La vida es inviolable… la dignidad también

Por: Andrés Felipe Castañeda.–

En el Congreso de la República cursa una iniciativa para legalizar la práctica de la eutanasia en Colombia. En los últimos días el debate se ha recrudecido, las opiniones son diversas y el tema ha generado el rechazo –como es costumbre- de los sectores más estrictamente conservadores del país.

La eutanasia es una práctica médica que se utiliza en casos extremos en los cuales un paciente parece una enfermedad incurable o en etapa terminal y para quien los cuidados paliativos –medicamentos para controlar o aminorar el dolor- ya no son suficientes. En todos los casos, la decisión es tomada por el paciente y en ningún momento se trata de una arbitrariedad médica, pues siempre existe un tratamiento anterior.

El procedimiento es sencillo: una vez tomada la decisión por parte del paciente, el médico aplica una dosis de anestesia que supera en un 50% la utilizada para un procedimiento quirúrgico ordinario. Posteriormente, aplica una inyección que actúa como un sedante al corazón y que no genera un paro cardiaco sino una relajación paulatina de su movimiento. De esta manera, el corazón deja de bombear sangre al resto del cuerpo, que en aproximadamente 3 minutos consume el oxígeno que tiene como reserva y finalmente el deceso se presenta. Es una muerte limpia, una muerte digna.

Y lo digo porque comparada con muchas muertes que ocurren diariamente en el país y en el mundo, esta es una muerte digna. Pero este no es el punto. Lo realmente conducente es que, comparado con el sufrimiento que padece una persona con una enfermedad en etapa terminal a quien los dolores ya no permiten un desarrollo normal de su vida, para quien los medicamentos y demás tratamientos ya no surten efecto y para quien su existencia termina resumida a una cama de hospital, la muerte en estas condiciones es una situación deseable. A nadie le gusta el dolor. Ninguna persona quiere sufrirlo.

Sin embargo, como ya he mencionado, esta iniciativa ha encontrado el ferviente rechazo de sectores reaccionarios de la sociedad colombiana. Estas personas, haciendo uso de su derecho constitucional a expresarse, se oponen a esta práctica con argumentos principalmente morales extraídos de sus creencias religiosas. Si la vida es de Dios o cualquier otro ser intangible, invisible y supuestamente todopoderoso, no lo voy a discutir. No es un tema jurídica ni periodísticamente relevante, es en extremo subjetivo. La Constitución Política de Colombia de 1991 separó definitivamente la Iglesia del Estado y como es evidente, las políticas del gobierno no se rigen por caprichos divinos ni por oraciones de señoras rezanderas. No se pueden generar normas de trascendencia política –y en este caso, también económica- teniendo como base una creencia religiosa.

También existen en este grupo, claro está, quienes desean aportar argumentos jurídicos a la discusión. Todos se resumen en esencia a uno solo. Senadores como Hernán Andrade del Partido Conservador que se declara un defensor de la vida y por eso rechaza la iniciativa. Es también el caso del Senador por el Partido de la U, miembro de la Comisión Primera, Juan Carlos Vélez Uribe, quien el pasado 9 de octubre declaró en el programa radial Hora 20: “La 1ra razón por la que voté en contra de la eutanasia es porque es una violación fragante al Art 11 de la constitución”.

Aunque respetable, es un argumento inválido. El artículo 11 de la Constitución Política, consagrado en el Título II “De los derechos, las garantías y los deberes” decreta: “El derecho a la vida es inviolable. No habrá pena de muerte.”

Esto supone que para que una persona sea condenada a muerte debe existir un fallo de un juez de la República y una sentencia definitiva por medio de la cual se condene a una persona a la pena capital. Me permito recordar que padecer una enfermedad no es un delito.

Por el contrario, negar a una persona la posibilidad de morir en caso de una situación médica incurable constituiría una violación al artículo 18 de la Constitución: “Se garantiza la libertad de conciencia. Nadie será molestado por razón de sus convicciones o creencias ni compelido a revelarlas ni obligado a actuar contra su conciencia.” Esto supone también, por supuesto que en caso de ser aprobada, un médico podría negarse a practicar la eutanasia argumentando sus convicciones políticas y creencias religiosas.

El derecho a la vida es inviolable, así lo dice la Constitución y la Declaración Universal de los derechos Humanos en su artículo 3: Todo individuo tiene derecho a la vida, a la libertad y a la seguridad de su persona.” pero la vida no se resume al simple acto de respirar. Es la dignidad la que realmente enaltece la condición humana y cuando las condiciones de vida no cumplen este principio como es el caso de una patología médica irreversible e incurable, la figura del Derecho a Morir Dignamente no es otra cosa que una extensión del derecho universal a la dignidad y a la vida… a la vida en dignidad.

No debe considerarse la práctica de la eutanasia como un asesinato ni mucho menos perseguir a quienes la practiquen, pues en este caso no habría que condenar no solamente a los médicos que la realicen sino también a los pacientes que desean someterse a ella y en muchos casos a sus familiares y esto resultaría arbitrario.

Lo que si debe generar Colombia son garantías jurídicas para que las personas que quieran recurrir a ella puedan hacerlo y los médicos que la practiquen no sean judicializados ni tratados como criminales.

Para finalizar, quiero reiterar algo: la vida es inviolable, sagrada ni se le quiere llamar así, pero la dignidad también lo es. Y es la vida en dignidad la que realmente importa.
@kaozlibertad

 

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