El Ojo del Halkón: No más violencia entre hermanos

El Ojo del Halkón: No más violencia entre hermanos

Por: Rudames.–

BOGOTA, 31 de Agosto ­_RAM_ Sin lugar a dudas el más sorprendido de todos con las protestas campesinas fue el propio Gobierno, nadie creía que la cosa se desbordara de manera tal que el país estuviera al borde de un colapso en donde el desabastecimiento de alimentos era tal, que puso a temblar a medio país.

La falta de una política agraria estructurada, es sin lugar a dudas la mecha que encendió los ánimos de los labriegos colombianos que ya cansados de esperar soluciones por parte del Gobierno y de estar relegados a segundos planos no aguantaron más y dieron el grito, un grito lastimero en el que decían simplemente, nosotros existimos y somos los que damos el alimento a la población colombiana, sin importar las clases sociales o si se tratara de pobres o ricos y esa era una gran verdad, no era, es una gran verdad, el campo siempre ha estado relegado y como el comentario que hacía hace algunos días, esta es una herencia que le han dejado los gobiernos anteriores al actual Presidente, ex presidentes que no se han atrevido a hablar al respecto y que se han resguardado en sus guaridas, para que no se les señale como responsables de lo que está sucediendo, esto es de todos y todos tenemos responsabilidad de evitar que los paros campesinos sean cada día más fuertes y sin soluciones y que no nos hagamos los desentendidos y seamos conscientes que los hombres del campo lo que está pidiendo es justo y que no es la respuesta positiva lo que hacen algunos funcionarios del gobierno, entre ellos los Ministros, cuando salen a decir simple y llanamente que no han más recursos y que los que se han asignado son suficientes para responder al sector agrario. Se ha respondido a los cafeteros de manera positiva, pero a donde quedan los papicultores, los productores de leche y los demás renglones de la agricultura colombiana…

Lo peor del asunto es que fuerzas extrañas se han aprovechado de lo que ha sucedido y también a sido bastante mala la oportunidad que ha dado el presidente Santos en algunas de sus declaraciones, cuando dijo que el paro no era el paro que esperaban, luego que las cosas estaban mejorando, y al final tuvo que reconocer que el asunto se le estaba saliendo de las manos y que no estaba tratando con ningunos tontos, sino con gente muy inteligente, porque el campesino es callado, trabajador y respetuoso, pero no tiene nada de bobo y sabe cuáles son sus derechos.

Decía el titular del editorial del diario económico La República algo muy concreto “Las moralejas de la rebelión de las ruanas”. Sí señor, que verdad, se rebelaron las ruanas, esas que no sirven simplemente para que no haya frio, sino también para guardar grandes sentimientos y hacer un país bastante grande y de vocación agrícola, como es el nuestro.

Mucha gente se hizo los de la oreja gorda, no pensaron que las cosas se podían volver más difíciles y no se les dio importancia a los que de verdad son los que mueven la economía colombiana y que en estos momentos temen por la forma en que el Gobierno está firmando tratados de libre comercio, con diferentes países del mundo, países que subsidian a sus campesinos, y que pueden dar los productos a menores precios que en Colombia, porque aquí sale más caro un litro de leche nacional que la bolsa en polvo que se trae del exterior.

Una competencia desleal, la que solo se soluciona con un gran programa agrícola por parte del Gobierno, como el que anunció el presidente Santos que entrará en marcha a mediados del mes de septiembre y que fue la promesa para que se levantaran los bloqueos en los diferentes sectores del país.

Estamos de acuerdo con el paro campesino, con sus exigencias, con el deseo de hacer respetar y de conseguir lo que se merecen, pero lo que si nos parece grave es que se hayan infiltrado personajes funestos, que pusieron en jaque no solo a las autoridades sino a la población civil, que se vio amenazada, cuando comenzaron las asonadas y la violencia en las principales capitales y en varias regiones.

No hay derecho que la Capital de la República haya resultado sitiada de un momento a otro, que se hayan enfrentado policías y civiles, que como resultado de lo anterior varios ciudadanos hayan quedado en la ruina al ver saqueados sus negocios y lo peor de todo, que hay habido pérdidas de vidas humanas.

Aquí podemos exclamar, somos más los colombianos de bien que los violentos y da tristeza que se le pague una vil moneda a nuestros jóvenes para que salgan a las calles a acabar con el patrimonio público y civil, y que las cosas queden como si no hubiera pasado nada, mientras que la imagen que presentamos ante el mundo es cruel, como si fuéramos todo un pueblo violento y sin principios, porque hay que recordar que las noticias malas son las que se ganan los primeros planos y titulares en los rotativos del mundo.

No es justo que haya tanta violencia entre hermanos, que los policías sean atacados y que estos a la vez, no todos, ataquen a la población civil, que por el comportamiento de algunos pocos les pierde el respeto.

Ahora queda esperar que el Gobierno cumpla con lo que ha ofrecido, que no sea la burocracia la que se imponga y que los trámites sean bastante engorrosos para conseguir lo que desean los campesinos y mucho menos que ahora se les prometa muchas cosas y que vuelvan a pasar más de cuarenta años para que tengan que volverse a levantar en protesta las futuras generaciones.

Los campesinos son pacíficos, pero los violentos aprovechan estas oportunidades, para que sea el caos el que reine por todos los lados.

Hacemos votos porque las mesas de conciliación arrojen los resultados esperados, porque se despeje todo el territorio colombiano y los campesinos regresen a sus parcelas y reine de nuevo la paz, por lo menos en este campo en toda Colombia.

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