
Alberto Carrasquilla: O ajustamos el rumbo, o el mercado lo hará por nosotros
Por: Ricardo Galán
El exministro de Hacienda, Alberto Carrasquilla, lanzó una advertencia contundente sobre la realidad fiscal de Colombia de cara al periodo 2026-2030. Lejos de planteamientos ideológicos, el economista expone con frialdad matemática que el país se encuentra en un punto de inflexión donde la inacción no es una opción gratuita, sino un riesgo de dimensiones mayores.
La trampa del interés y el crecimiento
El diagnóstico de Carrasquilla se fundamenta en una identidad económica ineludible: cuando la tasa de interés real ($r$) supera el crecimiento potencial de la economía ($g$), la deuda pública entra en una trayectoria explosiva si no se compensa con un superávit primario adecuado.
Actualmente, Colombia enfrenta un escenario de alta vulnerabilidad:
- La tasa de interés real de los TES se sitúa cerca del 8%, mientras que el crecimiento potencial se estima apenas en un 3%.
- La brecha entre el gasto primario observado y la tendencia pre-pandemia alcanza un preocupante 3.2% del PIB a diciembre de 2025.
- Esta combinación configura un escenario de riesgo similar al que precedió crisis en economías como Grecia, Argentina o Rusia.
La lección histórica: ¿Ajuste ordenado o impuesto?
El análisis comparado que presenta el exministro es lapidario: el ajuste fiscal es inevitable cuando el costo de la deuda supera la capacidad de crecimiento del país. La historia demuestra que la única variable en juego es la forma en que este ajuste ocurre.
- El ajuste preventivo: Realizado por el gobierno de forma gradual y planificada, permite mantener la confianza y la estabilidad.
- El ajuste de mercado: Cuando los inversores pierden la fe, el mercado impone un freno abrupto, desordenado e indiscriminado. Según Carrasquilla, los datos históricos sugieren que el costo del ajuste tardío —en términos de producto, empleo y bienestar— es entre 3 y 7 veces superior al de un ajuste preventivo.
La hoja de ruta: Propuesta «DIA»
Ante este panorama, Carrasquilla no solo señala el problema, sino que propone una estrategia de tres líneas de ejecución, bautizada como DIA (Diferenciarse, Identificar y Apostar), para que el nuevo gobierno retome el control de las finanzas públicas:
- Diferenciarse del status quo: El equipo económico entrante debe presentar un presupuesto alternativo para 2027 que marque una separación clara frente a la inercia del gasto actual, buscando una reducción significativa respecto a las proyecciones vigentes.
- Identificar el tamaño real del problema: Se requiere un informe transparente en agosto que cuantifique la deuda oculta, incluyendo compromisos con EPS, infraestructura, energía y sentencias judiciales, para conocer la magnitud real del déficit que está fuera del balance formal.
- Apostar por un país moderno: Es imperativo tramitar reformas estructurales que aborden la rigidez presupuestal, mejoren la capacidad tributaria regional, ajusten el IVA a estándares internacionales y corrijan el hueco pensional, reconociendo la realidad demográfica del país.
El mensaje final de Carrasquilla es una alerta para la clase política: la credibilidad fiscal es un activo que se acumula con lentitud pero se destruye en cuestión de días. Ignorar las señales del mercado —como el spread o el riesgo país— no hace que el problema desaparezca, simplemente lo amplifica para el momento en que el mercado decida cerrar la ventana de financiamiento.



