Millonarios no aprende

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Antes que una derrota, lo de Millonarios frente a Bucaramanga fue una sensación de déjà vu. Y eso, para un hincha, suele ser peor que perder.

Durante algunos minutos hubo motivos para creer que algo había cambiado. La defensa mostró mayor solidaridad, Jhomier Guerrero confirmó que merece ser titular y el equipo pareció más ordenado que en el semestre anterior. Incluso, el ajuste de Daniel Ruiz hacia la izquierda en el inicio del segundo tiempo produjo los mejores pasajes ofensivos de la noche.

Pero fue apenas un espejismo.

Millonarios volvió a tropezar exactamente donde lleva dos semestres cayéndose. Un mediocampo incapaz de crear fútbol. Dos delanteros demasiado lejos del área y sin un solo remate realmente peligroso. Jugadores que esperan el balón al pie en lugar de atacar los espacios. Un equipo lento para pensar, lento para reaccionar y demasiado predecible para sorprender.

Lo más preocupante es que los problemas ya no parecen errores ocasionales. Son patrones. El mismo gol recibido por una distracción. La misma incapacidad para aprovechar los buenos momentos del partido. Las mismas decisiones tácticas que dejan más preguntas que respuestas. Daniel Ruiz empezó a rendir cuando cambió de banda… y justo entonces fue sustituido. Quintero volvió a entrar sin cambiar absolutamente nada. Macalister ni siquiera apareció como alternativa.

La paciencia del hincha también empezó a agotarse. Dos años llenando El Campín, sin importar el rival, le dieron a este equipo un respaldo que pocos clubes colombianos pueden exhibir. Esa fidelidad no es eterna. Ya se nota en la venta de abonos y se escuchó con claridad en el pitazo final. La rechifla fue un mensaje mucho más profundo que una simple protesta por una derrota.

Porque el reclamo no es por perder un partido. Es por sentir que el equipo no aprende.

El discurso de que «estamos corrigiendo», «hay que tener paciencia» o «el proceso necesita tiempo» empieza a perder credibilidad cuando los errores se repiten semana tras semana. El tiempo en el fútbol no se mide en calendarios sino en señales de evolución. Y hoy Millonarios ofrece muy pocas.

El técnico Fabian Bustos empieza a entrar en una zona incómoda. No porque haya perdido un partido, sino porque cuesta encontrar evidencias de que el equipo avance. La pretemporada ya pasó. Llegaron refuerzos. Hubo tiempo para trabajar. Sin embargo, la fotografía sigue siendo prácticamente la misma.

Quizá lo más inquietante no sea el 0-1. Lo realmente preocupante es la sensación de que Millonarios todavía no entiende cuál es su problema.

Y mientras eso ocurra, cada partido nuevo se parecerá demasiado al anterior. Una historia que la hinchada ya se sabe de memoria y que empieza a cansarse de repetir.

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Ricardo Galan
Ricardo Galan
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