Subsidios a la inversa

Subsidios a la inversa

Los subsidios fueron creados con el objetivo de reducir la brecha entre ricos y pobres. La idea era que los ricos asumieran una parte de la tarifa que los pobres no podían pagar por la prestación de un servicio.

Así por ejemplo, los habitantes de Bogotá pertenecientes a los Estratos 5 y 6, la industria y el comercio pagaban un 20% más por un metro cúbico de agua o un kilovatio/hora de energía, mientras que los de Estratos 1 y 2 pagan un porcentaje mucho menor. Subsidios cruzados les decían.
Nadie protestaba porque se trataba de construir equidad. Con el paso de los años la idea se diluyó. En parte porque muchos pobres dejaron de serlo, en parte porque otros no lo eran tanto y en parte porque los ricos se cansaron de asumir de su bolsillo el gasto de los demás.

Lo que no está claro es a qué horas el proceso se invirtió y los pobres resultaron subsiando a los ricos. Subsidios a la inversa, los llamo yo.

Todo debió empezar con alguna crisis financiera. Como todos sabemos, aunque no todos lo aceptemos, las ganacias son de los dueños de los bancos, pero las pérdidas son de todos nosotros. Ningún país puede permitir la quiebra de su sistema financiero. Así cuando los bancos colapsan al Estado no le queda otra que crear un impuesto temporal para evitar la deblacle. En Colombia en donde nada hay más permanente que un impuesto temporal ese subsidio a la inversa se llama 4 por mil.

El asunto es que el principio según el cual las ganancias se privatizan, pero las pérdidas se socializan se extendió a otros sectores aunque con otros nombres y triquiñuelas. En el sector eléctrico, lo acabamos de descubrir, el subsidio a la inversa se llama cargo por capacidad o cargo por confiabilidad. La idea después del apagón de los 90’s era que los usuarios pagaramos una sobretasa al precio de la energía disque para evitarnos el apagón. Cosa que por ahora no está garantizada porque los generadores se gastaron esa platica en otros menesteres y ahora nos toca pagar, otra “sobretasa temporal” para sacarlos del apuro.

Hoy, por cuenta de un fallo de la Corte Constitucional del que nadie parece querer hablar, nos enteramos de que, entre gallos y medianoche, el gobierno nos embutió una sobretasa de mas de mil pesos en el precio de la gasolina con la disculpa de ahorrar en épocas de vacas gordas para cuando llegue la hora de las vacas flacas. ¿En qué y para qué? Ni idea, el ministro de Minas, Tomás González no supo explicarlo en la radio.

Y como el mal ejemplo cunde, el próximo gobierno de Bogotá no anuncia la creación de una sobretasa de $2.000 en la factura de los parqueaderos para financiar a los “pobrecitos” empresarios del SITP que según dicen andan quebrados. Así como lo leen, los transportadores estan a punto de entrar al exclusivo club de quienes profesan y se benefician de la doctrina según la cual “las ganancias son mías” las pérdidas son de todos.

¿Será que los bogotanos nos dejamos clavar ese nuevo “subsidio a la inversa”? Capaces que si.