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Privatizaciones buenas y malas

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Por: Carlos Manjarréz.-

La relación entre lo bueno, lo justo y lo recto con la norma es innegable en el imaginario social. Generalmente se entiende por ciudadano correcto, aquel que cumple la norma, policía correcto aquel que aplica la norma y juez correcto aquel que decide en derecho. La equivalencia entre lo legal y lo justo subyace en las valoraciones morales de una sociedad. Sin embargo, el auge de la tecnocracia en los políticos, la nueva figura del político de camisa remangada, jeans, tenis, manillas delgadas y gafas grandes; esboza el ideario del joven tecnócrata, la figura del juez progresista y garantista cuya pluma embellece la prosa constitucional dándole un aire metafísico y la del policía, aquel que ejecuta el trabajo sucio de los primeros.

Dícese que hace mucho tiempo, cuando los estudiantes Universitarios iban físicamente a la Universidad, un profesor de derecho constitucional les decía que la venta de ISAGEN era robarle al pueblo, el de ciencias políticas les decía que la dolarización era ir contra de la soberanía monetaria, que el bienestar social aquello, que la utilidad pública esto. Las malvadas privatizaciones, consecuencias quizá de los grandes poderes económicos, del neoliberalismo sacado del consenso de Washington, o mi favorito de “las dinámicas extractivistas del gran capital”. Privatizaciones malas, siempre en contra de los menos favorecidos, aunando en la desigualdad y en perjudicar al pueblo, lo correcto es que el Estado administre todo, la salud, la seguridad, la educación, la economía, la propiedad y el subsuelo, después de todo el Estado somos todos, ¿Verdad?, (contestaré al final)

Por otro lado, están las privatizaciones buenas, el Estado es dueño por ejemplo de las playas, parques, Tv pública, el subsuelo y los recursos naturales no renovables. Es decir, puede excluirse legalmente del disfrute y usufructo de las propiedades que se adjudica. Cuando me refiero a buenas privatizaciones, hago referencia a los particulares eventos producto del bienestar social y la primacía de la utilidad pública, como el desplazamiento de la comunidad de Tabaco, producto de las negociaciones entre el Estado Colombiano Carbocol S. A. y la empresa Intercor, salvaguardando los principios progresistas y garantistas de la constitución (reforma constitucional de 1936) desalojaron a la comunidad Wayúu y Afro, ¡Tranquilos!, fue salvaguardando la soberanía nacional y el bienestar general.

Esta reflexión nos habla de la ruptura entre el tecnócrata y los problemas sociales reales, la desconexión entre el congreso y los ciudadanos es gigantesca y nada nueva, los jueces no defienden el interés de todos los ciudadanos, defienden el interés del legislador expresado en las normas, quizá si las comunidades indígenas fueran dueñas de su subsuelo la cuestión sería diferente. Esta muy mal que andes en la calle y redes diciendo que los políticos roban, que el mayor problema es la corrupción y cada 4 años les votes y les exijas que manejen todo, lo privado es de nosotros, lo público es de los políticos, que el jovencito de jean y camisa remangada no te convenza, el Estado no somos todos, ni tu ni yo somos una rama del poder público, la gran mayoría trabajamos para mantener el enorme e ineficiente Estado burocrático. Pensemos pues en privatizar “mal” para evitar las privatizaciones “buenas”.

 

Twitter: @carlosdazajr

Estudiante de derecho. Investigador del Centro de Investigaciones Jurídicas y Sociojurídicas de la Universidad Libre y Coordinador de Students For Liberty.

 

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