Por: Javier Mozzo Peña
Cuando yo quiera, como yo quiera y donde yo quiera. Así definieron las autoridades de Israel la respuesta que dará a los recientes ataques asestados por Irán. Nadie puede contestar esas preguntas hasta cuando las redes sociales estallen con reportes en tiempo real desde esa parte del mundo.
Un abanico de opciones está abierto para Israel, tras la andanada de casi 200 misiles que le envió Irán esta semana, la forma más directa y sin mediar una declaración formal de guerra, que ha usado la nación persa para materializar su promesa de destrucción de Israel hace casi 50 años.
Mientras define su contraofensiva, Israel tiene aún abiertos muchos frentes de batalla, con los que quiere acabar de una vez por todas las amenazas que siguen poniendo en peligro su supervivencia. Rodeado por enemigos, la situación para Israel tampoco es sólida, puesto que los recursos, su economía y su población son limitados, pese a que cuenta con el decidido apoyo de Estados Unidos.
Los frentes abiertos están en Gaza, donde tiene casi exterminado al grupo terrorista Hamas tras una campaña de tierra arrasada y aún con la tarea de rescatar a unos 50 secuestrados; y en el sur del Líbano, donde incursionó por tierra por primera vez desde 2006, para terminar de acabar con los combatientes de Hezbolá que aún hacen estragos en ciudades del norte israelí.
De la misma forma, en Yemen, donde ha lanzado ataques aéreos contra los hutíes, que tienen aterrorizado el comercio marítimo mundial y al sur de Israel; y en Iraq, con grupos apoyados por Irán, que también lanzan ataques a Israel e igualmente amenazan bases militares de Estados Unidos.
Ya las autoridades de Israel dijeron que el contraataque a Irán no será suave como el de abril pasado y tiene muchos objetivos a donde apuntar. Cualquiera que sea el camino que siga, tendrá consecuencias graves.
Entre los objetivos está atacar la infraestructura petrolera iraní; destruir las instalaciones de enriquecimiento de uranio que Irán tiene esparcidas por todo su territorio, algunas de ellas, a muchos metros bajo tierra; inhabilitar el servicio de energía eléctrica; o centrarse directamente en los miembros del Consejo Islámico, quienes toman las decisiones clave en Irán.
Analistas coinciden en que, en todas ellas, Israel ha podido construir un acervo de inteligencia robusto, que promete perjudicar con gran precisión la débil nación iraní.
Más en detalle: el mercado mundial de petróleo ya está con los pelos de punta, ante la amenaza a la infraestructura iraní de producción y exportación, cuyo centro operativo es la isla de Kherg, en el Golfo Pérsico.
El alza de la cotización del crudo superó un 5% en los días que siguieron a la andanada de misiles iraníes hasta superar los 75 dólares el barril. Se asegura que puede tocar los 120 dólares si el mercado deja de contar con los 3 millones de barriles que Irán bombea a diario.
Pocos países podrían compensar, a corto plazo, una oferta de tal tamaño, por lo que el alza en el precio de los combustibles estaría casi asegurada para todo el mundo.
El problema es que un ataque de ese calibre podría provocar una respuesta similar de Irán, pero a la infraestructura petrolera de las monarquías árabes en el Golfo Pérsico, con las que también mantiene enfrentamientos.
La separación de unos y otros es de apenas unos cuantos kilómetros por el Golfo Pérsico y los principales oleoductos de naciones enfrentadas a Irán como Arabia Saudita, serían fácilmente inhabilitados con un ataque iraní.
Según un informe de Commodities Insight Oil de Standard and Poor´s, Irán cuenta con reservas de crudo cercanas a los 210.000 millones de barriles, un 12 % del total mundial. La capacidad de refinación del país es de 2,4 millones de barriles diarios.
Sacar del mercado toda o parte de esa oferta impulsará la inflación en el resto del mundo, que apenas está ganando esa batalla pasados 4 años de la pandemia.
Ahora bien, la inhabilitación de las instalaciones de enriquecimiento de uranio iraníes también significará la parálisis total de su programa nuclear. Hace un tiempo, la nación persa vio retrasar por una década el programa, tras un ataque cibernético israelí, posiblemente cometido por la Unidad 8200, la misma que al parecer mató y dejó heridos a miles de combatientes de Hezbolá en septiembre.
Un apagón total del suministro de energía iraní podría provocar muchas más penalidades a la población, una parte creciente de la cual está cansada de las aventuras imperiales emprendidas desde que Irán abrazó la teocracia en 1979.
Precisamente, el régimen de los ayatolas podría tambalearse con una nación a oscuras y cansada de las pérdidas que ha traído exportar la revolución islámica por todo el Oriente Medio.
En un artículo titulado “¿Dónde terminará la guerra en múltiples frentes de Israel?”, la analista Dalia Dassa Kaye no pronostica que alguno de los escenarios traiga la anhelada paz y seguridad a largo plazo que Israel busca.
En cambio, lo dejaría atrapado en un ciclo de guerra y aislamiento global, arrastrando consigo a Estados Unidos. “Israel necesita un líder que cuestione la definición actual de victoria y reconozca que la verdadera victoria no es posible sin paz”, explicó la analista.
@javimozzo