Copa América: en la búsqueda de nuevos líderes positivos

Por: Ezequiel Kieczkier * 

Con el fin de la primera tanda de partidos de la Copa América es inevitable que nos invada el entusiasmo de ver jugar a nuestra Selección.

Pero el fútbol es exitista, vive y respira en la inmediatez, sin lugar para segundos. Bajo la misma lógica, muchas veces, se gestionan los equipos: partido a partido. En el fútbol de Latinoamérica los proyectos de largo plazo son la excepción y no la regla.

Por eso que este no es un campeonato en el que estemos viendo grandes “choques de estilos” o filosofías de juego de larga data, sino que se destacará por poner a prueba los nuevos liderazgos o un gran número de ensay

os sin mayores explicaciones que “equipo que gana no se toca”.

Me refiero a que Brasil, el anfitrión, llegó sin su principal figura, Neymar da Silva Santos Júnior; la Selección de Colombia busca su primer título internacional sin la dirección de José Pekerman; y hasta la Argentina, que mantiene la delantera de “caudillos”, en el banco tiene un DT frente a su primera gran prueba. Son selecciones en etapa de transición.

Por naturaleza, en cualquier proceso de cambio nuestra primera reacción es conectar con la amenaza. Ante la partida de un liderazgo visible, marcado y probado, nos concentramos en el hecho de que quien estaba guiándonos ya no lo está, y perdemos de vista que es el momento propicio para despertar nuevos referentes.

Por ejemplo, ¿quién podía pensar tan solo semanas atrás una Selección brasileña sin Neymar? Será interesante ver si aparecen nuevas figuras que, atentas a esta chance única e inesperada, se “carguen al hombro” el desafío de una Copa América de local. El empate frente a Venezuela dejó algunas dudas sobre la respuesta a esta pregunta.

Pero quizás lo mejor que le podría ocurrir a Brasil es ver cómo se reorganiza su plantel. Los grupos más sólidos son aquellos que no dependen de una figura y que saben reacoplarse en su ausencia. Si no lo logran, lo m

ás probable es que no hayan estado funcionando realmente como un equipo.

Lo mismo ocurre con los DT: no solo comprobaremos las capacidades de quienes dirigen hoy las Selecciones sino también lo que supieron construir (o no) quienes los precedieron. Cuando un líder es bueno, la impronta que deja sobre la organización sobrepasa su actuación. Por eso hablamos de líderes positivos cuando podemos mencionar no solo sus resultados –goles, campeonatos, medallas- sino también un legado que los trasciende y sobre el cual se pueden apoyar quienes los sucedan.

El autor Richard Barrett, en su modelo piramidal de evolución de la “conciencia” de las organizaciones y sus líderes, ubica en el máximo nivel a aquellos que alcanzan ese estadío de humildad, en el cual el propósito y el bienestar de la entidad se vuelven más importantes que su reconocimiento personal.

En las empresas comprobamos todo el tiempo la diferencia entre las que planifican su sucesión y las que son víctimas de cambios abruptos y frecuentes de liderazgo, como ocurre en el fútbol. Tendemos a pensar ese recambio como la destrucción de todo lo anterior, cuando lo que debemos lograr es una integración que identifique lo que vale la pena conservar y reestructurar el modelo en torno a la nueva visión, porun lado, y a las capacidades del equipo por el otro.

Por ejemplo, ¿podrá Carlos Queiroz evolucionar la visión de Pekerman en su primer desafío internacional? Esa duda despejaremos en la segunda fase de la Copa América.

Pero hasta Lionel Scaloni tiene una oportunidad: mostrar que aun de los peores ejemplos de liderazgo podemos aprender por oposición. Habiendo participado de la “cocina” del Mundial de Rusia, él mejor que nadie puede entender qué tiene que hacer distinto de Jorge Sampaoli.

La contracara es la trayectoria del “maestro” Oscar Tabarez, quien atravesó todo el circuito del fútbol uruguayo y dejó una marca que perdurará incluso una vez que ya no esté frente a la Selección “celeste”. El equipo rioplatense tiene una verdadera oportunidad en la región si logra planificar la sucesión de este referente emblemático.

La clave es generar modelos de liderazgo con mayor nivel de humildad, que logren aprovechar el pasado para transformar el futuro. Los egos lo dificultan, pero la única forma de que un equipo atraviese con éxito una transición es cuando prima la actitud y el valor grupal por sobre el individuo.

*Socio Fundador de Olivia (www.olivia-la.com)