Un reto formidable

La decisión de la Sala de Instrucción de la Corte Suprema de Justicia de ordenar la detención del Senador Álvaro Uribe es un reto formidable en este momento de la historia de Colombia…

Es un reto para los propios magistrados y la Corte que representan porque tendrán que demostrar que tomaron una decisión en derecho, ajustada a la Constitución y a la Ley, libre de prejuicios personales, sin intenciones políticas y sin sed de venganza y que todas las decisiones por tomar estarán libres de toda sospecha. 

Para el Senador, Alvaro Uribe porque tendrá que demostrar que es capaz de aceptar con humildad las decisiones de la Corte Suprema de Justicia, su juez natural como quiera que los delitos que se le atribuyen pudieron haber sido cometidos durante su ejercicio como congresista y que, como cualquier colombiano, tendrá la paciencia, la templanza y la inteligencia para demostrar su inocencia.

Para el gobierno y su Presidente porque tendrán que demostrar que son capaces de respetar la separación de poderes que ordena nuestra Constitución y que tomará la distancia necesaria para no tratar de influir en la Justicia en busca de un trato preferencial para el jefe de su partido el Centro Democrático.

Para los políticos. Para todos los políticos que tendrán que serenar sus ánimos y tener prudencia y paciencia para no arrastrar al país a una guerra cuyas únicas causas sean la vanidad, el odio y los intereses personales. 

Un reto formidable para que controlen su euforia quienes hoy quieren reclamar victoria anticipada cuando apenas se inicia el recorrido de un camino incierto, desconocido, lleno de encrucijadas, de subidas y bajadas. Lo sensato, lo que indica el sentido común, es aguantar las ganas de cobrar hasta saber con certeza si en realidad, de verdad, verdad queda algo por qué celebrar.

Un reto para los seguidores del expresidente. Todos sus seguidores, especialmente para quienes son legisladores y gobernantes. Tendrán que actuar con transparencia absoluta. Sin caer en el desespero. Sin dejarse llevar por el afán y la cabeza caliente. El rencor y la venganza son malos consejeros.

Un reto para los medios de comunicación, los de antes y los de ahora. Deberán – deberemos- demostrar que somos capaces de aplicar a raja tabla los principios básicos del oficio. Que reportaremos los hechos tal cual ocurrieron y no cómo quisiéramos que fueran o creamos que es más conveniente para nuestros afectos y tendencias. Tenemos la inmensa responsabilidad de no contribuir a enardecer los ánimos e incentivar el odio y la polarización. 

Tenemos el deber, la obligación, de ayudarle a la gente a entender lo que está  pasando y cuáles son las consecuencias de acuerdo con nuestro leal saber y entender dándole las mismas oportunidades a todas las voces de ser escuchadas. 

Tenemos todos los colombianos un inmenso reto como sociedad y como país. El de aprovechar de una buena vez la coyuntura para poner orden. Para recuperar la libertad. Para restaurar la confianza en la justicia, en el gobierno, en el Congreso, en nuestra institucionalidad. 

En nosotros mismos como personas, como familia, como país.

Los colombianos solemos presumir de sacar lo mejor de nosotros en tiempos de dificultad. Este es un momento de dificultad. El peor desde que ejerzo como periodista, pero sobretodo como ciudadano. No sólo el fallo de la Corte Suprema de Justicia.

Nunca antes habíamos tenido que decidir como morir. Como vivir. Estamos en la mitad de una pandemia que aún no sabemos como vencer. Qué nos tiene en la disyuntiva de morir en una sala de cuidados intensivos, lejos de las personas que amamos o morir de hambre tratando de no encontrarnos con la peste. 

¿Le vamos a agregar a esa tragedia que parece interminable una nueva razón para justificar la violencia? ¿Nos vamos a seguir matando entre hermanos porque dos o tres líderes no son capaces de resolver sus diferencias por las buenas?

No creo que eso sea inteligente. Tenemos que ser capaces de reinventarnos como se dice en esta época de revolución tecnológica, resiliencia y nuevas realidades. 

No puede ser que al despertar en esa nueva realidad que hoy nos venden como la versión 4.0 de la tierra prometida nos encontremos con qué  es igual o peor a la anterior.

Tenemos el reto de enfriar la cabeza. Hacer un alto en el andar. Pensar. Decidir si queremos más de lo mismo o vamos a cambiar. Si escogemos la segunda opción deberemos actuar de otra manera. 

Deberemos volver a creer.

Volver a creer en que vivimos en un país cuya administración de justicia trata por igual a todas las personas. Las presume inocentes como punto de partida y les ofrece todas las oportunidades y garantías para demostrar que lo son cuando las llamé a rendir cuentas. 

Quiero creer que los colombianos somos capaces de cambiar. 

Quiero creer. Quiero creer en la majestad y el equilibrio de la Justicia, la humildad de los poderosos, la serenidad de los gobernantes, la madurez de los influyentes.

Quiero volver a confiar. 

Quiero creer. 

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