El segundo debate de la noche, organizado por www.lasillavacia.com y NTN24, el Canal Internacional de RCN, resultó interesante porque el gran peso de las preguntas corrió por cuenta del público. Bajo el rótulo de #yopregunto hubo preguntas muy interesantes y que no habían sido abordados en otros debates.

Definitivamente la gente va por un lado y los opinadores de oficio por otro. Interesante también la idea del “rebote” en las preguntas, aunque los candidatos usaron el recurso para apoyarse que para atacar.

Los candidatos en lo suyo. Llama la atención el afán de los medios por inventar mecanismos que resulten atractivos para el televidente y le den algún tinte de equilibrio al orden en que los candidatos deben responder como el rebote o la tarjeta para meter la cucharada.

La educación fue sin duda el tema más importante de este debate, especialmente en el llamado tercer segmento. Todos tienen planes claros al respecto. la seguridad ya no es tema y, en contravía con las encuestas, el desempleo tampoco lo fue. El segundo tema en importancia el maltrato a los niños.

En creer que en Venezuela se da refugio a los guerrilleros y en la eliminación del 4×1000 estuvieron de acuerdo. Ninguno respondió por quien votaría si él no estuviera en campaña.

En líneas generales debate entretenido. Por lo menos logró mantenerme despierto lo cual es mucha gracia considerando la hora. Terrible el último bloque de preguntas densas con 10 segundos para responder.

Al cierre, discursos preparados de 1 minuto de duración. Mensajes claros. Iguales, palabras más palabras menos, a las que dijeron el debate de CaracolTV unas horas antes.

Ya veremos que dicen las encuestas.

El colega, Oscar Montes me entrevistó hace unos días para El Heraldo de Barranquilla. Como eso no pasa todos los días, es decir que a uno lo entrevisten como si tuviera algo interesante qué decir, les comparto lo que me preguntaron y lo que respondí.

Sospecho que dije una que otra cosa de esas que los expertos llaman políticamente incorrecta. Juzguen ustedes.

Ricardo Galán, de labios para afuera

Llegó a mi casa de manera silenciosa. Casi sigilosa. Llegó disfrazado de promoción en la caja de un portátil Acer de color gris, teclado en inglés, Windows 3.0 y pantalla en blanco y negro que mi esposa compró y dejó por ahí como quien no quiere la cosa.

Junto al Acer venían, además del cargador y otros accesorios, un cable telefónico y un diskette de una empresa llamada Multinet que ofrecía una prueba gratis por 30 días y enseñaba como instalar y hacer la conexión.

Durante días miré el disco con recelo, pero no me atrevía a intentarlo. En ese momento, los computadores me intimidaban. Tanto que nunca se me ocurrió comprar uno. Si en el periódico había, trabajaba en El Siglo con Macintosh, ¿para qué diablos necesitaba un computador en la casa?

Al fin, un sábado por la mañana, me atreví a dar el gran paso. Encendí el portátil instalé el programa, conecté el cable al Acer y dejé a la casa sin teléfono para enchufarme por primera vez a esa cosa llamada Internet. Fue amor a primera vista. El resto del día me la pasé navegando con Netscape a través de Altavista. ¿Se acuerdan de ellos? La casa se quedó sin teléfono, aunque cada llamada entrante me cortaba la comunicación y yo quedé enamorado para siempre de la Red.

Ahora que lo pienso, no entiendo por qué ese enamoramiento si por aquellos días no había gran cosa que buscar y encontrar. Unos “pocos” textos, la mayoría en inglés, que hablaban de cosas que uno apenas entendía. Las fotos se demoraban horas en bajar y el correo electrónico, aunque ya existía Yahoo, no servía de mucho porque no había a quien escribirle. Supongo que fue mi instinto de periodista el que me obligó a permanecer conectado, a explorar ese nuevo mundo que prometía facilitarme la manera de conseguir información.

Al Acer se sumó un clon de escritorio que nos vendió un amigo y hubo que comprar otra línea telefónica. Desde entonces no he pasado un sólo día sin entrar a Internet y desde mis pantallas he sido testigo de su vertiginoso avance.

