Inteligencia emocional y singularidad robótica, el futuro de los procesos de venta

Por: Óscar Velásquez.– 

En el contexto de evolución tecnológica y adaptación al que hoy en día las compañías deben someterse, se nos presenta la oportunidad de adelantarnos y pensar en lo que será el futuro de las tecnologías que podrían dar pie a una continuación en la progresiva optimización de los procesos de ventas, como son la inteligencia emocional y la singularidad robótica en el servicio hacia el ser humano.

Para hablar de una futura inteligencia emocional en las máquinas es necesario asumir que las fases previas en la inteligencia robótica o artificial ya estarán perfectamente implementadas. La inteligencia artificial será parte de nuestras vidas y las máquinas o robots sabrán interpretar datos que originalmente podrían parecer inconexos.

¿Qué es, entonces, la inteligencia emocional?Una inteligencia aplicada a robots cuyas decisiones no estarán únicamente basadas en datos estadísticos, sino que sabrán evaluar las repercusiones que dichas decisiones puedan provocar en el ser humano y serán capaces de establecer una causa-efecto basada en elementos no estadísticos como la alegría, la tristeza o el bienestar general. Asimismo, tendrán la capacidad de poder tomar ciertas decisiones que podemos calificar como difíciles pero que se harán por el bien que reportarán.

Si tenemos un robot en casa que aplica sus recursos, como el conocimiento de datos estadísticos generales y nuestros cuadros médicos y físicos personales, puede llegar un momento en el que nos defienda de aquello que no pudiera ser beneficioso para nuestra salud, incluso de nosotros mismos. En este caso si se comportara con nosotros de una manera diferente a la que se comportaría con otros seres humanos, en similares circunstancias, estaríamos hablando de singularidad robótica.

Podríamos poner el ejemplo en el que todos nuestros electrodomésticos están ya interconectados y los seres humanos no tenemos que tomar decisiones rutinarias pues estas ya son tomadas por nuestros ciberamigos. Nuestra nevera podría tener la inteligencia para pedir toda aquella comida que nosotros le hayamos dicho que pida regularmente si los niveles, por ejemplo, de leche caen por debajo de cierto número de bolsas.

Las máquinas que harán dichas compras por nosotros utilizarán todos los medios a su alcance: desde precios comparativos entre vendedores, posibles ofertas, reputación y rankings de diversos establecimientos, comparativas en redes sociales, análisis de noticias que pudiesen afectarnos y no hemos considerado como situaciones socio-políticas o climatológicas; todo contará a la hora de cuidar de “sus seres humanos”.

Pero esto no solo se aplicará al cliente sino también al vendedor. La inteligencia emocional podría aprovecharse en una empresa en la que un robot-vendedor aplicará su “inteligencia” en un supermercado que vende de manera interactiva alimentos.

En este caso la robotización y los procesos de ventas se verían alterados para llegar de la manera más rápida a los usuarios finales. Los robots estarán diseñados para enviar los productos que más interesen a la empresa o enviar productos promocionales adicionales con la esperanza de que, en el futuro, dichos productos pasen de ser una bonita oferta gratuita marketiniana a un elemento que se convierta en futuras compras y parte de lo que sería la “lista normal de la compra”.

  • (+) Director de Digitex en Colombia.
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