El bumerán del salario mínimo

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La economía no sabe de buenas intenciones, sino de realidades matemáticas. El más reciente reporte de ANIF sobre la inflación de abril de 2026 nos lanza un balde de agua fría: el costo de vida no solo dejó de bajar, sino que repuntó al 5,68% anual. ¿El responsable? Un efecto bumerán donde el aumento del salario mínimo terminó disparando los precios de lo que más consumimos.

Aquí no hay misterio, pero sí mucha preocupación. Más de la mitad de la inflación hoy se explica por el sector servicios. Cuando el salario mínimo sube, sube automáticamente el costo de la mano de obra en sectores que no pueden automatizarse. El resultado lo vemos en dos frentes que castigan directamente el bolsillo:

  • El techo está caro: Los arriendos (efectivos e imputados) lideran las subidas, aportando 1,3 puntos porcentuales a la inflación total. Es la indexación pura y dura: si todo sube, el techo también.
  • El golpe al «corrientazo»: Almorzar fuera de casa se ha vuelto un lujo. La categoría de restaurantes y hoteles creció un 9,6% anual. El aumento de sueldo de quienes nos atienden se traslada, inevitablemente, al precio del plato.

Lo más irónico es que esta dinámica ha creado una Colombia de dos velocidades. Mientras en ciudades como Medellín o Armenia la inflación se acelera con fuerza (llegando al 4,4% y 4,6% en lo corrido del año) , en la Costa Caribe ciudades como Barranquilla ven un alivio gracias a la caída en los precios de la energía.

Según el reporte de ANIF los servicios están «pegados» y no ceden. El choque del salario mínimo sobre la estructura de costos es hoy más fuerte que la presión de los alimentos. Al final del día, de nada sirve ganar más si el arriendo y el almuerzo suben más rápido que el sueldo.

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