El Tercer Reino

Por: Andrés Felipe Castañeda.–

Como lo confesé en mi columna anterior, me estoy volviendo uribista, y esto se debe a que estoy muy preocupado por el futuro de la patria. Me preocupa, por ejemplo, que ahora los pobres se vayan a creer con derecho a tener casa propia, que los indígenas se crean con derecho a manifestarse, que el alcalde de Bogotá sea Petro. Uribe jamás lo habría permitido.

Y ahora, que por algún desafortunado motivo ha logrado infiltrarse en los medios de comunicación –los siempre insurgentes y mamertos medios en cabeza de comunistas de vereda como Hollman Morris- nuestra idea de dar un golpe de Estado y acabar con el régimen del bastardo y traidor de Santos, siento que tenemos el deber de actuar.

Los militares en buen uso del retiro que forman parte del ACORE tienen la obligación de formar y apoyar intelectualmente a quienes están en ejercicio para este importante movimiento por la restauración moral de Colombia.

Tenemos que unirnos para lograr la instauración del Tercer Reino, esta vez a perpetuidad, del nuestro Líder y salvador, doctor Álvaro Uribe Vélez. Ya puedo imaginarlo, tras el golpe, ingresando victorioso a la Casa de Nariño en solemne marcha de posesión definitiva de su cargo. Todos estaremos ahí, levantando la mano derecha como símbolo de respeto y admiración por él. Todos los asistentes usaremos en nuestro brazo derecho – es importantísimo que sea el derecho- el símbolo del Partido Nacional Uribista, que será en adelante el partido de gobierno.

Ingresaremos luego al Congreso para oficializar su derogación y convocar inmediatamente a una asamblea que reforme la Constitución para borrar todo signo de comunismo en nuestra carta magna y dar de una vez por todas al Líder el poder que merece para manejar los destinos de este país.

Imagino a Juan Lozano como su mano derecha: el que le lustra las botas y las insignias militares –que le serán otorgadas por su gran labor en el país- y limpiando el estrado y el micrófono previamente a cada intervención de Uribe.

Lo imagino a él sentado desde su silla, escribiendo en Twitter y dando discursos, inundándonos a todos con su infinita sabiduría. Roy Barreras será como esa gárgola furibunda sentada junto a su silla, la cual él acaricia mientras está en estado de reposo. Nombraremos a Fachito Santos Encargado Nacional de Comunicaciones para que controle lo que han de decir los medios que decidan traicionar a la patria y hacer parte de la oposición. Vicky Dávila y Claudia Gurisatti serán jefes de comunicaciones.

Andrés Felipe Arias será rescatado de la cárcel – ya entrados en gastos, vamos con toda- y será nombrado segundo al mando. Le pondremos un bozal para hacerlo ver más intimidante. Retomaremos la premisa de la mano fuerte.

Vamos a incendiar la Corte Suprema de Justicia, a rescatar al general Plazas Vega de su secuestro y se le hará entrega de un tanque. Él nos puede ayudar mucho.

Como Angelino le hace a lo que sea y sabemos que con tal de no quedarse sin un puesto nos va a apoyar, lo vamos a encargar de llevar al Píncher al patio cuando quiera ir al baño y de desenredar las cuerdas de Juan Lozano que hábilmente controla el Líder con su mano derecha –siempre con la derecha-, y también de darle la comida a Roy, que será siempre carroña. Sobre todo la que queda de la salud.

Modificaremos el Escudo Nacional: en vez de esa boina roja chavista, llevará el sombrero con el que Uribe monta caballo y un poncho. Y la imagen de Panamá será reemplazada por el croquis del Ubérrimo.

Imagino todo esto y me lleno de felicidad, se me hincha el pecho de la emoción y las notas del himno nacional –que será re escrito- retumban en mis oídos. Pronto, pronto llegará ese victorioso día. El traidor será destituido y cuando el salvador vuelva su reino –el Tercer Reino, el definitivo- no tendrá fin.

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