Por supuesto que no me voy a referir al filme de acción del actor del conflicto Arnold Schwarzenegger, sino sobre algo mucho más terrenal y que es del interés de los colombianos: el robo de los audios de la Comisión de la Verdad.
Por: José Obdulio Espejo Muñoz
¿Cómo creer en el informe final de una Comisión de Esclarecimiento de la Verdad (CEV) que le miente al país sobre realmente qué se perdió el pasado fin de semana en el domicilio del investigador Eduardo Andrés Celis? ¿Se robaron las grabaciones de las entrevistas con Darío Úsuga, alias ‘Otoniel’, como se conoció el sábado, o únicamente los equipos utilizados en esta tarea −dos grabadoras digitales, además de un computador portátil y un teléfono móvil−, como aseguró posteriormente a la prensa el comisionado Alejandro Valencia Villa?
Porque resulta grave en grado superlativo el hecho de que manos criminales hayan perpetrado este ataque artero contra el trabajo de la Comisión, pero más grave aún que material sensible de investigación de esta entidad transicional estuviera en la residencia de uno de sus funcionarios que tiene calidad de investigador.
De ahí que sea absolutamente necesario que el presidente del organismo, Francisco De Roux, responda inicialmente al menos tres sencillas preguntas: ¿cuáles son los protocolos de seguridad de la CEV? ¿Existe una especie de procedimiento similar a la cadena de custodia que asegure la originalidad de la información y la fiabilidad de las fuentes que soportan las verdades que el organismo transicional recoge? ¿Quién autoriza la tenencia de información sensible del trabajo de la Comisión en lugares distintos a la sede de la entidad?
No tengo la menor duda que en esta historia hay «gato encerrado». En mis manos reposa un mensaje de WhatsApp, que, según una fuente confiable, fue enviado por Francisco De Roux al pleno de la CEV, acompañando el comunicado de prensa del sábado, en el que resulta evidente que no sólo sustrajeron los equipos de grabación utilizados en las diligencias con ‘Otoniel’, sino que los delincuentes también tienen en su poder las grabaciones como asegura la revista Cambio.

«Como es ya conocido en la madrugada de hoy unos individuos entraron por la ventana al apartamento de Andrés Celis y se llevaron las dos grabadoras que tenían la información que él y Alejandro Valencia vienen recibiendo de Dairo Úsuga. Se llevaron también un computador. Alejandro y Andrés habían estado en entrevista hasta entrada la tarde del día de ayer», se lee en las primeras líneas de este mensaje, que se me aseguró proviene del WhatsApp de De Roux.
«[…] El hecho ocurre en medio de las continuas solicitudes de la Comisión a las autoridades de la DIJIN por condiciones necesarias para las entrevistas. Pues no ha sido posible tener un local sin cámaras y la entrevista anterior había sido suspendida de manera abrupta, justificándose la DIJIN, posteriormente, con preocupaciones de riesgos de fuga del entrevistado», aparece escrito líneas más abajo.
En este punto quisiera plantear varias preguntas que, con relación a este confuso episodio, formulara mi gran amigo Andrés Úsuga, abogado penalista: ¿por qué el interés de la Comisión en entrevistarse con ‘Otoniel’ en un lugar sin cámaras? ¿Acaso el contenido de esas declaraciones no será un documento público cuando se entregue el informe final? ¿La Comisión quiere ocultar algo? ¿Van a echarle tijera a las declaraciones de ‘Otoniel’ y sólo publicar aquello que favorece a sus intereses?
De hecho, en el referido mensaje de WhatsApp −reitero, atribuido a De Roux− se aprecia que el propio presidente de la Comisión admite ser uno de los autores del comunicado de prensa: «[…] Con Alejandro, Andrés y Harold, preparamos el comunicado que adjunto y que hemos hecho público… Andrés está bien… Está en la casa de uno de los miembros del Pleno para su protección y tranquilidad». Me refiero, claro está, al mismo comunicado inicial de la Comisión donde se miente y se afirma que simplemente se trató del robo de «las grabadoras digitales que se usaron en la entrevista, y un computador».
En este punto, hay otro asunto que no me cuadra. Las contradicciones en las que ha caído Valencia Villa cada vez que un medio de comunicación lo entrevista −en el entendido de que es él quien le ha puesto el pecho a la tempestad− me llevan a preguntarme por qué De Roux se ha mantenido al margen en esta crisis.
Este silencio cómplice comprobaría mis denuncias en otros escritos y medios, donde he manifestado que en la Comisión hay varias ruedas sueltas. Al menos tengo conocimiento de tres comisionados que, se me asegura, hacen lo que se les viene en gana y ven a «Pacho» como un jefe complaciente y bonachón, pero nada más : Lucía González, Carlos Martín Beristaín y, lógicamente, Valencia Villa.
Eso explicaría por qué este último comisionado, responsable de la famosa dirección de Conocimiento de la CEV, se apersonó de la sesión de escucha del excabecilla del Clan del Golfo, al punto de guardar el contenido de este trabajo en la casa de uno de sus investigadores. Un hecho del que merece conocerse toda la verdad, máxime cuando ‘Otoniel’ viene pidiendo pista en la JEP −seguramente para frenar su extradición hacia los Estados Unidos− y asistimos a un año electoral definitivo para muchas aspiraciones políticas, algunas con ideologías que son del agrado de algunos integrantes de la Comisión.