Por Javier Mozzo Peña
Dicen que los fantasmas no existen. Pero de que los hay, los hay.
Columnistas y organizaciones no gubernamentales han estudiado un peligroso fenómeno que navega a sus anchas por los “siete mares” y varios océanos, en pleno auge del comercio mundial, con consecuencias fatales.
Se trata de una flota fantasma de barcos de gran tonelaje, deteriorados y viejos. En su interior cargan petróleo, oro, piezas de misiles, pertrechos y hasta cocaína, para eludir las sanciones internacionales que pesan sobre varios países, urgidos por su servicio.
Los países que más los han usado son Rusia, Irán y Venezuela, acuciados por dinero para financiar guerras y soportar gobiernos.
Al emplear la flota fantasma, ponen en peligro la navegación mercante mundial por varias razones: apagan sus localizadores, tratan de engañar a las autoridades con ubicaciones en las que no están, se abanderan de países que no les han dado ese permiso y se aventuran por rutas usadas por el comercio lícito, arriesgándose a provocar graves accidentes.
Los buques fantasma también emplean esa patraña para transferir petróleo en altamar a otros navíos, con sus balizas y luces apagadas.
En la muy célebre novela Drácula de Bram Stoker se narra una travesía fascinante y aterradora del barco Demeter. En él, Nosferatu viaja del puerto de Varna, en el Mar Negro de Bulgaria, hasta Whitby en Inglaterra.
A través de la bitácora del capitán, Stoker narra cómo los miembros de la tripulación desaparecen, uno a uno, hasta que el barco encalla en el puerto inglés como un fantasma. Drácula realizó el viaje cubierto de tierra, donde descansaba.
Al encallar el barco, se encontró al capitán del Demeter amarrado al timón. En ese instante, el conde Drácula —bajo la forma de un enorme perro negro— saltó a tierra firme para desaparecer entre los acantilados.
Stoker mezcló ficción con detalles históricos y geográficos, y usó su conocimiento en navegación para narrar el viaje desde el Mar Negro, pasando por el Mediterráneo, el Estrecho de Gibraltar y las costas de Portugal. Precisamente, una de las rutas que han usado buques fantasma para sacar crudo de Rusia.
El célebre escritor se inspiró en un barco llamado Dmitry, una goleta rusa – ¡vaya coincidencia! – que encalló en Whitby en 1885, pocos años antes de que se publicara su maravillosa obra. Al igual que en el libro, Dmitry transportaba una carga que se llamó “tierra de plata” o arena fina.
El perro del Dymiter se asemeja a una leyenda del folclor de Yorkshire, en Inglaterra, en la que un animal parecido ronda los cementerios, dejando enfermedades y desolación.
Pues bien, haciendo un paralelismo con lo que ocurre hoy, la flota fantasma también transporta “perros” que siembran aflicción.
Veamos: Rusia depende de esta práctica para seguir transportando crudo y derivados a múltiples destinos, especialmente a China, y seguir financiando su agresión a Ucrania. El gigante asiático ha incrementado así sus reservas de petróleo en un contexto de máxima tensión por sus ambiciones sobre Taiwán, lo que ha alterado los flujos energéticos globales.
Para Irán, también sancionada, esta flota es vital para tener divisas. Con ella, por ejemplo, vende combustible para aviación a la junta militar de Myanmar, pues este recurso es crucial para las operaciones del régimen contra las milicias rebeldes en el cruento conflicto armado que desangra a ese país.
Por su parte, Venezuela utilizó esa red para transferir productos petroleros a sus aliados Cuba, a cambio de contar con una guardia para Nicolás Maduro, la cual fue destruida el pasado 3 de enero por Estados Unidos.
Para la isla, estos cargamentos eran una línea esencial: no solo han representado una fuente de divisas mediante la reventa, sino que han sido el insumo básico para evitar el colapso de sus plantas de generación eléctrica.
Analistas calculan en más de 3.000 los buques fantasma, alrededor de un 3 por ciento de la flota mercante mundial. La situación se agrava porque las naves reciben un mantenimiento mínimo o nulo y ningún seguro las cubre en caso de siniestro.
Los incidentes han escalado significativamente, en la medida en que las sanciones comerciales sobre esos tres países han aumentado, lo que ha ocasionado, entre otras, que se eleven las tarifas de aseguramiento para los demás buques.
La analista Brígida Diakun hizo un preocupante pronóstico en un estudio de Lloyd’s List Intelligence, considerada la fuente de información más antigua y prestigiosa del mundo y una autoridad global en rastreo de barcos, riesgos de seguros y cumplimiento normativo.
En un documento titulado “La flota en la sombra -y todos sus riesgos- persistirá, pase lo que pase, en 2026”, Diakun concluye que la flota fantasma no se desmantelará por completo, incluso si hay paz en Ucrania, invadida por Rusia hace casi 4 años.
“Los acontecimientos de los últimos 4 años han expuesto las debilidades sistémicas en el orden de la gobernanza marítima y no hay vuelta atrás”, explicó la analista.
El año pasado, un buque llamado Marinera, perteneciente a la flota fantasma, emprendió un viaje hacia Venezuela con una carga sospechosa. Al detectar el bloqueo naval a ese país en el Mar Caribe, cambió el rumbo para deambular por el Océano Atlántico, con lo que activó una persecución de las autoridades estadounidenses.
En un desesperado intento por eludir la cacería, la tripulación renombró toscamente la nave a Bella 1 en uno de sus costados y se abanderó como rusa. Tras atravesar el Atlántico bajo una constante vigilancia, encontró refugio al ser escoltada por la flota naval rusa, en dirección al puerto militar de Múrmansk, en el Ártico.
Se desconoce la carga que pretendía dejar en Venezuela o la que esperaba recoger allí. Pero se especula que en su interior había restos de crudo y que su principal carga eran componentes militares para la construcción de drones en fábricas que tiene instaladas Irán en ese país.
Al igual que aquel capitán del Demeter que terminó atado a su timón, la gobernanza marítima mundial parece hoy prisionera de una travesía que no puede controlar.
Mientras los buques fantasma sigan surcando los mares en la sombra, el mundo aguarda con la misma ansiedad que los habitantes de Whitby: esperar a ver qué bestia salta a tierra firme cuando estas naves, finalmente, encallen en la realidad de un desastre cuyas consecuencias nadie podrá evitar.
@javimozzo





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