
Millonarios ganó en Manizales… y Roldán cambió el partido
Bajo la lluvia persistente de Manizales y ante uno de los equipos más sólidos del torneo, Millonarios consiguió algo que hasta ahora le había sido esquivo: ganar como visitante.
El 4-1 frente a Once Caldas no solo rompe una racha incómoda, también deja una señal clara de madurez competitiva. Pero el partido tuvo un protagonista inesperado: el árbitro.
Wilmar Roldán no pasó desapercibido. Todo lo contrario. Fue determinante.
Desde el primer tiempo, el juez central empezó a aplicar con rigor una norma que apenas comienza a abrirse paso en el fútbol: la sanción de dos minutos fuera del campo para jugadores que simulan lesiones o exageran faltas. Y lo hizo sin contemplaciones, especialmente con jugadores de Millonarios.
Dos decisiones marcaron el tono. Jugadores azulados que quedaron tendidos en el campo fueron obligados a salir y esperar fuera, dejando a su equipo temporalmente con diez hombres. El mensaje fue claro: se acabó el teatro.
La reacción inicial fue de desconcierto. Reclamos, incredulidad y hasta cierta sensación de injusticia. Pero con el paso de los minutos, algo cambió: los jugadores entendieron que no había margen para la simulación. Y el partido empezó a fluir.
Ahí está, quizás, el mayor aporte de Roldán: obligó a jugar.
Un primer tiempo efectivo
En lo futbolístico, el partido arrancó parejo. Once Caldas intentó imponer condiciones con remates de media distancia, mientras Millonarios apostaba por el orden y la transición rápida.
El equipo bogotano no dominaba, pero tampoco sufría.
Y en una de esas jugadas típicas —recuperación, pase largo y desconcentración rival— llegó la diferencia. Beckham Castro, que minutos antes había desperdiciado una opción clara, se reivindicó con un golazo de zurda tras asistencia de Ureña.
1-0 al descanso. Sin brillo, pero con eficacia.
El segundo tiempo: otra historia
Once Caldas salió con otra actitud. Presionó alto, buscó el empate y por momentos arrinconó a Millonarios. El partido se abrió.
Pero en ese escenario, el equipo de Fabian Bustos encontró espacios.
McAllister Silva amplió la ventaja en una jugada que más que celebración dejó preocupación: el capitán marcó, pero no festejó. Algo no estaba bien físicamente.
El descuento llegó rápido con Dairo Moreno, en un gol donde el arquero pudo hacer más. Y ahí el partido parecía entrar en zona de riesgo.
Pero Millonarios respondió con contundencia.
Contreras puso el tercero tras una gran asistencia de Elizalde, y luego llegó el cuarto para cerrar un partido que terminó siendo más cómodo de lo que parecía minutos antes.
Más que un triunfo
El 4-1 tiene varias lecturas.
Primero, es la confirmación de que Millonarios empieza a encontrar regularidad y resultados fuera de Bogotá. Segundo, que el equipo entendió que debía dejar de pelear y concentrarse en jugar.
Y tercero —quizás lo más interesante—, que el arbitraje puede cambiar comportamientos.
Lo de Roldán no fue menor. Su decisión de aplicar la norma contra la simulación transformó el ritmo del partido. En el segundo tiempo, prácticamente desaparecieron las pérdidas de tiempo. Jugadores de ambos equipos se levantaban rápido. El juego fue más continuo.
Si esa regla se aplica con la misma severidad para todos, el fútbol colombiano puede ganar mucho en calidad del deporte y el espectáculo para bien de los hinchas que van al estadio y los espectadores de la televisión.
Cierre
Millonarios suma, convence por momentos y corrige en otros. Está clasificado, pero todavía en construcción.
Y en Manizales dejó una enseñanza que va más allá del marcador: cuando se juega más, se discute y se simula menos, el espectáculo mejora.
Oído al tambor. Aquí puede haber un cambio de fondo en cómo se juega el fútbol en Colombia.
PD La analista arbitral de BluRadio le dió una calificación de 6 puntos a Roldán. Curioso.



