La noche empezó con lluvia, frío bogotano y una expectativa evidente en las tribunas de El Campín. Era el primer partido de Millonarios en casa después de la vibrante victoria 3-1 sobre Atlético Nacional en Medellín por la Copa Sudamericana, y el ambiente tenía algo especial: la gente quería volver a ver al equipo, pero sobre todo quería volver a ver a Rodrigo Contreras.
El delantero argentino, figura en el Atanasio Girardot, ya había empezado a meterse en el corazón de la hinchada azul. Y eso, en un club como Millonarios, no es poca cosa.
También había curiosidad por ver si el impulso anímico de aquella noche copera se iba a trasladar a la Liga. La respuesta fue sí, pero solo a medias. O mejor: no de inmediato.
Un primer tiempo para el olvido
La primera parte fue aburrida, lenta y por momentos desesperante. Millonarios tuvo la pelota, pero no tuvo claridad. Tocó mucho y profundizó poco. Intentó imponer condiciones, pero jugó con lentitud, sin sincronía y con demasiadas desinteligencias entre sus hombres de ataque.
El Cúcuta, recién regresado a la primera división y dirigido por Richard Páez, hizo exactamente el partido que le convenía: cortar el ritmo, ensuciar el juego, hacer faltas, protestar y perder tiempo. Es una receta demasiado conocida en el fútbol colombiano. Lo preocupante no es que los equipos visitantes la usen; lo preocupante es que siga siendo rentable.
Millonarios tuvo algunas aproximaciones. Mateo García desperdició una opción clara frente al arco. Leonardo Castro insinuó peligro en un par de jugadas. Valencia cobró varios tiros libres. Pero nada alcanzó a convertirse en una amenaza seria y sostenida. El equipo no se veía conectado. Sarabia estuvo flojo. Los delanteros fueron anticipados casi siempre. McAllister Silva, aunque participativo, no lograba darle la pausa ni la claridad que el partido pedía.
La tribuna, que había comenzado en tono de fiesta, fue cambiando poco a poco de registro. De los cantos pasó al reclamo. Del entusiasmo, a la impaciencia.
Y con razón.
Porque Millonarios venía de jugar uno de sus mejores partidos recientes y en Bogotá estaba mostrando otra cara: distraída, espesa, poco intensa. El 0-0 al descanso reflejaba exactamente lo que había ocurrido en la cancha: muy poco.
El camerino funcionó
Millonarios salió al segundo tiempo sin cambios de nombres, pero con un cambio visible de actitud. Algo pasó en el camerino, y pasó para bien.
El equipo adelantó líneas, jugó más despierto, recuperó más cerca del área rival y empezó a atacar con otra determinación. Seguía fallando, sí. Leonardo Castro se perdió una opción increíble en el minuto 51 tras un contragolpe con Contreras. Pero ya era otro partido. Ya había intención. Ya había hambre.
Y entonces apareció el hombre del momento.
En el minuto 55, Rodrigo Contreras marcó un golazo y desató la fiesta en El Campín. Fue un gol de delantero en estado de gracia, pero también de jugador comprometido con el equipo, con el partido y con la gente. Celebró quitándose la camiseta, se ganó la amarilla y seguramente también una suspensión próxima, pero en realidad lo que terminó ganándose fue algo más importante: la consagración emocional ante la hinchada.
Después del gol se fue a celebrar con la barra. Y el estadio entendió el mensaje.
Contreras no solo está haciendo goles. Está contagiando al equipo. Pelea cada balón, mete, presiona, corre, choca, ofrece apoyos, arrastra marcas y transmite una energía que Millonarios necesitaba hace rato. Es de esos delanteros que incluso cuando no anotan, empujan al equipo hacia adelante. Pero si además convierten, la conexión con la tribuna se vuelve inevitable.
El partido cambió y Millonarios también
Con la ventaja, el partido dejó de ser el pantano táctico que había propuesto el Cúcuta. El visitante, obligado a salir, tuvo que abandonar parte de su libreto defensivo. Y ahí Millonarios encontró más espacios.
Mateo García empezó a aparecer mejor por derecha. Ureña siguió manejando con criterio los cambios de frente. Mosquera mostró seguridad. La defensa, en general, respondió bien. Novoa prácticamente no sufrió.
Fabián Bustos movió el banco con inteligencia. Sacó a jugadores que ya habían hecho el desgaste, como Ureña y Valencia, y fue administrando cargas pensando también en lo que viene. Pero hubo una sustitución particularmente significativa: cuando retiró a Rodrigo Contreras, el estadio lo ovacionó de una manera que no se escuchaba hace años con un jugador recién llegado.
Ahí quedó claro que algo cambió.
Porque los ídolos no nacen solo por los goles. Nacen cuando el público siente que un jugador entiende la camiseta. Y esa sensación hoy existe con Contreras.
Millonarios siguió buscando y encontró premio otra vez al final. Beckham Castro, que había entrado con la responsabilidad de aprovechar sus minutos, marcó el 2-0 tras una buena acción colectiva iniciada por Carlos Darwin Quintero, quien entró mucho más activo de lo esperado y cambió la cara del ataque en los minutos finales.
Ese segundo gol terminó de bajar la tensión y convirtió los últimos instantes en una celebración. La gente pasó del reclamo del primer tiempo al aplauso del final. Y no solo por el resultado, sino por la reacción.
La actitud, esa palabra que la tribuna no negocia
Si algo dejó claro este partido es que la hinchada de Millonarios puede perdonar errores técnicos, partidos grises o incluso noches sin puntería. Lo que no perdona es la falta de actitud.
Y justamente eso fue lo que cambió entre un tiempo y otro.
En la primera mitad, Millonarios fue un equipo frío, enredado y sin intensidad. En la segunda, fue un equipo decidido, más vertical, más agresivo y mucho más comprometido con ganar. No fue una exhibición deslumbrante, pero sí una reacción valiosa. Y en un torneo como la Liga BetPlay, esas señales cuentan.
El triunfo ante Nacional en Medellín parece haber dejado una huella positiva. No solo por la confianza, sino porque le recordó al plantel que cuando juega con decisión, puede competir mejor. La tarea ahora es sostenerlo. La regularidad sigue siendo la gran deuda del fútbol colombiano y Millonarios no está exento de ese problema.
Pero esta vez terminó dejando una sensación buena.
Ganó 2-0, resolvió un partido incómodo, confirmó el gran momento de Rodrigo Contreras y se fue de El Campín entre aplausos. No es poca cosa.
Lo que viene
Millonarios sumó tres puntos importantes y ahora deberá pensar en su próximo reto, el fin de semana en Tunja. El calendario no da tregua y por eso será clave administrar cargas, mantener la intensidad y evitar que el equipo vuelva a caer en esos baches de desconcentración que se vieron en el primer tiempo.
Por ahora, la conclusión es sencilla: Millonarios tuvo una noche de dos caras, pero le bastó con la mejor de ellas para derrotar al Cúcuta y seguir avanzando.
Y sí, señores: en Bogotá ya empezó a sonar con fuerza un nombre propio.
Rodrigo Contreras.
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Aquí seguimos, Apuntadores. Oído al tambor.






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