Cada año, por la feria del libro bogotana, me dan ataques de honradez y quisiera devolver algunos libros robados. Perdón, que he olvidado devolver. Soy de los cleptómanos que pueden decir con algún ingenio: En mi biblioteca yacen los libros del dueño y de los amigos que se descuidaron. Algunos amigos que se descuidaron suelen escribir notas al margen para desencanto de quienes por algún tas-tas del azar, heredamos sus ejemplares. Subrayar, en cierta forma, es condicionar la lectura. Poco nos interesa lo que piensa el lector. Compramos  libros por sus autores, no por sus lectores. Por eso no más es bobada prestar libros. Un libro es tan íntimo comoVer mas