Por Javier Mozzo Peña
Con mi plata, para otro lado
Los colegas de Valora Analitik reportaron esta semana una noticia que alegra y, al mismo tiempo, preocupa: El grupo colombiano Trinity cerró un acuerdo con el Grupo Dia de España para adquirir todas las acciones de la empresa Clarel, el principal minorista de belleza, cuidado personal y hogar de ese país, por algo más de 42 millones de euros (casi 190.000 millones de pesos).
Alegra que este grupo nacional, con inversiones en Acerías Paz del Río y el Grupo Coquecol -que comercializa coque y carbón metalúrgico- se convierta en el mayor inversionista colombiano en España, según destaca la información en su titular. Clarel es uno de los más grandes empleadores en el comercio minorista en España con 3.300 puestos de trabajo. Nada mal.
Preocupa que esta internacionalización venga a confirmar otra información, que pasó casi desapercibida en Colombia, cuya fuente es la muy reputada Encuesta de Opinión Empresarial de la ANDI: Las empresas colombianas prefieren invertir afuera.
Mover los capitales a otro país, nuevamente, se ha convertido casi en un imperativo para seguir creciendo o, al menos, pasar lo mejor posible estas épocas de incertidumbre. Mensajes adversos del Gobierno hacia la iniciativa privada y contra el libre mercado y el mantenimiento de un entorno seguro, enturbian todo.
Tampoco ayuda fastidiar a países de alto desarrollo tecnológico en los sectores agropecuario e industrial como Israel y Alemania -de los que tanto tenemos que aprender- como lo ha hecho el presidente Petro.
Se debe advertir que privilegiar otros mercados no es un fenómeno nuevo, dado que ya se había gestado en la década de 1990. Épocas de ingrata recordación por la cruenta violencia del narcotráfico y la guerrilla que llevaron casi al precipicio al débil Estado colombiano.
Es inquietante que se genera nuevamente en un entorno hostil, esta vez aupado por el gobierno. Algo que se había dado por superado con una política que priorizó la seguridad física y jurídica, en la que el país alcanzó sus más altos niveles de crecimiento económico entrado el presente siglo.
La economía colombiana sufre por falta de inversión privada y estímulos o condiciones para que se produzca. Se trata de una de las causas en las que estemos a las puertas de una recesión, con escasos avances en la generación de empleo y un preocupante aumento de la informalidad y la pobreza.
Adelantemos las razones por las cuales los grupos colombianos prefieren un lugar tan alejado para invertir como España: La encuesta de la ANDI destaca que es por la incertidumbre económica, la que produce el impacto de las reformas promovidas por el Gobierno, el costo del país y la seguridad jurídica.
Ya lo había dicho el presidente del Grupo Trinity, Iván Trujillo, en una entrevista para la revista Semana: “El Gobierno Petro debe pasar de la confrontación y señalamientos, a una agenda en torno al crecimiento económico”. Sin duda es lo que muchos empresarios piensan. Si las puertas para la inversión privada empiezan a cerrarse en Colombia, es mejor buscar otros rumbos.
Apenas hace tres años, un fenómeno global, la pandemia, provocó un cambio abrupto en la dirección hacia la cual se estaba yendo la globalización y las inversiones empresariales. Cadenas de valor y procesos productivos localizados en pocos países, hoy, van hacia entornos amigables o menos problemáticos en el ámbito geopolítico. Se trata de factores que eran poco tenidos en cuenta antes de esa debacle en la salud pública.
En estos tiempos es crucial que los mensajes y las señales que los gobiernos emitan sean claros en tender puentes y en ayudar a que los capitales privados se queden. Pero una reforma laboral que encarece la contratación y no genera empleo; una reforma pensional que cierra el ya pequeño mercado de valores; y cambios al régimen de salud que prácticamente lo estatiza, enrarecen todo.
Chile ha emprendido una campaña agresiva en redes sociales para promover la inversión privada, sea nacional o extranjera. Su “Guía completa de cómo invertir en Chile”, de 70 páginas, que aparece promocionada en los perfiles de LinkedIn, es, sin temor a equivocarme, una invitación a sus empresas para mantener los capitales allí y atraer recursos foráneos frescos.
Aplausos para los chilenos, quienes siguen exportando ejemplo y se dan cuenta que las oportunidades hay que dejarlas abiertas, nunca cerrarlas.
¿Dónde está la guía para invertir en Colombia?
Aún la estamos esperando.







