Desde el principio se sabía que la estrategia no iba a funcionar. Tratar de convencer a los colombianos de que Germán Vargas Lleras, ministro estrella en el primer gobierno de Juan Manuel Santos y su vicepresidente durante los tres primeros años de su segundo periodo, no sólo era torpe sino irrespetuoso con los electores. Era dar por sentado que la gente es boba y les iba a comprar el cuento de que Vargas estuvo siete años en el poder en contra de su voluntad.

Pero las encuestas y las redes sociales se encargaron de demostrarles la equivocación. Ese 6% en que se estancó Vargas en la intención de voto en todas las mediciones fue una señal contundente.

Desde su campaña y el mismo exvicepresidente trataron de justificar ese cuarto lugar, lejos de los favoritos, con el argumento cierto de que los primeros había estado en la boca de todo el mundo gracias a su participación en las consultas partidistas. Pero esa es sólo una parte de la explicación.

La verdad es que haber asumido el papel de Judas no le sirvió a Vargas para quitarse de encima el lastre que para le significa ser el candidato de la continuidad.

Y es que no podía funcionar una estrategia que se contradecía así misma pues para demostrar su experiencia y eficacia como gobernante Vargas tiene que cobrar los éxitos que alcanzó como ministro y Vicepresidente. Logros que le reconocemos los colombianos.

Para colmo de males esa contradicción confundió también a los caciques políticos y la maquinaria que es una de las fortalezas del candidato de Cambio Radical partido del que también renegó al tratar de tomar distancia de los corruptos que lo conforman. Estrategia que tampoco surtió efecto dicho sea de paso.

La señal para los caciques no era clara. ¿Al fin qué, Vargas Lleras es o no es el candidato de Santos? se preguntaban al escuchar sus criticas al gobierno con la misma vehemencia con que lo había defendido durante 7 años.

Y, como ya sabemos, nadie más desleal que un político asustado ante la posibilidad de perder poder por remota que parezca. Cuando suenan las alarmas los caciques, especialmente si ya consiguieron su reelección, suelen buscar abrigo en el sol que más caliente. Sin asco. Sin preocuparse de que los llamen traidores. Para ellos lo que importa es mantener la teta que los alimenta. Ahí están Benedetti y Barreras para demostrarlo.

  • Giro a la izquierda

Con un 6% reiterativo en las todas encuestas y los políticos en estampida a Germán Vargas y al Gobierno no les quedó mas remedio que salir del closet.

Vargas volvió a defender el proceso de paz y a calificar la administración de Juan Manuel Santos como la mejor de la historia. Santos, por su parte, le ordenó a su partido de la U, apoyar a su Vicepresidente y desde el Palacio de Nariño lo empezaron a defender.

Cómo de lo que se trata es de derrotar al uribista Iván Duque, el verdadero coco para el Gobierno y las Farc por encima de Gustavo Petro, entonces Vargas y el gobierno empezaron a recordarle su pasado santista.

En algo inusual, por no decir ilegal, John Jairo Ocampo, asesor presidencial y vocero oficial del régimen salió a contestar a un trino que mostraba con hechos el giro que el Gobierno y el candidato estaban dando para admitir públicamente que si, que Germán Vargas Lleras es el Candidato del Presidente.

“Dicen que Duque también trabajó con Santos. Las oportunidades se las dio Santos en Buen Gobierno en Hacienda en El BID. Humberto de la Calle hizo el acuerdo de paz con Santos. Entonces todos son de Santos ¿?”. Escribió el servidor público en su cuenta de Twitter. Desde Barranquilla Vargas repitió lo dicho por el asesor.

¿Hacia donde apunta la nueva estrategia de la campaña de Germán Vargas Lleras? A recuperar el terreno perdido en las encuestas y la opinión pública para conseguir los votos que le permitan forzar una segunda vuelta electoral contra Iván Duque. Si. Aún corriendo el riesgo de que, por andar en esas, Gustavo Petro se quede con el trofeo, como ya ocurrió en la Alcaldía de Bogotá.

¿Cómo? Asumiendo el rol del que nunca debió renegar, Vargas Lleras es el Candidato del Presidente Juan Manuel Santos. Punto. Entre otras cosas porque serlo no es tan perjudicial como parece si uno se atiene a los resultados que pregonan sus integrantes y defensores. A estas alturas de la campaña está demostrado que a Vargas le ha hecho más daño su indecisión que ser el candidato oficial del continuismo.

¿Qué sigue? Estar atentos a ver si asumir de frente su papel como candidato oficial del Gobierno les sirve para subir en las encuestas, frenar la estampida de los caciques y alinear las fuerzas que lo respaldan hasta convertirse en un candidato viable. Estatus que hoy no tiene a pesar de tener detrás tres partidos políticos, un gobierno, varios medios de comunicación y centenares de contratistas agradecidos y dispuestos a asumir los gastos de su campaña.