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A solo cinco días de que Colombia acuda a las urnas para elegir un nuevo presidente, el debate económico del país ha dado un giro dramático. Lo que parecía una transición electoral enfocada en promesas de campaña tradicionales se ha convertido en una confrontación técnica de alto calibre sobre la veracidad de los indicadores que sustentan la política pública y social del país. La publicación de un riguroso estudio académico ha puesto bajo sospecha las cifras de empleo del Departamento Administrativo Nacional de Estadística (DANE) , abriendo una grieta profunda entre los datos optimistas oficiales y la fría realidad de las planillas de pago de los empresarios colombianos.

Para libretadeapuntes.com, desglosamos las claves de esta tormenta estadística, la realidad del empleo formal e informal, y el complejo panorama que heredará el próximo inquilino de la Casa de Nariño.

1. El detonante: El «error» de los 170.000 empleos destruídos

La controversia estalló tras la divulgación de la investigación “¿Tenemos más o menos formalidad laboral? La historia con las cifras del DANE versus los registros de pago de seguridad social”, elaborada por el Grupo de Macroeconomía Aplicada de la Universidad de Antioquia (UdeA) y liderada por el profesor Edwin Esteban Torres.

El estudio revela una divergencia alarmante al cruzar las dos bases de datos más importantes del país:

  • La versión optimista del DANE: Con corte a febrero de 2026, la entidad oficial reportó un robusto crecimiento anual del 8,2% en el empleo formal, asegurando la creación de cerca de 814.000 nuevos puestos de trabajo formales.
  • La realidad de los registros reales: Al revisar la Planilla Integrada de Liquidación de Aportes (PILA) y los datos administrados por la UGPP —donde se registran los pagos tangibles de salud, pensión y riesgos laborales—, los investigadores encontraron que el empleo formal en realidad cayó un 1,3% anual, lo que equivale a la pérdida neta de unos 170.000 cotizantes.

Esta diferencia de casi un millón de empleos formales entre una fuente y otra no es un simple margen de error. Gremios como la Federación Colombiana de Gestión Humana (ACRIP) han calificado la situación como una «alarmante divergencia estructural» que deforma por completo la percepción real del mercado.

La defensa del DANE: ¿Espejismo o desencuentro metodológico?

La directora del DANE, Piedad Urdinola, salió al paso defendiendo la independencia técnica y la solidez de la institución. Según el DANE, no hay manipulación ni error, sino una comparación de «peras con manzanas»:

  1. Naturalezas distintas: El DANE mide el empleo formal a través de la Gran Encuesta Integrada de Hogares (GEIH), que captura lo que los ciudadanos reportan de viva voz en las encuestas. La PILA, en cambio, es un registro de pagos efectivos.
  2. El Marco de Actualización: El DANE argumenta que el estudio de la UdeA no incorporó la Actualización del Marco 2018 (aplicada desde 2021), un ajuste metodológico indispensable para interpretar correctamente las muestras.
  3. Definiciones institucionales: Para la OIT y el DANE, una persona puede considerarse formal si trabaja en una unidad productiva registrada y con contabilidad , aunque sus cotizaciones en la PILA fluctúen de mes a mes.

Sin embargo, para los analistas económicos y los líderes de talento humano, el argumento metodológico no basta para ocultar que las decisiones corporativas y las estrategias nacionales se están tomando a ciegas si los cotizantes reales van a la baja.

2. Informalidad laboral: El iceberg estructural que el PIB no mueve

Mientras el país debate la exactitud de los empleos formales , los informes económicos más recientes de entidades como Bancolombia (junio de 2026) recuerdan que la informalidad sigue siendo el verdadero talón de Aquiles de nuestra economía.

