Por: Alberto Díaz.–

Partido malo, flojísimo empate. Ocho mil entusiastas hinchas asistiendo, ocho mil desilusionados aficionados saliendo del estadio. El gol tempranero de Rangel hacía presagiar un buen encuentro pero las acciones fueron decayendo porque Millonarios se dejó enredar, perdió el balón, falló en la precisión de los pases, fue predecible, su ritmo lento y cansino y las repetidas jugadas de toque y nada de profundidad complicaron el juego así como el bajo nivel en la mayoría de jugadores, a falta de ritmo de juego. 

Vikonis atento en el arco, Cadavid y Díaz con actitud en defensa, Robayo corriendo en línea de volantes y Rangel adelante apenas inquietaron al rival. Candelo, esta vez unas de cal otras de arena. Ochoa y Machado deambulando por las bandas y flojos en ataque, Silva no despega, Villarreal a pura actitud, Nuñez correlón pero ansioso no aportó mucho. El cuadro caleño, cansón en marca y veloz en ataque inquietó y se llevó lo que buscó, el simple empate. Lunari nunca descifró el partido y tampoco arriesgó ni cambió el trámite, navega en medio de sus dudas y promesas. No se percibe trabajo táctico para responder a los ataques de equipos con delanteros rápidos y en la respuesta a los tiros de costado donde le llegaron de cabeza fácilmente. Por lo pronto no hay luz al final del túnel. Muchos nos preguntamos, porque el técnico no convoca otros jugadores disponibles de la nómina?. Descontento y rechifla fue el premio al final del partido. Ya la hinchada ha puesto sus héroes o mártires, ahora le toca al cuerpo técnico y jugadores.     

Arbitraje miope y farandulero, errático y frío como la noche bogotana. 

Albiazul saludo.

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