Por: Carlos Obregón.–
Algo no cuadra del todo en esta película, “Los Descendientes”, nominada a cinco premios Oscar, y protagonizada por el buen actor George Clooney. El tema es interesante, no hay duda, pero la resolución del drama no es lo que se espera cuando lleguen las escenas de cierre.
Todo gira alrededor de la situación familiar del exitoso abogado Matt King (Clooney), que vive en una de las islas de Hawai más dedicado a engrosar su chequera que a cultivar el amor y el cuidado necesarios para su esposa y sus dos hijas hasta cuando ella sufre un fatal accidente a bordo de un bote en las lejanas aguas del Pacífico. La incapacidad física de la esposa le cambian la vida al desentendido padre que no sabe cómo manejar la precocidad de la pequeña Scottie, de diez años, ni los problemas de alcoholismo y rebeldía de Alexandra, de 17. Solo en esas condiciones entiende que ha fallado y a partir de ahí intenta recomponer el tejido familiar en medio del dolor de ver a su esposa conectada a respiradores en el hospital. El ingrediente adicional al drama lo condimenta muy bien el director Alexander Payne con el hecho de que Matt es quien tiene en sus manos el poder legal para vender las últimas tierras vírgenes de la isla, heredadas por sus millonarios antepasados a un puñado de holgazanes primos que aguardan la hora de la venta de las propiedades .
La conjunción de drama familiar con reparto de herencia es la madeja que el director de la película logra anudar con maestría para atrapar al espectador. En efecto, la película da un giro a partir del momento en que el abogado King se entera por su hija mayor que la agonizante esposa le ha sido infiel. Entonces se dedica a ubicar al amante por cielo, mar y tierra, literalmente, como si se tratara de la cacería de un sospechoso delincuente. La expedición con familia a bordo en pos de ese propósito está llena de situaciones que en ocasiones parecen de una comedia barata: montar una ridícula estrategia para caerle al atardecer al Don Juan en la cabaña donde disfruta de unos días de descanso con su familia. Saciar el morbo para saber de las condiciones de modo, tiempo y lugar en que se dio la infidelidad parecería ser la mejor forma de conjurar la pena que agobia al burlado esposo. Y obvio la venganza: no habrá la más mínima posibilidad de que el señor abogado permita que quien sedujo a su esposa se gane la millonaria comisión por la venta de las tierras de sus primos.
Así, lo que al comienzo pinta como la interesante conversión de un acaudalado hombre de leyes en un esposo que luchará con sus hijas para salvar a un ser amado agonizante, termina siendo la aventura para castigar a quien ofendió el honor familiar. La actuación de Clooney y el buen humor salvan la reputación del director.
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