Con una tasa de informalidad nacional estancada en torno al 54,2% , más de la mitad de los trabajadores colombianos operan bajo condiciones de extrema vulnerabilidad:

  • La paradoja del crecimiento: Informes sectoriales confirman que el ciclo económico altera el volumen de empleo, pero no su composición estructural. El PIB colombiano se recuperó a un 2,6% en 2025 , pero esto no redujo la informalidad. Sectores como el comercio (con un 65% de informalidad) y el agro (con un alarmante 85%) crecen impulsados por dinámicas informales que actúan como «refugios de subsistencia».
  • La trampa del Salario Mínimo: Para 2026, el incremento nominal del salario mínimo fue del 23,7% (un aumento real del 18,6%), uno de los más altos de la historia moderna. Si bien esto protegió el bolsillo de los empleados formales frente a la inflación de 5,7% , abrió una brecha insostenible con la productividad laboral (que promedia apenas un 0,5% en los últimos cinco años). ¿El resultado? Las micro y pequeñas empresas han frenado la contratación formal o han trasladado puestos hacia la informalidad al no poder absorber un costo laboral no salarial que ya roza el 33%.

3. Radiografía demográfica: Un mercado que excluye a jóvenes y mayores

La informalidad en Colombia tiene rostro, edad y geografía bien definidos. El análisis de microdatos arroja una radiografía implacable sobre quiénes pagan los platos rotos de la rigidez del mercado:

  • Jóvenes (15 a 24 años): La informalidad golpea al 70% en áreas urbanas y supera el 88% en el campo. La falta de experiencia y la destrucción de nóminas comerciales los condena al desempleo o al rebusco digital.
  • Adultos Mayores (65+ años): Sin un sistema pensional de amplia cobertura, la informalidad en la vejez se dispara al 80% en ciudades y a más del 90% en la ruralidad. La salida del mercado laboral formal es una utopía para millones de colombianos.
  • La brecha financiera: Mientras el 90% de los trabajadores formales tiene acceso a productos financieros estables , el 54% de los informales está completamente excluido del sistema bancario. Al no tener desprendibles de nómina verificables , quedan a merced de dinámicas de crédito informal o del flagelo del «gota a gota».

4. El panorama electoral: ¿Qué hereda el nuevo gobierno a partir del lunes?

El candidato que resulte ganador este fin de semana en las urnas se encontrará con un panorama macroeconómico de «estabilidad aparente que descansa sobre bases muy frágiles».

El próximo presidente tendrá que gobernar bajo tres realidades complejas:

  1. Un empleo traccionado por el gasto público: El dinamismo laboral reciente no proviene de una reactivación genuina del sector privado. El 44% de los empleos creados recientemente corresponden al sector público (más de un millón de puestos en el último año) , un motor insostenible a largo plazo dadas las restricciones fiscales del país.
  2. Erosión de la confianza institucional: Gobernar un país requiere métricas fiables. El debate DANE vs. UdeA llega en el peor momento de polarización política. Si la ciudadanía y los inversionistas dejan de creer en las estadísticas oficiales, las reformas de salud, pensiones y laboral nacerán descalibradas.
  3. Un entorno mediático hostil y desinformado: El informe del Reuters Institute para el DNR 2026 revela que la confianza en las noticias en Colombia ha caído al 25% , y el 49% de los colombianos admite evitar activamente informarse debido al agotamiento político. El debate económico constructivo ha sido sustituido por narrativas virales en TikTok e Instagram , dificultando que el nuevo gobierno logre consensos técnicos desprovistos de sesgos ideológicos.

Conclusión

La economía de papel del DANE describe un país en franca recuperación , pero la economía real de la PILA y de las esquinas colombianas retrata un aparato productivo asfixiado por los costos y refugiado en la informalidad. El próximo mandatario no tendrá el lujo de disfrutar de una luna de miel estadística. Su primera gran tarea, a partir del próximo lunes, será convocar una mesa técnica nacional para unificar los datos , mirarse en el espejo de la realidad laboral y diseñar políticas estructurales de formalización genuina. De lo contrario, Colombia seguirá ejecutando un presupuesto nacional guiado por un mapa desactualizado.

Las fuentes documentales y análisis macroeconómicos cruzados para este informe están basados en las bases de datos abiertas del DANE (GEIH y RELAB 2026) , el estudio técnico del Grupo de Macroeconomía Aplicada de la Universidad de Antioquia , el pronunciamiento oficial de la Junta Directiva de ACRIP , el Informe Especial de Informalidad de Investigaciones Bancolombia (junio 2026)

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