Por Javier Mozzo Peña
Tres gigantes de la tecnología espacial y de la inteligencia artificial de Estados Unidos, están preparando lo que los expertos llaman “salir a bolsa”.
Con ese término, que sintetiza intrincados modelos económicos y financieros, se inscriben cantidades masivas de acciones en Wall Street para hacer públicas a las compañías en el mercado abierto de valores.
La compra de esos papeles por parte del público representa partes pequeñas de la propiedad de las firmas, con cuyo producto se financiarán las inversiones de los próximos años.
Cada una de las tres empresas supera con sus ingresos, la producción total en un año de buena parte de los países del mundo, incluyendo a Colombia.
La Oferta Pública Inicial (OPI) más próxima es la de Space X, la cual se espera para el 12 de junio.
La firma de Elon Musk planea levantar unos 75.000 millones de dólares, de acuerdo con los informes de prensa, que pulverizarán la hasta ahora mayor salida a bolsa de la historia, de Saudi Aramco, por 29.400 millones en 2019.
Tras la operación, la firma de los satélites, ahora fusionada con GrokAI y con ambiciones de exploración espacial, alcanzará un valor total superior a los 2 billones de dólares.
Por su parte, OpenAI, dirigida por el joven Sam Altman, está abonando el terreno para su lanzamiento, posiblemente en el segundo semestre.
Según The Wall Street Journal y Bloomberg, está trabajando con los gigantes Goldman Sachs y Morgan Stanley para sacar pronto un folleto con los detalles de la operación, que medios digitales como Capital.com o Markets.com, la sitúan en torno a los 60.000 millones de dólares.
La empresa tocaría una valoración cercana a los 900.000 millones de dólares e incluso, superar la barrera del billón.
En tanto, Anthropic, fundada por antiguos miembros de OpenAI, anunció hace poco que presentó de forma confidencial su borrador de inscripción ante la Comisión de Valores de Estados Unidos, que preliminarmente se realizará en otoño.
Se espera, según Zachs Investment Research, que levante unos 65.000 millones de dólares, a juzgar por una ronda preliminar de tanteo el mayo pasado, lo que elevaría su valor total a entre 965.000 millones y un billón de dólares.
Montados en olas gigantescas de innovación y desarrollo que demandan mucha inversión, Space X, Anthropic y Open AI van a ocasionar un temblor en la bolsa estadounidense. Analistas estiman que habrá una total recomposición de carteras de inversión globales, muy enfocadas en la banca, los servicios y la industria pesada.
¿Qué puede estar diciéndonos estos importantes movimientos en un entorno tan complicado a nivel mundial?
En el pasado, el poder global se media sobre el control de los mares, las reservas de hidrocarburos o las ojivas nucleares.
Actualmente, en el contexto de una competencia multipolar, particularmente de Estados Unidos y China, corporaciones como Space X, OpenAI y Anthropic, actúan como herramientas de estado, aunque nominalmente sean privadas.
En ese sentido, ya hemos visto a las cabezas de dos de esas firmas estar presentes en eventos públicos, en la posesión del propio presidente Donald Trump y en visitas de Estado con el propio mandatario.
El manejo de colosales cantidades de datos, su almacenamiento, transformación, uso y explotación, están afianzando la hegemonía de la mayor potencia mundial en la moderna revolución industrial y de las empresas privadas estadounidenses, que, por su tamaño, funcionan de manera similar a cualquier estado.
El campo abierto es de un tamaño inimaginable para crecer y atender una insaciable demanda de tres cuartas partes de la población mundial con acceso a un computador o a un teléfono celular.
Matthew Howard aproxima el análisis en su texto “Necesidad política en una era de hipercrecimiento: el capital de riesgo y el consenso de Silicon Valley”.
Allí evalúa lo que denomina “Consenso de Silicon Valley”, para argumentar que el capital de riesgo impulsa un modelo de hipercrecimiento, que permite a estas empresas operar en zonas de excepción jurídica y política, amparadas por su cercanía a los estados.
Para el experto, ello socava la soberanía del Estado, ya que las decisiones estructurales se toman a nivel corporativo mucho antes de que los gobiernos tengan la capacidad de regularlas.
Por su parte, Jared James Grogan investiga en su estudio titulado “El fin de la era del modelo base: modelos de ponderación abierta, IA soberana e inferencia como infraestructura”, la transición de la inteligencia artificial desde el ámbito puramente comercial hacia una infraestructura clasificada de seguridad nacional.
Allí resalta la manera en que las tecnologías estratégicas pasan de la innovación privada al control gubernamental.
Otros analistas también han abordado los problemas de la dependencia estatal de infraestructuras privadas, lo cual las convierte en actores casi estatales.
Alp Cenk Arslan en su ensayo “¿Visionario tecnológico o riesgo para la seguridad? Un análisis biográfico del liderazgo de Elon Musk en la intersección de los negocios y la geopolítica”, argumenta que el control de infraestructuras críticas como las de Space X borra fronteras tradicionales entre el mercado privado y el poder del estado.
Entonces, las operaciones bursátiles no deben verse como simples eventos corporativos y financieros, que suelen materializarse en el toque de campana en la Bolsa de Nueva York, sonrisas y aplausos de directivos bien trajeados.
Ese campanazo inicial no solo abre la jornada de los mercados. Es, en realidad, la detonación de una nueva carrera hegemónica, una donde los algoritmos y las constelaciones de satélites han reemplazado a las ojivas nucleares como los verdaderos árbitros del poder mundial.
Aplausos y suerte para las tres firmas.
@javimozzo





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