¿Y tras la gritería de Maduro, qué?

¿Y tras la gritería de Maduro, qué?

Por Armando Neira.–

 Ya le dijimos a Nicolás Maduro “Orangután”, “fascista”, “reencarnación de Hitler”, “peor que Donald Trump”,  “perfecto idiota latinoamericano”, “bestia insensible” y, por si había dudas, nos paramos en la frontera con megáfono en mano, para que escuchara, y también se lo escribimos en grandes caracteres y en portada: “Señor Maduro, Colombia se respeta”. Así como se lee. Para que aprenda que con nosotros no se mete porque somos los más machos.

Y él, entre tanto, no se amedrenta: “Desde Bogotá ahora nos están agrediendo; yo tengo pruebas que voy a mostrar de cómo desde Bogotá se está haciendo una campaña para matarme (…), lamentablemente con la anuencia y la vista gorda del Gobierno de Colombia, para asesinar al presidente Nicolás Maduro”, declaró en Vietnam.

Así es. Porque mientras los colombianos afirmamos que estamos ante la más estremecedora humillación de nuestra historia al ver a cientos de humildes compatriotas regresar vencidos, con rumbo incierto, por su culpa, él se fue de gira por Asia durante una semana.

Y allá le dio la vuelta a su discurso y no habló de la crisis económica de Venezuela sino que, muy solemne, clamó solidaridad urgente para nosotros. “América Latina y el Caribe deben ayudar a Colombia a hacer frente al éxodo humanitario de colombianos que huyen de su país”. Y soltó cifras: “Suman unos 800.000 los colombianos que en la última década han salido de su país huyendo del narcotráfico, el paramilitarismo, la guerra, el hambre, la falta de vivienda, la falta de humanidad”.

Y para la inmensa mayoría de la opinión pública nuestra, Maduro delira, perdió la cabeza por siempre y para siempre. Pero, parece que hay quienes le creen. ¿O cómo explicar lo que pasó en Washington, en la mismísima Organización de Estados Americanos? En dónde no fuimos capaces de convencer a la mayoría de los cancilleres de los 34 países de la OEA para una charla, una simple cita formal. “No. No nos interesa su cuento”, nos dijeron.

En efecto, el Consejo Permanente reunido este martes en sesión extraordinaria a petición de Colombia, rechazó nuestra propuesta por 17 votos a favor, 5 en contra, 11 abstenciones y una ausencia (Dominica). Es tal la indiferencia hacia nuestros problemas que un país ni siquiera se tomó la molestia de ir.

Queríamos contarle a los ministros de Exteriores lo que llamamos crisis humanitaria desatada por la deportación de más de mil colombianos que vivían en el estado de Táchira, además del drama de los cerca de 10.000 que, según la ONU, han retornado voluntariamente. Queríamos decirle al continente mire lo que está haciendo Maduro, qué horror. Pero nos dijeron que no. Que arreglemos eso nosotros.

Y así mientras buscamos en los diccionarios de sinónimos mas calificativos para insultar a Maduro, la televisión sigue mostrando a los niños nuestros en humillantes albergues. Tirados en la tierra que los vio nacer, en una nación que en simultánea dice que está haciendo con un juicio impecable la tarea para ser miembro del club de los países ricos: la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE).

A esa élite en la que está Europa, en donde a propósito también se discute acerca de una tragedia humanitaria. Italia, por ejemplo, anuncia que está desbordada por él éxodo masivo de inmigrantes. Solo en este verano entraron unos 50.000. En los dos últimos años 200.000.

Aquí son 11.000. Gente pobre, víctimas ahora revictimizadas. Entonces vienen las preguntas: ¿Y tras la gritería de Maduro qué? De ahora en adelante, ¿La escena de los niños durmiendo en la misma tierra es culpa de nosotros o del mandatario venezolano? Si queremos que nos abran la puerta en la OCDE deberíamos estar preparados para atender emergencias como ésta y no permitir que nuestros niños duerman a la intemperie, en condiciones tan humillantes.

“Ya les vamos a dar un subsidio de arriendo de 250.000 pesos mensuales a cada familia para que esto no ocurra”, anuncia el ministro del Interior, Juan Fernando Cristo. ¡250.000 pesos! Lo que vale la cuenta de un exclusivo restaurante en el parque de la 93 o en la zona G de Bogotá, entre cuyos comensales hay consenso: esta tragedia es culpa de Maduro.

Pd. Según dijo Javier Hernández Bonnet en Blu Radio, a Nairo Quintana aún no le han dado la casa que le prometió el Gobierno Nacional hace un año. Se la ofrecieron cuando regresó tras haber ganado el Giro de Italia. El volvió orgulloso, feliz y en primera clase. Si le incumplieron a él…