En todos estos años han pasado muchas cosas. Unos inventos han llegado, tenido sus 15 minutos de gloria y desaparecido como si nada aplastados por nuevos productos y tecnologías. ¿Qué pasó con Lycos, Excite y Inktomi? ¿Alguien se acuerda hoy de ICQ el precursor de Messenger? ¿De los chats de sólo texto en IRC, reemplazados hoy por Skype y sus servicios multimedia? ¿Alguien recuerda cómo era Internet antes de Google y su maravillosa plataforma “multitodo”?

¿Alguien recuerda qué había antes de Facebook o Twitter?

Desde la inocente llegada del Acer a mi casa, el desarrollo de Internet ha sido vertiginoso. A las funciones básicas iniciales de comunicarse e informarse, se han sumado otras útiles como el comercio electrónico, pagos en línea, trámites en línea. Documentos en línea, vida en línea. Podría decirse que no hay nada que no se pueda hacer en Internet.

Para bien o para mal, Internet ya está aquí. Libre, como debe ser. Ojalá sus usuarios seamos capaces de defenderla de los Gobiernos y Corporaciones que quieren meterle mano y control.

El encanto de Internet está en su libertad. Debemos protegerla.

Alvaro Gómez Hurtado solía decir que las encuestas eran como los chorizos que es muy rico comérselos, pero sin preguntar como los hacen. Era su manera de explicar porque las dos o tres encuestas que se hacían entonces no coincidían en nada y dejaban a la audiencia con la sensación de que los resultados dependían de quien pagara la factura.

En esa época las encuestas eran diseñadas y contratadas por los partidos políticos o las propias campañas. Es decir, hechas sobre medidas. Eso cambió con la conformación de grandes conglomerados de medios de comunicación que asumieron esa responsabilidad y la aparición de normas que obligan a contratantes y encuestadores explicar como las hacen.

Todo marchó más o menos bien hasta este año cuando lo atípico de la campaña, que redujo su duración de un año a tres meses y la proliferación de mediciones tiene a todo el mundo confundido y con los pelos de punta.

Y no es para menos. Cada 24 o 48 horas aparece una nueva encuesta que refleja unos cambios bruscos de opinión en cosa de días u horas sin razón aparente y con el agravante de que se están afectando unas con otras. Hay tantas y tan seguidas que cuando está en trabajo de campo una encuesta en los medios se está hablando de las otras. Un fenómeno perverso que está distorsionando la opinión y la información.

Es tal la influencia de las encuestas en esta campaña que la gente está tomando su decisión de voto con la base en sus resultados y no en las propuestas o perfil de los candidatos. Los candidatos a su vez, se están moviendo al ritmo de las cifras y no de acuerdo con su conciencia.

Cifras y datos que dejan mucho que desear por errores o cambios de metodología que han causado variaciones extrañas, como el caso de dos candidatos que de un día para otro aparecieron con 10 puntos y una semana después volvieron a desaparecer del escenario sin que el encuestador haya dado explicación satisfactoria.

Contribuye a enrarecer el ambiente los encuestadores que además ejercen como comentaristas de sus propio trabajo o el de sus rivales y lanzan pronósticos que se cumplan o no siembran dudas sobre la objetividad con que se hacen. Por ahí anda un analista-encuestador que lleva 8 años presagiando el desplome de la popularidad del Presidente Alvaro Uribe.

Ante ese panorama, tengo entendido que dos de los grandes grupos de medios que patrocinan las encuestas decidieron aplazarlas para darle un respiro a candidatos y electores. A ver si dejan de hacer ruido y nos permiten escuchar qué es lo que proponen los candidatos a ocupar la Casa de Nariño en los próximos 4-8 años.

Se agradece el detalle..

Tengo una encrucijada: no sé a cual Antanas Mockus creerle: al que le dijo a José Gabriel que era ateo, al que explicó en algún debate que era agnóstico o al que aseguró esta mañana en Caracol Radio que es Católico.

Me preocupa que cada vez que habla, Mockus mete reversa. Un día ve a Chavez con admiración y respeto y al día siguiente como un invasor que quiere intervenir en las elecciones colombianas. Una semana es firme frente al terrorismo de las FARC y a la siguiente le manda la señal de estar dispuesto a negociar. Que por la mañana defiende los parafiscales y por la tarde los acaba.

En fin, me preocupa que cada día Antanas se parece más a los políticos tradicionales, preocupados más por moverse al vaivén de las encuestas y de los titulares de prensa que al sentir de su conciencia.