¿Quién protege a los trabajadores petroleros?

El 25 de junio de 2012, José del Carmen Aguilar Carreño quien se desempeñaba como Inspector de Líneas de la empresa Interconexión Eléctrica (ISA), fue asesinado en el municipio de Saravena, Arauca luego de ser secuestrado mientras efectuaba una comisión de trabajo.

El 19 de julio, José Ricardo Mora, arquitecto empleado de Sicim un contratista del Oleoducto Bicentenario fue asesinado cuando se dirigía a una reunión familiar en Tame, Arauca.

El 24 de julio, comandos guerrilleros del ELN sacaron de sus casas a la periodista Élida Parra Alfonso y a la ingeniera ambiental, Yina Paola Uribe. Una semana después admitió su secuestro y envió pruebas de supervivencia a sus familias. Las dos jóvenes, nativas de Arauca, son contratistas de empresas que prestan servicios al Oleoducto Bicentenario.

Antes de asesinar y secuestrar a trabajadores civiles indefensos, el ELN (Ejército de Liberación Nacional) había disparado cargas de fusil contra buses que transportaban obreros hacia sus sitios de trabajo y quemado camionetas que prestaban servicios a las compañías energéticas, entre otras acciones terroristas.

El grupo guerrillero decidió declarar objetivo militar a los trabajadores y pequeños contratistas que presten sus servicios a las empresas, extranjeras o colombianas, que construyen el Oleoducto Bicentenario, exploren o extraigan petróleo en el Departamento de Arauca.

¿Por qué decide el ELN amenazar, atentar, secuestrar y asesinar obreros y trabajadores rasos de las compañías petroleras en Arauca? Nadie los sabe con certeza. Quizá porque los altos ejecutivos de esas empresas no están en la región o tienen protección suficiente. Quizá porque a las obras y la infraestructura las cuidan el Ejército y la Policía de Colombia.

Quizá porque los obreros, trabajadores y contratistas pequeños no tiene quien los proteja. Quizá porque son indefensos y nadie protesta por su desaparición, secuestro o asesinato.

Sería bueno saber qué piensan los sindicatos y asociaciones de obreros, trabajadores y contratistas. Sería bueno saber qué piensan las comunidades de las que son miembros como hijos, hermanos, novios, esposos y padres de familia.

No los podemos dejar solos. La sociedad debería manifestarse en defensa de la integridad, libertad y vida de esos humildes trabajadores cuya única culpa consiste en haber obtenido un trabajo digno para llevar comida y bienestar a sus familias.

¿Seremos capaces de romper la indiferencia?

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