Por Javier Mozzo Peña
Los problemas no resueltos que dejó el muy violento 2025 en el mundo están volviendo a su cauce, con implicaciones mucho mayores, gracias a un movimiento diplomático audaz y sorpresivo: Israel, miembro con pleno derecho de la ONU, reconoció oficialmente al estado de Somalilandia (África), poco después de la Navidad del año pasado.
Después de la admisión de Israel se desataron nudos que de alguna manera habían quedado dormidos en las festividades de fin y comienzo de año.
Como bien plantea el profesor Carlos Alberto Patiño Villa en su obra “La guerra global invisible”, los conflictos que se han reactivado o aquellos que han surgido no son resultado de dinámicas aisladas, pues en ellos es posible encontrar nexos entre los miembros de las alianzas en confrontación.
Pues bien, al reconocimiento de Somalilandia vinieron la audaz operación estadounidense de extracción de Nicolás Maduro de Venezuela; Estados Unidos revivió su ambición por Groenlandia; Irán se sumió en una espiral de sangrienta sublevación contra el régimen de los ayatolas reprimida a punta de balas; e Israel puso más presión para controlar definitivamente gran parte del suroeste de Siria.
En este contexto, varios puntos hacen mover la cabeza hacia Irán, que se tambalea económica y socialmente, mientras trata de prepararse para un nuevo ataque de Israel y Estados Unidos.
Se puede pensar que, con un Irán fuerte, sin las terribles secuelas económicas y sociales que generaron en su economía los ataques de junio pasado, tal vez Israel habría pensado dos veces en reconocer a Somalilandia.
Sin los ataques hutíes, apoyados por Irán, a los barcos mercantes y militares que transitan por el golfo de Adén -muchos de ellos pertenecientes a Estados Unidos- la nación hebrea habría analizado mejor el momento y la conveniencia de haber hecho esa admisión.
Con un Irán en las condiciones que tenía antes de los ataques estadounidenses e israelíes el año pasado, Venezuela seguiría fuera del punto focal internacional, tratando de sobrevivir y evadir sanciones con la enorme ayuda del régimen de los ayatolas.
Somalilandia está ubicada en el cuerno de África, en una posición geo estratégica fundamental para el comercio mundial en el Mar Rojo. La nación había declarado su independencia en 1991 pero permaneció un limbo diplomático por más de 30 años, que fue sacudido por Israel.
Israel fija una base fundamental para tener acceso al golfo de Adén, por el que pasa una buena parte del comercio mundial. En Somalilandia cimentará operaciones militares, de inteligencia y posiblemente de logística armamentística muy cerca a Yemén, desde donde los rebeldes hutíes han atacado a la nación hebrea.
Además, se convierte en una punta de lanza de Estados Unidos, que aparentemente no ha querido o no ha podido involucrarse en el problema no resuelto del cuerno de África.
Aparte, le hace fuerte contrapeso a Turquía, una fiera que ha mostrado sus dientes a Israel y con la que mantiene una especie de “guerra fría” en Siria, luego de que la nación hebrea se hizo con los altos del Golán y buena parte del suroeste de ese país.
En sus ambiciones de expansión, Turquía ha instalado desde hace tiempo, bases militares en el cuerno de África y en la costa oriental de ese continente y mantiene una relación muy estrecha con Somalia, que no solo perdió su salida al mar con Somalilandia, sino que pelea contra su declaratoria de Estado.
También, Israel revive la controversia humanitaria de Gaza, en torno a reasentar a todos sus habitantes en Somalilandia, cuya población musulmana ha mostrado una fuerte solidaridad con la causa palestina. Ello ha generado tensiones en todo el mundo árabe en momentos en que le es demandado un apoyo concreto para resolver el problema palestino.
De la misma forma, se rompe una especie de “tabú” diplomático con la Unión Africana. De ella, el sistema internacional ha esperado por décadas un reconocimiento de Somalilandia para no fomentar movimientos violentos secesionistas en el continente, que generen un nuevo frente de problemas, aparte de los que ya tiene en Sudán y el Congo. Con Israel involucrado, esos movimientos pueden despertarse.
Hablamos de regiones muy alejadas del cálido Mar Caribe y de la gélida Groenlandia. Pero es que las acciones diplomáticas israelíes, aparentemente poco relacionadas de los problemas de América Latina y el Ártico, motivan a los estados a asegurarse esferas de influencia que no de otra manera se pueden conseguir.
La debilidad del sistema internacional y de sus instituciones no llevan a resolver de manera diplomática y por medio del diálogo, conflictos con los que el mundo se ha acostumbrado a sobrevivir.
A Somalilandia le falta mucho para que pueda convertirse en estado de pleno derecho ante la comunidad internacional.
No basta con que un solo país lo haya reconocido. Pero, hoy por hoy, cumple con los requisitos de la Convención de Montevideo, pues tiene territorio, gobierno y capacidad de relación. No obstante, le faltan los sellos definitivos de legitimidad global como el de la Unión Africana, la formalización de su separación de Somalia y el reconocimiento de una gran potencia, con poder de veto, en el Consejo de Seguridad de la ONU.
El 2026 empezó mucho antes del 1 de enero. Las secuelas de los problemas no resueltos, no dejan ver una luz al final del túnel de los conflictos.
@javimozzo