Millonarios dejó escapar la victoria en una noche fría

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Bogotá volvió a ser Bogotá. Fría, húmeda, con esa llovizna persistente que cala sin pedir permiso y convierte cualquier partido en una prueba de carácter. Así estaba la noche del 30 de marzo en El Campín: estadio lleno, tribunas expectantes y un ambiente atravesado por algo más que fútbol.

No era un partido cualquiera. Era el primero de Millonarios tras la muerte de Santiago Castrillón. Y, contra la costumbre, el estadio guardó silencio. Un minuto completo, respetado, sentido. Los jugadores formaron una herradura en la mitad del campo y McAllister Silva, con la camiseta número 10, encarnó ese homenaje que por momentos pareció suspender el ruido habitual del fútbol. Fue, quizás, el momento más claro de la noche.

Después vino el partido. Y ahí, la historia fue otra.


Un arranque táctico… y un golpe temprano

Millonarios salió con novedades, especialmente en la banda derecha con Del Castillo, buscando corregir problemas de marca y salida. Se notó trabajo en la semana: movimientos distintos, jugadas preparadas, incluso un tiro de esquina de laboratorio que insinuaba intención.

Pero Fortaleza tenía claro su libreto. Equipo ordenado, líneas adelantadas, presión constante y, sobre todo, una decisión firme: incomodar a Millonarios desde el primer minuto.

El golpe llegó temprano. Centro largo desde la mitad de la cancha, desatención en defensa y Sebastián Herrera, solo, cabeceó para el 0-1. Sin revisión, sin duda arbitral aparente. Gol y silencio incómodo en El Campín.

A partir de ahí, el partido se volvió espeso. Muy táctico, muy disputado, con Millonarios intentando y Fortaleza interrumpiendo. Faltas, duelos físicos, interrupciones… y un árbitro que empezó a perder el control del ritmo.


Dos goles para reaccionar… y una ilusión breve

Millonarios encontró el empate en el rebote, como suelen aparecer estos partidos cerrados. Leonardo Castro, oportuno, empujó el balón tras un tiro de esquina.

Y cuando parecía que todo volvía a la normalidad, llegó el mejor momento del equipo azul: una jugada de lado a lado, de esas que se trabajan y pocas veces salen. Cambio de frente preciso, control y definición. Golazo.

El autor: Sebastián Valencia, justamente un ex Fortaleza. Una de esas historias que el fútbol repite sin pedir permiso.

El 2-1 al descanso parecía justo. No cómodo, pero justo.


Un segundo tiempo que se fue diluyendo

Fortaleza cambió el libreto: se replegó, cerró espacios, apostó por el desgaste y, como suele pasar en el fútbol colombiano, empezó a jugar con el tiempo.

Millonarios, en cambio, perdió claridad. Intentó por las bandas, insistió con Valencia, buscó con centros, pero sin profundidad sostenida. Los delanteros bien marcados, el mediocampo desconectado.

Y entonces, otra vez, el mismo error: centro al área, desatención general, y Herrera —otra vez— marcó el empate. 2-2.

A partir de ahí, el partido se rompió. No por fútbol, sino por todo lo demás: interrupciones constantes, jugadores en el piso, discusiones, amarillas, reclamos. Fortaleza hizo su negocio. Millonarios cayó en la trampa.

El tiempo se jugó poco. Muy poco.


El final: frustración y silencio

Los últimos minutos fueron más de empuje que de ideas. Millonarios lo intentó, pero sin claridad. Una opción desperdiciada, tiros de esquina sin peligro, decisiones apresuradas.

El pitazo final llegó en medio de la confusión. Fortaleza celebró el empate como victoria. Millonarios se fue en silencio. Ni aplausos, ni reclamos. Solo esa sensación amarga de haber dejado escapar algo más que dos puntos.


Lo que deja el partido

Más allá del resultado, el partido deja varias señales:

  • Fortaleza entendió cómo jugarle a Millonarios: cortar circuitos, presionar, incomodar y enfriar el ritmo.
  • Millonarios sigue teniendo dificultades frente a equipos que no le disputan el balón, sino el orden.
  • Los goles llegaron más por momentos individuales que por juego colectivo.
  • Y, otra vez, el manejo del tiempo y del ritmo —con la permisividad arbitral— terminó siendo protagonista.

Una noche que empezó en silencio… y terminó igual

El fútbol tiene esas ironías. La noche comenzó con un silencio respetuoso por Santiago Castrillón. Terminó con otro silencio, pero distinto: el de la frustración.

Millonarios no perdió, pero tampoco ganó. Y en casa, eso pesa.

Ahora viene Montería. Otro partido incómodo, otro escenario difícil. Y una pregunta que queda en el aire:

¿Está Millonarios preparado para resolver este tipo de partidos?

Oído al tambor.

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editorgeneral
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Periodista | Libreta de Apuntes

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