Mitos y realidades sobre la transición energética

Comparte:

Por: Carlos Gustavo Cano*

La vida es, en esencia, una transición. Desde que existe la humanidad hemos transitado, incesantemente, hacia nuestra supervivencia partiendo del elemento medular de la misma: la energía.

La transición energética nació con la humanidad. Es inherente a la misma, su razón de ser. Atrevida muestra de arrogancia e ignorancia pretender que ésta, la transición energética, se acaba de originar en un deshilvanado discurso presidencial, o en un locuaz decreto.

Los primeros signos de la vida, como la conocemos hoy, datan de al menos cuatro mil millones de años. Algunos científicos hablan de nueve mil. 

Mucho después, tras la domesticación de algunos animales, en particular los mejor dotados para la locomoción, el homo sapiens comenzó a liberarse del empleo de sus propios músculos como la única y exclusiva fuerza motriz del trabajo. 

Previamente se trataba de la conversión de su alimentación en energía. Hé ahí uno de los signos pioneros de la transición, el descubrimiento de la energía animal. 

Comenzando por el ganado vacuno, el primer tractor de labranza mecánica de la tierra. Enseguida, la navegación por vela, y los molinos de viento. Y finalmente los caballos, que fueron en rigor los vehículos sobre los que se mobilizaron los conquistadores del Nuevo Mundo.

Mientras que, de otra parte, la quema de leña, carbón vegetal, heno y estiércol, constityó durante un buen lapso de nuestra existencia la principal y casi única fuente de energía térmica. 

En la era contemporánea le correspondió a Inglaterra ser la primera potencia económica y política de clase global, por cuenta de su hegenomía en materia energética, basada entonces en el carbón, animada por la utilización de máquinas de vapor, la insignia de la naciente gran revolución industrial. 

Fue a partir del inicio del siglo 20, o sea ayer, cuando la matriz energética mundial se transformó de modo sustancial a raíz del advenimiento masivo del petróleo, seguido por el del gas natural. Ya en el año 1964 el crudo había sobrepasado al carbón como el combustible fósil más utilizado en el planeta.

Se trata del más reciente hito de la transición, en el que aún nos hallamos, y en el que ineluctablente permaneceremos, como mínimo, durante el próximo medio siglo o más, a fin de poder suministrar la energía requerida para la producción de los cuatro pilares sobre los que funciona y continuará funcionando la civilización moderna en el presente y el próximo siglo: acero y cemento (vivienda e infraestructura), amoníaco (alimentación humana y animal), y plástico (informática, medicina e inteligencia artificial).

Sin duda, el signo de los tiempos ha sido la creciente dependencia de los combustibles fósiles, que a su vez ha conformado el soporte fundamental de los progresos de la civilización actual. 

A pesar de las sombras que indiscutiblemente se ciernen sobre la seguridad de su abastecimiento y sus ostensibles impactos sobre el medio ambiente. 

No obstante los notables esfuerzos de toda índole de las sociedades más avanzadas del planeta que responden por la inmensa mayoría de les emisiones de gases de efecto invernadero –  en especial dióxido de carbono y metano -, por la adoción de nuevas fuentes de electricidad renovable como la solar, la eólica y la geotérmica, aparte de la electricación del transporte, en vez de cesar o reducirse, dicha dependencia prosigue en aumento. 

En tanto que al ritmo actual de su uso, las actuales revervas mundiales de carbón durarían 120 años más, y las de petróleo y gas 50 años.

Paralelamente se han popularizado la metas por países y las más grandes empresas de “cero neto” o neutralidad de carbono. 

Sin embargo, cada día resulta más evidente que sin la dopción masiva de la energía nuclear tan ambiciosos objetivos serían inalcanzables.

En suma, el frenazo repentino del empleo de los combustibles fósiles no es más que una utopía. En el mejor de los casos, su reducción necesariamente tendrá que ser un proceso muy gradual y costoso.

En el caso particular de Colombia, lo que tenemos que hacer de cara a nuestra responsabilidad vital frente a las próximas generaciones, es intensificar al máximo posible su exploración y extracción, si en verdad deseamos aprovechar en su beneficio el escaso cuarto de hora que nos queda, representado en el resto de este siglo. 

*Profesor de la Universidad de Los Andes, ex codirector del Banco de la República y Ecopetrol y ex ministro de Agricultura

Bogotá, julio de 2023

Comparte:
  • Redacción

    Periodista

    Related Posts

    Economía circular: cambiar el motor mientras seguimos en marcha

    Por: Sergio Rengifo – Director Ejecutivo de CECODES. Imaginen por un momento que la economía global es un gran vehículo en plena autopista. Durante décadas lo hemos conducido a toda…

    Read more

    Continue reading
    El retorno a la sensatez

    Por: FERNANDO SALGADO QUINTERO MD MSc.*  Cuando el ruido de los agravios satura el espacio público,  la sensatez no es solo una virtud, sino el único escudo  capaz de preservar el porvenir…

    Read more

    Continue reading

    Deja una respuesta

    You Missed

    Abelardo de la Espriella denuncia presunta coacción armada al voto en elecciones de Colombia

    Abelardo de la Espriella denuncia presunta coacción armada al voto en elecciones de Colombia

    Abelardo de la Espriella amplia ventaja a Iván Cepeda

    Abelardo de la Espriella amplia ventaja a Iván Cepeda

    Entre el temor y el arraigo: Así ven los profesionales a Colombia 2046

    Entre el temor y el arraigo: Así ven los profesionales a Colombia 2046

    Roku lanza su «Zona de Fútbol» en Colombia

    Roku lanza su «Zona de Fútbol» en Colombia

    Kit para sobrevivir al Mundial con un bebé

    Kit para sobrevivir al Mundial con un bebé

    ¿Quién decide en Colombia?

    ¿Quién decide en Colombia?