentros futboleros de la última fecha del primer campeonato colombiano del año en los que tomar parte los equipos América y Deportivo Cali luego de las sanciones impuestas por la División Mayor del Fútbol Colombiano –DIMAYOR- , como consecuencia de los desmanes acontecidos en estadio Pascual Guerrero de la ciudad de Cali.

La medida era más fuerte, no habría entrada para hinchas, la gente de la prensa y quienes disfrutaran del evento futbolero, lo que fue calificado como un atropello a los medios de comunicación, quienes presentaron una tutela que falló a su favor para poder transmitir estos encuentros; muchas veces nuestros directivos cometen una serie de errores que deben retractarse en instantes para no quedar mal y así obtener el favor de todos.

Los hechos bochornosos que se presentaron en la Sultana del Valle fueron luego que los directivos de la DIMAYOR en asamblea extraordinaria no hubieran sido capaces de ponerse de acuerdo, para tomar medidas y controlar a las mal llamadas barras bravas que han sembrado el terror no solo en los escenarios deportivos sino en sus alrededores; llama la atención porque algunos de los directivos de los equipos colombianos que “patrocinan” a estas barras bravas no están de acuerdo con que se les sancionen y se les meta en regla, para evitar que el mayor espectáculo del mundo se vaya a tierra.

Los mal llamados hinchas han logrado varias cosas a su favor; primero, sacaron a las familias de los estadios, porque no hay que negarlo, muchos padres y madres han optado por no volver a los estadios, para evitar los atropellos de un grupo de bandidos que se han tomado estos lugares.

Segundo, ya han sembrado el terror en los alrededores de los estadios y muchos de los vecinos de estos han tenido que dejar sus residencias y sus propios negocios, que en más de una oportunidad han sido atacados por esa manada de locos que hacen de las suyas antes o después de los partidos.

Se habla de seguridad, de cordones policiales; pero estos truanes se las ingenian para entrar droga, bebidas alcohólicos y armas, como ha quedado patentado, cuando la policía ha hecho registros para ver qué es lo que sucede en medio de la gente que se entromete y se filtra, no solo para hacer el bien, sino para sembrar el terror y a los que no les interesa para nada el espectáculo y menos el deporte.

No entiendo porque nos hemos vuelto tan violentos, recuerdo hace algunos años nos salíamos de las cabinas de transmisión y nos sentábamos en las graderías con los aficionados que por lo general eran de los dos equipos en contienda; pero ahora nuestros directivos perdieron la pelea y han cedido y es como ya no se ve la bella panorámica de los dos colores de los equipos en contienda, porque ya no sabemos convivir y si están los unos no pueden estar los otros y eso sí que es una gran falla; porque el espectáculo y el mismo deporte son los que pierden.

Hace más o menos unos treinta o cuarenta años algunos medios de comunicación se inventaron, con el patrocinio de los equipos formar grupos de seguidores que iban a festejar en los estadios, se hacía en completa paz y los locutores de una cadena alentaban a los jugadores de cierto equipo y los otros de otra, hasta el punto de los mismos reconocidos periodistas salieron los patrocinios y el apoyo a quienes después sin saberse ni porque ni como se volvieron violentos de la noche a la mañana.

No entendí algo que escuché esta semana, porque según el comentario, muchos de esos bandidos forman parte de quienes reciben dineros por parte de los directivos de los equipos y las entradas al espectáculo que ellos mismos destrozan.

En mas de una oportunidad personas de bien han querido entrar a los espectáculos y no se les ha colaborado, porque en este momento cualquier mico de los palotes, como decía mi abuela, tiene autoridad para decir quien hace y quien no hace las cosas.

Cuando los estadios son de los municipios, estos reciben unos impuestos que se pagan por la prestación del mismo por parte de los equipos y son los que deben de responder por la seguridad en los escenarios deportivos; pero debe tenerse en cuenta y tomar medidas para que la población civil que no está en el estadio esté protegida, porque cuando se juegan ciertos partidos llamados de alta tensión se exige una gran cantidad de policías, mientras que el resto de la ciudad queda totalmente desprotegida y en manos de los delincuentes, eso no debería ser así y la Policía debería de responder solo por las áreas que quedan alrededor de los estadios.

No sabemos qué les pasa a nuestros jóvenes de hoy; que se meten detrás de una camiseta de X o Y equipo para cometer sus fechorías y es así cuando la gente de bien ya le teme a los grupos de muchachos que visten ciertas camisetas, porque son calificados como grandes bandoleros que atracan y atacan al ciudadano desprevenido o a quien es seguidor de los equipos contrarios.

Esa sinvergüencería de estar pidiendo dinero en los alrededores de los escenarios deportivos y violentar a los que no le dan, deben de pararlo las autoridades y tomar medidas al respecto.

Sé que la DIMAYOR tiene mucho interés en sacar adelante la entidad y volver a traer el mejor espectáculo del mundo, como lo llamara un gran narrador colombiano, a que sea el lugar de reunión de familias y amigos para medir sus fuerzas en medio de una competencia sana y del juego limpio que tanto se proclamó hace una década; pero el juego limpio ha desaparecido y mucha es la sangre que se derrama dentro y fuera de los estadios por cuenta de los vándalos que quieren sembrar el terror en vez de una sala competencia.

Da tristeza que las noticias malas a nivel internacional salgan con más fuerza que las buenas, porque lo que está pasando con las famosas barras bravas está empañando los grandes resultados de otros deportistas que como Nairo Quintana triunfan en el exterior.

La violencia viene desde los propios hogares, en donde no se sabe educar a los hijos, en donde no se les prepara para ser gente de bien en un futuro y donde no se les pone en claro que quien participa en una competencia deportiva pierde o gana; porque al fin y al cabo es una competencia que debe dejar ganadores y perdedores lo que no hace inferior al uno del otro.

Hoy como periodista y amante del fútbol hago votos y miraré con el ojo del Halkón hacia el centro de la cancha para disfrutar de un gran espectáculo, de ver como rueda la bola, como se hacen jugadas extraordinarias y como se llega al éxtasis del gol que sale del corazón y alimenta el espíritu cuando se ha logrado en medio del juego limpio y del esfuerzo, demostrando la genialidad de esos veintidós guerreros que se enfrentan durante 90 minutos para que sus seguidores sientan la potencia y aprendan lo que es luchar para lograr los ideales y ser los mejores.

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