Por: Álvaro Concha Henao

Circula en las redes un mensaje suyo, doctor Homes, llamando a la creación de un movimiento político en defensa de los derechos de los mayores de setenta años, porque, según sus palabras, el trato de abuelitos dado por el presidente de la república, así como un encierro más estricto que el del perro de la casa, son elementos que configuran una violación de esos derechos en medio de la pandemia del Corona Virus. Y en un lenguaje descortés llama mocoso al primer mandatario. Para empezar quiero decirle, doctor Homes, que soy dos años mayor que usted. Y soy abuelito, así me dice mi nieta. ¿Usted no lo es? Llama la atención su reclamo, el cual, dicho sea de paso, parece una queja de viejito gruñón en medio de la grave crisis generada por la emergencia sanitaria.

Claro que esto tal vez no le importe, pues, como se sabe, usted generó una crisis peor e irreversible en la economía del país cuando lideró el llamado kínder de otro joven -¿alguna vez lo llamó mocoso?- el presidente Gaviria de 43 años entonces. ¿Recuerda que usted contribuyó a la quiebra de la industria nacional al imponer la llamada apertura económica? ¿Y que arruinó la agricultura al subir las importaciones agrícolas de

700.000 a más de 7 millones de toneladas en un país tradicionalmente agropecuario? ¿No le parece ridículo, irresponsable y contraevidente su lamento cuando las cifras indican que más del 80 por ciento de las muertes por el Covid han ocurrido en mayores de sesenta años en Colombia? Al hacer caso omiso de esos datos y de las medidas importantes en el manejo de esta pandemia, adoptadas por el presidente en todos los terrenos, usted se comporta como un viejito insensato. «Cuando habla un hombre inteligente, siempre hay un tonto que le critica la corbata», decía un amigo mío al citar a un pensador cuyo nombre no recuerdo. Muchos contemporáneos míos están listos para sumarse a su movimiento. Yo no, y conmigo muchos más. Si quisiera hacer política en medio de las dificultades, nada más fácil que rasgarse las vestiduras por el supuesto insulto, que a diario me profiere mi nieta al llamarme abuelito. Y quiero creer que usted tiene una motivación política, porque de lo contrario su reclamo pasaría de ser el oportunismo de un viejo socarrón para convertirse en la rabieta de un anciano irracional. Escoja. Si usted pretende hacer oposición con tan peregrinas consignas, doctor Homes, es señal de que está senil. Cuídese.

Reconozca que usted y yo, y todos nuestros coetáneos, sufrimos de una gran debilidad en nuestro sistema inmunológico, que no se fortalecerá empuñando una bandera política, cuasi hippie, a la cual están prestos a sumarse todos los que buscan el pierde del doctor Duque. Reconozca también que hay que saber envejecer, principalmente de la cabeza. Con el debido cuidado en el régimen de vida nuestra salud física, mental y emocional estará en buenas condiciones. Tenemos la oportunidad de ver lo que los jóvenes no ven. No haga lo posible porque con su comportamiento aquéllos alimenten aún más su prejuicio contra los mayores, prejuicio del cual usted también debió padecer al ver con ternura y mucha consideración a sus abuelos. Yo padecí de esa predisposición, propia de la juventud, en la relación con ellos, quienes, por la cultura imperante en aquellos tiempos, sí se portaban como ancianos, y así los tratábamos. Por eso uno no debe decir ni hacer cosas de viejo porque lo tratarán como a viejo, doctor Homes. Puede hacer caso omiso de mi recomendación. Alguna vez que necesité ir a la hemeroteca de la Luis Ángel Arango por una investigación para un libro que estoy terminando, no me atreví a irme en mi carro, y contra toda la oposición de mis

hijos tomé un bus de Transmilenio. Iba de pie. En algún momento, una joven se paró de su puesto y me lo cedió. La verdad que yo me sorprendí. Porque nunca me visualizo como un viejo, así la realidad social me lo recuerde, pero por supuesto acepté la amable invitación. Y seguí siendo el mismo joven con un cuerpo de más años y sin que por ello me ofendiera con la chica, como sí le ocurrió a un amigo mío quien se molestó mucho en una circunstancia similar. Creo que usted se hubiera ofendido, doctor Homes, o tal vez no, porque quizás allí no había una ganancia política y sí la gran comodidad de viajar sentado. Para terminar, quiero contarle lo que respondió un anciano cuando le preguntaron su edad. «Tengo quince años», dijo.

Ante la sorpresa de su interlocutor, agregó: «Sí, ese es el activo que me queda por disfrutar, los ochenta que cumplí son un pasivo que ya no me pertenece». Disfrute, doctor Homes, y si quiere hacer política, hágala con propuestas de hombre de Estado que le sirvan al país, como el restablecimiento de la industria y la agricultura que usted contribuyó a arruinar, no con pendejadas de viejito.

 

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