Radicalismos peligrosos

Por: Javier Contreras.–

Lo sucedido con el atentado terrorista en el Centro Comercial Andino desnudó nuevamente lo que somos como colombianos. Desde hace unos cuantos años el país está dividido entre Uribistas y Santistas, entre los amigos de la paz y los enemigos de la paz, entre la derecha y la ultraderecha. Los términos medios desaparecieron en esta absurda visión de lo que sucede a nuestro alrededor.

En lugar de una solidaridad frente al acto criminal, las redes sociales se inundaron de mensajes de odio por parte de uno y otro bando, no se salvó ninguno. Sin importar quien arrancó con la andanada de odios las redes sociales se llenaron de mensajes en contra o a favor del gobierno, en contra o a favor de los uribistas.

Da tristeza que apenas se conoció sobre lo ocurrido, con los heridos apenas llegando al hospital, con el balance parcial de personas fallecidas y sin que las autoridades tuvieran la certeza de los autores del atentado, el país ya estaba en una discusión absurda. Las redes se iban llenando de palabras en las que se destilaba toda la pobredumbre posible.

Hubo quienes pidieron de inmediato la renuncia del Presidente Santos y adelantar las elecciones previstas para mayo del próximo año. Otros acusaron al gobierno de ser responsable como efecto de las negociaciones de paz con la guerrilla. Unos cuantos más salieron a decir que fue la ultraderecha y se atrevieron a señalar que era una acción con el sello del expresidente Uribe.

Y así se nos fue pasando la tarde noche del sábado, cientos de mensajes, miles de palabras con culpas ajenas y la solidaridad quedó en un segundo plano. Lo importante culpar a alguien o presumir quien era responsable. Nos olvidamos de las tres mujeres que murieron y de los heridos. Lo importante era utilizar políticamente el hecho. Volvió a salir lo que somos desde hace unos cuantos años: amigos o enemigos de la paz.

Aunque  hasta el momento no se sabe quién o quiénes fueron los autores del atentado criminal, el Presidente Santos ya ha hablado de indicios serios de los responsables. Esperamos que pronto se conozcan los resultados de las investigaciones, que quienes lo cometieron sean capturados, pero sobre todo que la verdad, sea cual sea, no sea utilizada políticamente. Lo importante es que estos hechos no queden en la impunidad.

El espectáculo en las redes sociales fue deprimente, los dos bandos en que se encuentra dividido el país quisieron sacar réditos propios y mientras tanto los que no pertenecemos a uno u otro quedamos a la espera de que los familiares de las víctimas y la sociedad entera tengamos pronto los resultados de las pesquisas y una respuesta concreta sobre quienes fueron los responsables de tan lamentable hecho.

Lo que sí es claro es que un hecho terrorista como el del CC Andino merece todo el repudio. No es posible que personas inocentes se sigan convirtiendo en víctimas del absurdo y la locura de unas mentes perversas. En eso no puede haber términos medios. Deberíamos unirnos como nación, repudiar lo sucedido y exigir acciones concretas para castigar a los responsables.

A quienes han cuestionado las negociaciones de La Habana no se les puede calificar de enemigos de la paz; a quienes respaldan los acuerdos no se les puede calificar de amigos del terrorismo. Ni lo uno ni lo otro. No todos los que se han opuesto ni los que han apoyado los diálogos son militantes de algún partido o movimiento político. Muchos de los que votaron SI o NO en el plebiscito por la paz lo hicieron por convicción personal. De manera que matricular a alguien como amigo o enemigo de la paz es un despropósito.

Todos tenemos derecho a opinar o a tener una posición distinta sobre lo que sucede en Colombia, pero por eso no ser descalificados. Los radicalismos peligrosos deben ser rechazados; las diferentes ideas y opiniones deben ser respetadas.

 

 

 

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