Por Javier Mozzo Peña
Según los estoicos, la paciencia es una virtud esencial. No se trata únicamente de tener capacidad de esperar. También se necesita aceptar con resignación lo que no podemos controlar, especialmente las dificultades y adversidades de la vida. Se trata de cultivar la calma, la racionalidad y la fortaleza interior, cuando se presenten situaciones difíciles, dirigiendo la energía a aquello en lo que sí se puede influir.
Pues bien. Con un “tengan paciencia”, el presidente de Estados Unidos, Donald Trump terminó un corto mensaje publicado en la red social de su propiedad, llamada Truth Social, para explicar la recesión en la que empezó a entrar el país en el primer trimestre del año.
Aparte de arruinarle la celebración por los primeros 100 días de su segundo mandato, el decrecimiento de 0,31% en la primera parte de este año vino a confirmar advertencias de analistas sobre los efectos de la errática política arancelaria de Trump, que, básicamente, tiene a los inversionistas y consumidores desconcertados.
Es la primera contracción desde el primer trimestre de 2022. La economía estadounidense venía creciendo, trimestre tras trimestre, a tasas anualizadas de entre el 2 y el 3%. En el último trimestre del año pasado el PIB se incrementó un 2,4% y en ese momento pocas cosas preveían que se fuera a revertir la tendencia de manera tan estrepitosa.
Pero paciencia es la que no tienen incluso miembros del propio partido político de Trump. “Es oficial: Donald Trump finalmente ha liberado a la economía de Estados Unidos… del crecimiento. Hagan que las recesiones sean nuevamente grandes”, escribió de manera satírica, el congresista republicano por Nueva York, Richie Torres, en su cuenta en Twitter.
Fue clara la alusión de Torres al eslogan con el que Trump presentó a comienzos de abril su estrategia en la que le aseguraba a casi todo el mundo un arancel (“El Día de la Liberación”), y la frase con la que se identificó toda su campaña política (“Make America great again”).
La política de Trump para revitalizar la industria estadounidense es la de obligar a las empresas que se establecieron en otros países para ser más competitivas, que regresen, a cambio de no aumentar sus cargas. Trump quiere cambiar todo un andamiaje perfectamente estudiado y razonado, el cual ha costado billones de dólares en los últimos 20 años a las empresas.
Como estamos acostumbrados en Colombia, el mandatario echó mano del espejo retrovisor y culpó al anterior gobierno. Enfatizó en que su estrategia traerá de vuelta miles de empresas que salieron de Estados Unidos buscando una rentabilidad y márgenes que no encontraban en su país.
“Los aranceles pronto entrarán en vigor y las empresas están empezando a establecerse en cifras récord. Nuestro país prosperará, pero tenemos que deshacernos del efecto ‘Biden’. Esto llevará tiempo y no tiene nada que ver con los aranceles, solo que nos dejó con malas cifras, pero cuando comience el auge será como ningún otro. ¡Tengan paciencia!”, escribió el mandatario estadounidense.
Era previsible que, con los planes masivos de recorte de gasto público -a cargo de los cuales Trump puso a trabajar ad honorem al magnate Elon Musk- se hubiera producido una contracción de la economía. Al fin y al cabo, cuando el Estado deja de gastar, se produce un consecuente efecto contractivo en el PIB.
Pero si se calcula la tasa de variación del PIB estadounidense sin tener en cuenta el aporte del consumo público, aun así, la economía de Estados Unidos se contrajo un 0,05% en el primer trimestre de este año. Bajo el gobierno Biden, quitando el gasto público, la economía aún creció un 1,9% en el último trimestre de 2024.
Entonces ¿qué paso? Expertos justifican el desastroso desempeño del sector privado estadounidense al fuerte desbalance externo. De acuerdo con las cuentas de analistas como el doctor en economía, Juan Ramón Rallo, el sector externo -la diferencia entre las exportaciones y las importaciones- restó 5 puntos porcentuales de crecimiento del PIB en el primer semestre.
Las importaciones se dispararon, de acuerdo con comentaristas, por la expectativa de imposición de aranceles a partir del segundo trimestre de este año. Eso hizo que familias y empresas anticiparan rápidamente las compras previstas para todo el año y las concentraran en el primer trimestre.
La incertidumbre de Trump también cundió en la bolsa de valores con pérdidas que hacen palidecer a cualquier comentarista. Y las empresas tampoco están invirtiendo porque no está muy claro cómo piloteará Trump su política comercial.
JP Morgan, el banco más importante en Estados Unidos, ya lo había advertido cuando Trump salió al público tratando de sostener grandes tablas con las nuevas tarifas arancelarias: la probabilidad de una recesión ha aumentado.
Ante ese panorama, habrá entonces que acudir a los estoicos nuevamente para pedir calma interior y “praemeditatio malorum” (prepararse para lo peor).
@javimozzo