La culpa no es de Twitter

Por: Ricardo Galán.—

Hasta el 11 de septiembre de 2001 a nadie se le había ocurrido que un avión de pasajeros pudiera ser utilizado como un arma de destrucción masiva. 15 años después en Niza, Francia otro terrorista embistió con un camión contra una multitud que celebraba el Día de la Bastilla en el Paseo de los Ingleses.

Un avión y un camión, vehículos que el hombre inventó para transportar cosas y personas con mayor comodidad y rapidez, utilizados como arma terrorista.

Dos ejemplos para tratar de explicar que las malas no son las cosas sino el uso que hacemos de ellas. ¿Qué tienen que ver estos ejemplo con Twitter? Todo o nada, según se mire.

En las últimas dos semanas Twitter ha sido motivo de grandes discusiones en Colombia por cuenta de hechos baladíes, como que un dirigente político bloqueó a otros dos políticos porque no soportaba sus comentarios.

Por hechos graves como que a una periodista se la dedicaron todo un fin de semana para acusarla de estar aliada con paramilitares y narcotraficantes y estar al servicio de una causa política.

O por hechos que no se pueden admitir como que un político decide acusar a un periodista influyente de un delito gravísimo sin un solo indicio o prueba que lo demuestre.

Los tres casos tienen cosas en común el uso de Twitter, la política y los medios de comunicación…

En temporada de escándalos se dicen muchas cosas sobre Twitter, que es “la cloaca del mundo”, que “es el reproductor de odios jamás inventado”. O que “es la nueva plaza pública y una amenaza y se debe censurar”.

Como sea Twitter puede ser una herramienta muy útil para advertir el riesgo que representa para los viajeros el derrumbe de una montaña, la inminencia de una epidemia o un trancón en la autopista. También para promover un nuevo avance tecnológico, informarnos sobre le resultado de nuestro equipo de fútbol favorito o para felicitar al nuevo Premio Nobel de Literatura aún sin conocerlo.

Pero claro, también puede servir para coordinar un ataque terrorista, insultar, calumniar o desinformar. Como cualquier otro medio de comunicación.

Twitter, Facebook o las demás redes sociales no son el problema… La clave está en el uso que se les de y para eso la comunidad digital en su conjunto y los usuarios individualmente considerados debe fijar sus propias reglas. Yo, por ejemplo, tengo las mías:

  1. No sigo a desconocidos… Entendiendo como tales a personas que utilizan alias, se esconden detrás de máscaras o identidades falsas…
  2. Bloqueo a personas que me insultan, calumnian o agreden. Así como no le abro la puerta de mi casa a desconocidos, ladrones o atacantes… Mi cuenta enTwitter es como mi casa… Debo cuidarla igual…
  3. No uso Twitter para nada distinto a expresar mis opiniones sobre hechos, personas, empresas, bienes y servicios con respeto por su intimidad y su derecho al buen nombre. A nadie le digo ladrón, gamín, tarado o cosas por el estilo. Tampoco me burlo de las personas por su condición de discapacidad, raza, color, tendencia política o religiosa… Ni siquiera a los hinchas de equipos diferentes a Millonarios.
  4. Entiendo, acepto y predico que la “tal realidad virtual no existe”. Creo que hablar de realidad virtual es buscar una excusa para cometer todo tipo de abusos y tropelías en total impunidad. Las redes sociales, como los blogs, las páginas web o los podcast pertenecen a la “vida real” y, en consecuencia, nos dan los mismos derechos y obligaciones. La calumnia o el insulto en redes sociales deben ser castigados igual que en eso que llaman ‘la vida real’. A delitos y contravenciones iguales sanciones iguales.
  5. Hace unos años, recién llegaron los políticos a Twitter y ante la pelea a insulto limpio de dos presidentes latinoamericanos escribí una frase que hizo carrera: “Twitter es un medio caliente para cabezas frías” Desde entonces cuento hasta 10 antes de lanzar un trino para evitar meter la pata por reaccionar con la cabeza caliente ante un insulto o una injusticia por grave que me parezca. No se imaginan la cantidad de problemas que me he evitado.
  6. Cuando me equivoco admito el error, lo corrijo y me disculpo. Todos nos equivocamos alguna vez lo que no está bien es pretender que no ocurrió o tratar de justificarlo con frases como él empezó, esta furioso’ cosas así.

Una de las maravillas de las redes sociales como Twitter es que iguala a las personas.  Antes para que un ciudadano pudiera expresar su malestar sobre algún hecho o decisión debía acudir a la ‘generosidad’ de algún medio de comunicación que lo escuchar y accediera a publicar su opinión. O pagar para ser escuchado. Hoy no.

Cualquier persona puede crear gratis una cuenta en Twitter, Facebook, YouTube, WordPress o Spreaker y empezar a publicar sus opiniones libremente. Tendrá tanta audiencia como sea capaz de conquistar…

Es su derecho, pero también su responsabilidad.

Ahora bien, como todo lo relacionado con los seres humanos hay unas personas mas iguales que otras. Lideres políticos, artistas y periodistas tenemos cierta ventaja frente a un ciudadano de a pie como el reconocimiento de la sociedad o el liderazgo que ejercemos. Eso también implica una mayor responsabilidad.

Si vamos por ahí burlándonos de los demás, insultando y calumniando a diestra y siniestra no nos podremos quejar del efecto bumerán que ese comportamiento no traerá.

Mamá Zoila decía que uno no puede maltratar a una persona y esperar que esa persona baje siempre la cabeza. Lo hará algunas veces, pero llegará el día en que reaccione con fuerza y eso no nos va a gustar. Quienes tenemos algún grado de notoriedad o ejercemos algún tipo de liderazgo, seamos curas, políticos o periodistas debemos dar buen ejemplo. No podemos pretender que tenemos más derechos que obligaciones o que los insultos y las burlas son admisibles y justificables cuando se trata de nuestros rivales, pero condenables y censurables cuando nos afectan a nosotros o a nuestros amigos y colegas.

Equilibrio es el nombre del juego.

En conclusión queridos amigos, la culpa no es Twitter… La culpa de lo que pasa ahí es nuestra. De nadie mas. Si queremos respeto de los demás debemos darlo nosotros antes.

Si no queremos que nos insulten o calumnien, no insultemos, ni calumniemos.

Si no queremos leer mentiras, no las publiquemos, ni las repliquemos.

La culpa queridos amigos, no es Twitter es suya y mía. De todos.

No hay disculpa.

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