Abad Faciolince, la hipocresía que seremos

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Por: Pablo E. Romero Rojas *

El escritor Héctor Abad Faciolince acaba de publicar una columna que tituló “Operación Haití”, en la que vierte resentimiento, animadversión y una carga sutil de prejuicio ideológico: “Cuando uno escribe (contra los militares) el bolígrafo tiembla…uno sabe que están mirando, vigilando, apuntando”, señala de entrada.

 

La abierta expresión de los supuestos temores a los militares y el silencio sobre otros temores y otras fuentes de los mismos constituye involuntaria confesión de los auténticos. La soliviantada actitud del escritor descubre que lo intuye claramente: a los militares los puede calumniar tranquila e impunemente, con solo guardar pocas formas; sentirá que incluso a los “paramilitares” los puede confrontar, con mayor riesgo, pero con amplio margen de maniobra en la condición presente; pero sabe con certeza que con “faracos” o “elenos” el asunto es verdaderamente a otro precio.

Lo sabe muy bien Abad Faciolince, pero no lo puede confesar ni a su conciencia, a la que niega en cambio las memorias de escritores como Bábel, Ajmátova, Mandelstam, Pasternak, Mayakovski, Milosz, Djilas, Solzhenitsin, o de artistas como Kandinsky, Chagall, Malévich, Ródchenko, para referir solo una muy ínfima muestra significativa de los miles de auténticos intelectuales de notabilísima envergadura que si han sido perseguidos por verdaderas fuerzas estatales instauradas para la represión y la persecución del diferente, que si vigilaban, apuntaban y asesinaban sin miramiento alguno, se sabe bien en que regímenes.

En alto porcentaje la columna ventila calculadamente las versiones que han circulado sobre el asesinato del Presidente Jovenel Moise (qepd); por supuesto, solamente las versiones que lucen mal para los exmilitares, pues se trata no de la verdad sino del efecto perverso; no de verdaderos culpables sino de proyección sobre inocentes; y de dar salida a pasiones que agobian. Introduce además unas pocas consideraciones propias que desdicen de su calidad de escritor y de su ética profesional.

Sostiene el columnista: “Los militares que …se jubilan abren empresas de vigilancia porque a ellos les conviene mucho que la seguridad sea privada, es decir, pagada, y no pública”. “Mano de obra sanguinaria calificada…Es para eso para lo que los entrenan aquí?”. “Para esto pagamos impuestos los colombianos… (para que) se conviertan en máquinas de matar?”. Biliosas afirmaciones que no resisten análisis objetivo. ¿Todos los exmilitares se dedican a la misma actividad? ¿Son malas per se las compañías de vigilancia y seguridad? ¿Estas compañías solo pueden ser públicas, no privadas, o no mezcla de públicas y privadas, como en casi todo el mundo, salvo en los regímenes totalitarios? ¿al retirarse, los militares no son plenamente libres para elegir actividad privada legal? Quien aprende a escribir, escribe: ¿quién aprende técnicas de seguridad y defensa no puede dedicarse a ello? ¿requerimos los ciudadanos de intelectuales tipo Abad Faciolince para que definan lo que puede y no puede hacer cada ciudadano? ¿deben entonces todos los Estados negarse a tener Fuerzas Armadas? ¿deben tenerlas, pero no entrenar a su gente para evitar riesgos futuros de desvíos? ¿deben tenerlas, pero no pagas con impuestos? Premisas tan pueriles no resisten cuestionamientos elementales, siquiera.

Continúa Abad: “los mercenarios detenidos se refugiaron en la Embajada de Taiwán… si fueran inocentes se habrían refugiado en la de Colombia”. Simplificación ramplona de la infinidad de consideraciones posibles sobre los hechos. Según Abad, como los exmilitares son culpables se refugiaron en la Embajada de Taiwán; ese modélico país resulta ser peor que el nuestro en tolerancia con criminales, flagrante falsedad, obviamente. ¿Ligereza?; ¿lapsus calami por malquerencia ideológica?; ¿consecuencia de forzar argumento para fabricar conclusión conveniente?

El columnista cierra expresando: “Si se confirma que… son los autores de este crimen horrendo, no van a poder decir que son manzanas podridas”. La tesis de izquierda radical para este y otros asuntos. ¿Cuántos reservistas hay en Colomba? ¿cuántos se han visto involucrados en crímenes y que porcentaje constituyen? ¿qué porcentaje constituyen los involucrados en los hechos de Haití? ¿son responsables todos los reservistas? ¿todos los reservistas de Colombia están organizados en un solo ente que guía su accionar privado? ¿los reservistas involucrados tienen derecho a presunción de inocencia? ¿si devienen responsables, es lícito generalizar culpas extendiéndolas a ciudadanos privados implicados ahora en otros menesteres?

En memoria del padre Abad escribió “El olvido que seremos”, tomando prestado del grandioso Borges. ¿A qué inspirarse en Borges para escribir, aunque sea una columna, con el espíritu de un Shólojov? ¿ni la lamentable suerte del padre, víctima del prejuicio fanático y la generalización intolerante, previene contra los mismos? ¿tan profunda es la lacra del sectarismo?

*Vicealmirante (R).

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3 thoughts on “Abad Faciolince, la hipocresía que seremos

  1. El gran pecado de esta Colombia, que se desgarra, es el haber “graduado” de intelectuales a estos escritorcillos, mediocres y fanatizados .

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