Bogotá, fue mi ciudad preferida para vivir

Por: Liliana María Gómez.–

Aunque no nací en Bogotá, vivo en está ciudad desde que tengo un año, aquí hice mis estudios, conocí a mis amigos, tuve al primer novio… Todas las primeras historias de mi vida, por muchos años, fueron en esta ciudad. Pero un día me fui para otro país y siempre suspiré por volver a la que siempre dije: “es mi ciudad preferida en el mundo para vivir”. Entonces, mientras pasé un año en Londres y seis en París cada día soñaba con volver.

 

Me acuerdo que yo decía que me hacían falta el caos, los huecos, el desorden y mis amigos de allá se reían y no lo podían creer. Yo mientras tanto seguía pensando que un día iba a volver a mi Bogotá. Este año se llegó la hora y lo he hecho. Digamos que desde hace 20 días estoy otra vez aquí y me encuentro que todo es gris, que la gente otra vez está aburrida, osca, oscura.  Que las calles están rotas, que el transporte público es inhumano, inseguro. He usado el Transmilenio algunas veces y me he bajado molesta, casi desmayada por la falta de aire y espacio.  He sufrido acosos sexuales de hombres que no respetan, me han empujado, he oído peleas, insultos, he visto la falta de solidaridad para ceder una silla, he visto y sufrido la falta de espacio, de movilidad.  Me he demorado horas en trayectos de minutos, he escuchado a taxistas que se quejan por sus condiciones de trabajo.

 

Además, me siento insegura, me da miedo salir, caminar, preguntar. Me siento en una jungla de cemento y desorden que sí me descuido me puede tragar y desaparecer. Y todo esto me pone triste y entonces, lo que hago es lo que hacemos muchos en este momento y es quejarme por esta ciudad caótica, desordenada, llena de huecos y trancones.

 

Pero sobre todo lo que más me impresiona es que hace siete años o un poco más, cuando me fui, quienes vivíamos en Bogotá veíamos con optimismo, hablábamos bien de Bogotá, nos sentíamos orgullosos de estar aquí. Hoy, en cambio, las conversaciones son pesimistas, llenas de peros y con pocos ánimos.  Se habla con tristeza, sin ganas, sin optimismo. Ya no hay sueños. Y lo anterior trae como percepción que quizá nadie esté queriendo a la ciudad, que de nuevo esté sucia, que nadie se interese por cuidarla, por volver a soñar.

 

Entonces, esto que escribo es para decir que también estoy triste, pero que aún así quiero una Bogotá como esa que nos dejaron Peñalosa y Mockus, una Bogotá que estaba 2.600 metros más cerca de las estrellas. No sé muy bien como hacerlo, por eso desde aquí, desde este espacio, quiero invitarlos a volver a soñar y a volver a encontrar razones para querer a Bogotá. Mis razones quizá están en el pasado, en los recuerdos y hoy no veo casi nada de positivo. Pero sé que voy a encontrar, con ustedes, motivos para seguir pensando que esta “es mi ciudad preferida para vivir”.

 

 

Tags:

Comments are closed.