WhatsApp

 

Por: Ricardo Galán.—

Ya nadie quiere hablar por teléfono, enviar un correo electrónico o conversar por Skype. Los celulares cada vez se usan menos para hablar a pesar de que por su diseño, la multitud de aplicaciones que aparecen todos los días y la llegada del 4G deberían aprovecharse mucho más.

Todo. O casi todo lo queremos hacer por WhatsApp. Estamos engolosinados con WhatsApp. Somos adictos a WhatsApp. Ya no hablamos, escribimos por WhatsApp. No enviamos correos electrónicos, escribimos por WhatsApp. Tampoco subimos o bajamos fotografías o videos, los compartimos por WhatsApp. Ni siquiera peleamos por teléfono, lo hacemos por WhatsApp.

Hasta nos inventamos un verbo: whatsapear. “Yo le “Whatsapeo más tarde”, decimos al despedirnos de un conocido. “Whatsapeame la foto”, le pedimos a quien nos dice tener la imagen que queremos ver.

Casi todo se puede hacer con o por WhatsApp. Vender, comprar, alquilar, pedir prestado, cobrar. Enamorar. Debatir. Ordenar y obedecer. Intrigar. Denuncia. Picar pleito. Enviar y recibir. Felicitar. Insultar. Atender o ignorar. Casi todo se puede hacer en Whatsapp.

No es una red social, pero cada día se les parece más. Podemos crear grupos para compartir información de manera colectiva, coordinar nuestras actividades académicas o laborales. Para cualquier cosa creamos un grupo en Whatsapp. Algunas veces hasta los repetimos o creamos varios grupos a los que pertenecen las mismas personas.

Abusamos tanto creando grupos en WhatsApp que, por momentos, llegan a ser insoportables. Confundimos las conversaciones o no respondemos a tiempo. Nos preguntan una cosa y respondemos otra. Nos explican un tema y entendemos otro.

Sin contar con el dolor de cuello, antebrazo y muñecas que nos produce escribir todo el tiempo para responder a todos los mensajes por WhatsApp.

WhatsApp es hoy lo que en su momento fueron el email, ICQ, Messenger, Hotmail, Yahoo, Blackberry y tantas otras aplicaciones que entraron el desuso porque llegaron otras que ofrecían más cosas, se podían utilizar en más dispositivos o porque nunca se actualizaron a tiempo. Eso no creo que vaya a pasar con WhatsApp que con frecuencia ofrece más y más utilidades.

Ruego a Dios para que WhatsApp desaparezca de la faz de la tierra, y de los celulares, como producto de una revolución igual a la que acabó con los grilletes: la rebelión contra la esclavitud.